En medio de la incertidumbre y las preocupaciones sobre el avance del coronavirus (Covid-19) en Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump solicitó a ambas Cámaras, a la Reserva Federal y al Tesoro actuar con celeridad para aprobar paquetes de rescate que amorticen los severos efectos negativos que se avizoran en la economía estadounidense.
¿Urgentes medidas en EEUU evitarían una recesión?
El jueves, la bancada republicana presentó al Senado un nuevo plan de 1 billón de dólares destinado a proteger la economía, que llegaría a los 2 billones, según analistas. Antes, El líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell propuso realizar pagos directos de 1.200 dólares por persona y 2.400 dólares por pareja para combatir las secuelas económicas de la pandemia de coronavirus. La medida también incluiría el pago de 500 dólares por cada menor.
El miércoles, Trump firmó de inmediato una ley que liberó 250,000 de ayuda para los estadounidenses, después de su aprobación en ambas Cámaras. La ley amplía el cese laboral y garantiza el pago de dos semanas por enfermedad a empleados; también incluye respaldo financiero para las aerolíneas y las pequeñas empresas, además de una moratoria del impuesto sobre la nómina.
Las compañías de aviación en el país solicitaron 50,000 millones de dólares para poder enfrentar la crisis que se avecina tras la cancelación sin precedente de todos los vuelos procedentes de Europa por un plazo de 30 días y con posibilidades de extenderse, si la situación lo requiere.
La Reserva Federal hizo cuatro inyecciones de liquidez al sistema financiero por un valor de 2 billones de dólares en menos de una semana, junto a la reducción a cero de la tasa de interés en busca de que la economía no colapse.
Rescate financiero
De ser aprobada en el Senado, la propuesta de 1 billón de dólares -para evitar que la economía entre en otra recesión similar o peor a la del 2008- pasaría a la Cámara de Representantes y luego al presidente Trump para su firma.
Miles de millones de dólares de esos dividendos irán a los gobiernos estatales más afectados por el coronavirus para que canalicen con rapidez las ayudas a familias, hospitales, al sistema educativo, empresas e instituciones que lo necesiten.
Ford, General Motors, Fiat Chrysler, Honda y Toyota, motores de la economía en EEUU, anunciaron el cierre de sus fábricas en la región por la preocupación entre sus empleados, quienes trabajan cerca unos de otros. Hyundai también se sumó al grupo con su planta en Alabama porque el virus fue detectado a un trabajador. Tan sólo las tres empresas de Detroit dejarán inactivos a 150.000 trabajadores.
Mientras Estados Unidos y Canadá anunciaban el cierre de sus fronteras al tráfico no esencial, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, anunció que Washington enviaría al puerto de Nueva York "un hospital flotante" con 1.000 habitaciones y quirófanos, el buque USNS Comfort.
La decisión llega en momentos en que las muertes por el coronavirus en el país superan las 220, y los casos ascienden a más de 16.800, indicaba el último balance de la Universidad Johns Hopkins, al momento de redactar este artículo.
Además, Trump firmó una orden ejecutiva que prohíbe las ejecuciones hipotecarias y los desalojos en todo el país, como forma de proteger del desamparo a las familias, en el vórtice de una situación extremadamente delicada.
En la Florida hay más de 450 diagnosticados y hasta el viernes 20 de marzo se había confirmado la muerte de 9 enfermos.
La Comisión de Miami-Dade decidió cerrar todos los establecimientos de servicios al público entre ellos restaurantes, bares, cafeterías, teatros, gimnasios y otros. También las clases en el sistema escolar fueron suspendidas hasta el 15 de abril; las universidades se sumaron a la medida.
Después del cierre
Estas regulaciones traen consigo un fuerte impacto económico, por eso el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, anunció que el nivel de desempleo podría llegar al 20%, una cifra alarmante.
Más de 1 millón de floridanos trabajan en empleos vinculados al turismo, hoteles, restaurantes, bares y otros lugares afectados por los cierres, para evitar una contaminación a gran escala en corto tiempo.
Según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos 1.189.000 trabajadores de Florida podrían estar en trabajos directamente afectados por la pandemia COVID-19, lo que representaría el 14% de los 8.6 millones de empleos registrados en el Estado del Sol, indican las estadísticas más recientes recopiladas a finales del 2018.
La agencia gubernamental Small Business Administration (SBA) ya ofrece préstamos a corto plazo y a bajos intereses de hasta 1 millón de dólares para los dueños de pequeños negocios en todo el estado que necesiten asistencia financiera, debido a la actual coyuntura. Estaban por aprobarse los préstamos a largo plazo por un valor máximo de dos millones de dólares.
Por su parte, Bank of America anunció 100 millones de dólares en ayudas para comunidades a nivel mundial, que incluye a Estados Unidos y decidió un aplazamiento de los pagos de hipotecas y de tarjetas de crédito.
Los centros escolares de la Florida brindan desayunos, almuerzos y clases online para frenar la expansión rápida del virus, como sucedió en China, España e Italia. La misma medida se ha tomado en los comedores para personas de la tercera edad, junto al aumento de precauciones sanitarias en clínicas y centros de salud, a donde asisten decenas de pacientes a diario. Desde un principio, todos los eventos masivos sociales, deportivos y culturales fueron suspendidos por las autoridades del sur de la Florida. Medidas similares se han adoptado en múltiples localidades del país, en diferentes estados.
Información y ayudas
Decenas de grandes empresas cerraron sus tiendas por tiempo indefinido en toda la nación y un notable por ciento de la población laboral activa trabaja desde los hogares. Crocs, Guess, Under Armour, Nike, Abercrombie & Fitch, Vince Holdings, Fossil, American Eagle, Levi Strauss y Ralph Lauren figuran en una extensa lista. Disney también desactivó sus establecimientos de venta, luego de que días antes suspendiera la entrada a todos sus parques de atracciones en Orlando y California.
La Casa Blanca ofrece a diario cada mañana información de primera mano a la población, en la que se actualiza el rumbo del gobierno federal, sus acciones inmediatas, las propuestas y las indicaciones a los estadounidenses para enfrentar la pandemia.
Por su parte, el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, anunció la activación de la encuesta de evaluación de daños empresariales para conocer el impacto del nuevo coronavirus en las operaciones comerciales en cada localidad. El documento permite a las autoridades estatales conocer las empresas afectadas y el impacto real en la economía estatal.
La Encuesta de Evaluación de Daños Comerciales es el primer paso para solicitar un préstamo y la persona debe inscribirse online para adquirir la asistencia de la agencia SBA y del Estado de Florida. Visite: SBA.gov/Disaster o https://floridadisaster.biz.
Crisis podría extenderse
En la parte sanitaria, el gobernador DeSantis informó que ya se encuentran activos tres hospitales de campaña en diferentes puntos del Estado para atender a miles de enfermos, en caso de que el sistema estatal y privado llegue a su capacidad máxima.
Trump dijo esta semana en una alocución televisiva que la actual situación causada por el coronavirus podría extenderse hasta julio o agosto, algo para lo que la industria automotriz y otros sectores económicos no están listos. Analistas estiman una avalancha de solicitudes de paquetes de rescate y por eso la administración Trump intenta que su sugerencia de 580,000 millones de dólares, comience a ser aprobada por partes lo antes posible.
Boeing, el fabricante estadunidense, solicitó a Washington 60,000 millones en ayuda para soportar los reajustes que deberá hacer en su producción.
El potente impacto del COVID-19 se midió este lunes cuando Wall Street cerró su sesión con una pérdida del Dow Jones del 13%, la segunda peor caída en toda la historia de la Bolsa de Nueva York.
Calma y confianza
El presidente Donald Trump ha reiterado su petición de calma y serenidad hacia los estadounidenses y ha sugerido a los medios de comunicación que no contribuyan a incrementar el pánico en la población, sino que informen sobre medidas concretas para evitar la rápida propagación de la enfermedad y aminorar su impacto en EEUU. Ha señalado además, que el país tiene los recursos suficientes para una recuperación acelerada y que las acciones preventivas puestas en práctica, tras observar el impacto en China, Italia, España y Francia (los países más afectados), contendrán los efectos devastadores.
Pero la realidad se impone y millones de empleados que laboran en los sectores de producción quedarán cesantes también
tras el cierre indefinido de la mayoría de las compañías en el país. Aunque reciban un respaldo financiero, el alto costo de la vida impide que las familias se sientan tranquilas, además, no todas las compañías entregarán esos dividendos salariales, mucho menos si la crisis se prolonga.
Se estudia ahora la posibilidad a nivel nacional y estatal de que los bancos, como ya anunció Bank of America, permitan un cese de pagos de tarjetas de crédito e hipotecas entre dos y seis meses, en dependencia de la situación individual y el nivel de afectación. De llevarse a cabo, daría un gran alivio a los ciudadanos, como ocurrió cuando el huracán Irma hizo estragos en el sur y centro de la Florida y devastó a Puerto Rico.
La inmensa ventaja para los estadounidenses, si se puede llamar así, es que el brote llega cuando la economía nacional se había solidificado tras una recesión en el 2008, y los valores económicos y reservas del país se encuentran a un nivel envidiable. Sin embargo, cuando se trata de pandemias, crisis y desastres naturales, cualquier pronóstico puede quedar meramente en lo que indica el término.
Si algo hay que destacar, es la rapidez con la que actuó la administración Trump ante el brote del coronavirus en China, y todas las directrices que indicó a cada gobierno estatal para enfrentarlo. Este factor, podría ser determinante al contabilizar los estragos finales que dejará el COVID-19 en Estados Unidos.
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