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REPORTAJE

De regreso a casa, congresistas republicanos son cuestionados por votantes anti-Trump

En un país muy polarizado, donde las grandes ciudades son sacudidas por numerosas manifestaciones anti-Trump, estas reuniones de información se han convertido en el lugar donde expresar los desacuerdos con el nuevo gobierno

BRANCHBURG PARK.- "¡Haga su trabajo!!", "¡Responda a nuestras preguntas!", "¡Pare a Trump!": en Branchburg, Nueva Jersey, como en decenas de ciudades estadounidenses, los legisladores republicanos están bajo el fuego de las críticas de votantes anti-Trump en sus reuniones con ciudadanos.

En esta primera semana de pausa parlamentaria desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la tradición ordena que congresistas y senadores regresen a sus circunscripciones e informen a sus ciudadanos sobre los proyectos legislativos en curso.

En un país muy polarizado, donde las grandes ciudades son sacudidas por numerosas manifestaciones anti-Trump, estas reuniones de información se han convertido en el lugar donde expresar los desacuerdos con el nuevo gobierno y donde atacar a los legisladores republicanos que apoyan las políticas del presidente.

Trump fustigó el miércoles estas "multitudes encolerizadas", según él muchas veces "planificadas por militantes demócratas", una acusación que rechazan los participantes, aunque muchos son claramente anti-Trump.

Pero el movimiento, que recuerda los protestas de los ultraconservadores del Tea Party durante reuniones de legisladores bajo el gobierno de Barack Obama en 2009, no parece estar dispuesto a detenerse. Al punto de que muchos legisladores han anulado sus citas con los ciudadanos de sus distritos.

Leonard Lance, de 64 años, viejo animal político, reelecto en noviembre como diputado de esta circunscripción de Nueva Jersey, a 90 kilómetros de Nueva York, no es uno de ellos. Y el miércoles de noche, la multitud se apretujaba para escucharlo en el auditorio de la pequeña universidad local de Branchburg.

"Llorica"

Unos 200 manifestantes le aguardaban fuera, denunciando atropelladamente el desmantelamiento de la ley de Obama sobre la salud pública, la desfinanciación de centros de planificación familiar, la política ambiental, o los supuestos lazos del nuevo gobierno con Moscú.

Los pro-Trump eran invisibles, a excepción de un estudiante, Jack Hoffman, que los observaba de lejos: "son los lloricas que se niegan a aceptar los resultados de la elección", dijo.

Dentro, la sala de mil plazas estaba llena, dispuesta a atacar un diputado largamente "apreciado", ahora acusado de aprobar las medidas más radicales por "lealtad al Partido Republicano", explicó un jubilado, Lee Brush.

En el podio, Lance inició la reunión pronunciando el tradicional juramento a la bandera estadounidense a su lado, con la mano en el corazón y al unísono con el público: "Juro lealtad a la bandera de Estados Unidos de América y a la República que representa, una nación unida bajo la autoridad de Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos".

"¡Para todos! ¡Para todos!", comenzó a corear la multitud. El tono estaba dado y el diputado intentaba calmar los ánimos asegurando que las preguntas serían escogidas "al azar".

Uno tras otro, doctores, estudiantes, profesores, jubilados, desfilaron por el micrófono e hicieron preguntas educadas pero firmes sobre todos los temas.

"¿Aceptará usted que nuestros impuestos sean utilizados para pagar un muro con México?", le preguntó uno, muy aplaudido.

"¿Votará usted por la creación de una comisión de investigación sobre los lazos de Trump con Rusia?", preguntó otro, alentado también por los gritos del auditorio. Muchos llevaban pequeños carteles coloridos que leían "Agree" ("De acuerdo") de un lado, en verde, y "Disagree" ("En desacuerdo") del otro, en rojo, y que agitaban según lo que escuchaban.

"¿Apoyaría usted un proyecto de ley que obligue a Trump a entregar sus declaraciones de impuestos a una comisión legislativa? Responda con 'sí' o 'no'", rugió otro, bajo una tonelada de aplausos.

"Represalias del gobierno"

Frente a esta tromba, el diputado Lance, que luego dijo haber sufrido ataques similares del Tea Party en el verano de 2009, mantuvo la calma y reivindicó posiciones moderadas.

"El cambio climático sí existe", dijo, y "no pienso que sea necesario construir un muro todo a lo largo de la frontera" con México. Afirmó estar "de acuerdo" con el senador republicano John McCain en "desconfiar de Rusia" y recordó que éste fue "uno de los primeros republicanos" en criticar el decreto anti-inmigración suspendido por la justicia. Muchas declaraciones que le valieron aplausos.

Pero se cuidó de no criticar directamente al gobierno Trump, y subrayó que no se ha reunido aún con el presidente, solo con su vice, Mike Pence, menos controvertido.

A pesar de los silbidos, estimó que una comisión de investigación del Congreso sobre los lazos con Moscú no es necesaria "por ahora", y que obligar a Trump a entregar sus declaraciones de impuestos al Congreso iría "demasiado lejos".

Este último punto le valió una lluvia de abucheos y numerosas críticas al final de la reunión, donde ningún pro-Trump pidió la palabra.

"Es un poco perturbador que no quiera criticar directamente al gobierno", estimó Steven Antunes. "Su trabajo es responder a sus electores, no inquietarse por su partido".

"Pero para ser justo", agregó este especialista del medio ambiente, "vino e intentó responder a las preguntas (...), fue amable. Está en una posición delicada porque hay miedo de represalias del gobierno".

Lance, visiblemente fatigado tras el virulento intercambio, aseguró a los periodistas que encontró el ejercicio "muy útil". Y confirmó que celebraría otra reunión el sábado.

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FUENTE: AFP

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