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ELECCIONES 2020

EEUU: Lo principal es defender la democracia

Joe Biden no ha sido declarado Presidente de EEUU por el Colegio Electoral, hay litigios legales presentados por Trump y estados en disputa
Por Leonardo Morales

Miami- Joe Biden -supuestamente- superó los votos necesarios para que, según la ley electoral estadounidense, pueda ser nombrado Presidente. Hay litigios legales pendientes y estados que fueron dados como ganados por el candidato demócrata aún siguen en disputa. Biden no ha sido declarado por el Colegio Electoral de EEUU como jefe de la Casa Blanca, pero ya hay celebraciones y la mayoría de la prensa lo da como virtual mandatario.

Sin embargo, eso no significa que haya vencido la nueva izquierda aliada ahora de los extremistas liberales de Bernie Sanders. Y tal vez, lo que parece oscuro para más de 70 millones de estadounidenses que votaron por el presidente Donald Trump, sea la claridad y la justicia que exigen los amantes de una democracia que -hasta ahora- ha sido ejemplo de respeto al más noble derecho de cada ciudadano: el voto.

Nos dimos cuenta de que ejercer el sufragio no basta para mantener intocable la democracia; lo verdaderamente importante es descifrar que no haya una maquinaria capaz de dañar el estricto cumplimiento de las leyes para que ese voto no solo sea estrictamente bien contado, sino que esté lejos de cualquier manipulación sospechosa.

Litigios legales y demandas

El equipo de asesores legales de la administración Trump ha interpuesto diversas demandas y litigios a diferentes instancias por supuestas irregularidades, lo que hace imposible por ahora la confirmación de ningún candidato demócrata o republicano como presidente electo de EEUU.

"Todos sabemos por qué Joe Biden se apresura a hacerse pasar falsamente por el ganador, y por qué sus aliados mediáticos se esfuerzan tanto por ayudarlo: no quieren que la verdad sea expuesta. El simple hecho es que esta elección está lejos de terminar. Joe Biden no ha sido certificado como el ganador de ningún estado y mucho menos ninguno de los estados altamente disputados, o estados donde nuestra campaña tiene desafíos legales válidos y legítimos que podrían determinar el vencedor final", dijo el presidente Donald Trump el 7 de noviembre.

"A partir del lunes (9 de noviembre), nuestra campaña comenzará a enjuiciar nuestro caso en los tribunales para asegurar que las leyes electorales se mantengan plenamente y se sente el ganador legítimo. El pueblo estadounidense tiene derecho a una elección honesta: eso significa contar todas las papeletas legales, y no contar ninguna boleta ilegal. Esta es la única manera de asegurar que el público tenga plena confianza en nuestra elección. Sigue siendo chocante que la campaña de Biden se niegue a estar de acuerdo con este principio básico y quiere que las boletas sean escrutadas incluso si son fraudulentas, fabricadas o emitidas por votantes no elegibles o fallecidos. No descansaré hasta que el pueblo estadounidense tenga el conteo de votos honesto que se merece y que la democracia exige", concluyó Trump.

Poderosos medios de comunicación y organizaciones se han atribuido el papel de declarar a Joe Biden como el nuevo Presidente Electo. Es un hecho que se asemeja más a una campaña electoral que a la labor de medios de comunicación responsables y éticos en un proceso que más que ofrecer un ganador, implica la garantía de la democracia y el respeto de las instituciones federales encargadas de llevar a cabo este importante acontecimiento popular.

En declaraciones a la cadena CNN, el fiscal general de EEUU, William Barr, argumentó: “La comisión bipartidista presidida por Jimmy Carter y James Baker dijo en el 2009 que votar por correo está cargado de riesgos, de posible fraude y coerción. Durante mucho tiempo, periódicos, redes sociales y estudios académicos han alertado de fraude y coerción en comicios, pero cuando esta administración llega al poder hay un cambio de narrativa respecto a esto”.

“En las elecciones que se han realizado se han encontrado sustentos de fraudes”, añadió el jefe del Departamento de Justicia en EEUU. “No lo hemos tenido de tipo extendido. Nosotros- agregó Barr- tuvimos boletas ausentes que las requirieron desde una dirección específica, ahora que hablamos de esto se envían a todos desde una lista de votantes cuando todos sabemos que esas listas muchas veces son incorrectas. La gente intenta cambiar las reglas a esta metodología la cual es muy abierta al fraude, es temerario y peligroso, y la gente está jugando con fuego”.

Millones confiaron en el proceso electoral

Millones de estadounidenses se fueron a dormir confiados en una inminente victoria de Trump poco después de la media noche del 3 de noviembre. Millones de demócratas en transmisiones televisivas mostraban sus rostros de preocupación, cuando durante meses Joe Biden era el favorito en la mayoría de las encuestas con márgenes a veces sorprendentes de más de 15 puntos porcentuales de ventaja, teniendo en cuenta el respaldo popular a las políticas de la administración Trump durante los cuatro años en Washington y cifras económicas y logros políticos sin precedentes en la historia del país.

El mapa teñido de rojo era evidente, la tendencia era una marea roja sobre los más de 10 estados que avanzaban en el conteo, contrario a los vaticinios de marea azul. Debates televisivos ya casi auguraban una victoria indiscutible… De repente, el conteo se detuvo en varios estados como Michigan, Wisconsin, Pennsylvania, Arizona, Nevada, Ohio y otros. En todos Trump marchaba al frente, en algunos como Pennsylvania, Wisconcin y Michigan la ventaja se mostraba como muy difícil de ser revertida.

Bajo este panorama avanzaba el mapa electoral ya en la madrugada del 4 de noviembre. Algunos medios como Fox News y CNN anunciaron la aparición pública de Joe Biden. Algunos especularon que saldría a reconocer el triunfo de Trump y agradecer a sus seguidores… Para sorpresa de todos, pasada la 1 de la madrugada un Joe Biden confiado, extremadamente risueño y efusivo solo emitió cuatro palabras “Gracias, gracias, tengan Fe” y salió del lente de las cámaras.

La sorpresa de Joe Biden

Comentaristas y analistas quedaron atónitos ante una muy breve declaración que sembró más dudas que entusiasmo.

Sobre las 2:30 de la madrugada, el mapa continuaba congelado en las mismas cifras. Y de repente, Trump, en una conferencia de prensa a esa hora comienza a enumerar los triunfos obtenidos en estados clave como Florida, Ohio, Texas, Georgia y otros y cita la ventaja casi insuperable en los estados paralizados en el conteo de votos. Trump pregunta: “¿qué pasó? ¿Por qué se detuvo el conteo? Y expone sus sospechas: “Esto es un gran fraude, el peor fraude en la historia de EEUU… Esperemos que ahora a las 4 de la madrugada no comiencen a contabilizarse cientos de miles de boletas de Biden y nos roben las elecciones”, dijo el Presidente.

En la mañana del 4 de noviembre, Trump dejó de ser el inminente vencedor frente a Joe Biden y el mapa poco a poco comenzó a favorecer al candidato demócrata. Trump se había quedado congelado en sus cifras de votos electorales junto al mapa de las 12 de la medianoche. De ahí, nunca salió.

En el 2016, una Hillary Clinton con un historial reconocido a nivel internacional y una capacidad de trabajo sin dudas en demasía superior a la de Joe Biden perdió frente a un Donald Trump con un récord cero en política, un magnate severamente fustigado y desacreditado, después de intensas campañas contra su imagen y supuesta incapacidad para dirigir a EEUU. Ese presunto incompetente venció a la super favorita Hillary Clinton. Trump obtuvo 304 votos electorales contra 227 de Clinton.

Recordemos que contra la exsecretaria de Estado perdió la Florida, pero en Miami-Dade y en el centro del estado demostró su superioridad. En el condado más poblado de Florida venció a Trump con un margen superior al 30% y así ocurrió en otros estados clave.

La rival Hillary Clinton

Hillary Clinton, lógicamente y poco cuestionable, mantuvo siempre su ventaja en las encuestas. Era la favorita indiscutible, todas las expectativas giraban sobre la controversial figura de Trump y lo que pudiera hacer frente a una potente candidata que despertaba ímpetu, conocimientos en política, dominio de las funciones de gobierno y experiencia incuestionable. Se encaminaba, con pocas dudas, a convertirse en la primera mujer en la Casa Blanca, tras el primer presidente negro en la historia de EEUU.

Clinton no sólo contaba con el respaldo de Barack Obama, sino del expresidente George W. Bush y la mayoría de personalidades en todo el mundo, el voto de la mujer, el voto hispano y el afroamericano en su mayoría. Todo encajaba perfectamente para una barrida de Hillary; millones de blancos americanos, los no afiliados a partidos y opuestos a las políticas de Obama eran las únicas y expectantes esperanzas para Trump. Ya conocemos el final. Hillary Clinton mordió la derrota.

En las elecciones del 2020, se lanzaba a su reelección un Trump robusto por sus resultados económicos, cumplidor de la gran mayoría de sus promesas de campaña, apoyado por sus votantes en su objetivo de hacer fuerte a América otra vez; en esta ocasión con gran parte del voto latino y afroamericano a su favor, por medidas concretas de beneficios para estas minorías. Respaldado por su victoria contra China en la guerra de aranceles, por sus medidas urgentes ante la llegada de la pandemia que evitó no solo decenas de miles de muertes sino el colapso de la economía más poderosa del planeta, pero la más impactada por el virus chino, a pesar de todas las críticas de la izquierda y extrema izquierda.

Logros del presidente Donald Trump

El presidente Trump logró en cuatro años lo que la mayoría de otros mandatarios no pudieron cumplir en su mitad de gobierno, incluso aquellos de la talla de Ronald Reagan. Muchos necesitaron un segundo mandato para obtener los resultados que se propusieron. Su personalidad siguió inaceptada por sus oponentes, pero su hoja de servicio al país estaba repleta de mejores acuerdos para EEUU como prometió y sobre todo paz, sanciones severas y efectivas contra los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, contra Irán y sus aliados; acuerdos de paz históricos entre Israel y Emiratos Árabes y Sudán. Importantes convenios con India, una alternativa a China. Desarrollo de vacunas y tratamientos contra el COVID-19, apoyo irrestricto y urgente a las grandes, medianas y pequeñas empresas afectadas por la pandemia, lo que impidió que el desempleo escalara al 20% como esperaba el Departamento del Tesoro. La anulación de las operaciones de los terroristas del mal llamado Estado Islámico (ISIS), el rescate de cientos de empresas estadounidenses asentadas en China y otros países de Asia, además de un cambio drástico sobre las políticas de apoyo financiero a Latinoamérica y el Caribe. Una extensa lista de beneficios logrados para los estadounidenses que superan políticas fallidas de la anterior administración.

“Llegué a la presidencia de EEUU por el mal trabajo que ustedes hicieron durante ocho años”, le dijo varias veces Trump al exvicepresidente Joe Biden, en medio de la campaña electoral 2020.

La capacidad de Joe Biden

Biden, un político opaco dentro de la historia de legisladores y senadores de EEUU durante 39 años, fiel aliado primero de premisas centristas antes de su cargo en la administración Obama (8 años más como vicepresidente) y luego, por ende, partícipe de una plataforma que abrió las puertas a los principales enemigos del país como China e Irán y que lo expuso a las peores tensiones bélicas contra Corea del Norte y Rusia, reaparecía en el espectro público como un individuo con capacidades escasas para gobernar una nación como Norteamérica.

Hasta el último debate no fue que Biden expuso varios puntos de su plan de gobierno, entre ellos subir los impuestos y alejarse de la industria petrolera que emplea a más de 10 millones de personas de forma directa y más de 2 millones de manera indirecta, junto a miles de proveedores de recursos para su funcionamiento.

Su hincapié fue en la cuestionable cifra de más de 230.000 muertes por la pandemia en el país. Cuestionable porque las instituciones hospitalarias recibieron ayuda federal por la hospitalización y fallecimientos por COVID-19, algo muy favorable y de buena voluntad, pero que ofreció posibilidades a que personas que murieron por sus problemas médicos preexistentes durante años se incluyeran también entre listas de fallecidos por el virus.

Lo mismo sucedió en casos probados de personas en el sur de Florida que se registraron para las pruebas de la enfermedad, se retiraron a mitad de la fila por diversas razones y luego fueron diagnosticados positivos. Decenas de personas hicieron las denuncias por las redes sociales lo que motivó investigaciones, cuyos resultados aún se desconocen.

La comparación necesaria

Si comparamos el escenario que enfrentó Donald Trump frente a una poderosa y popular contrincante como Hillary Clinton y un Trump con muy pocas probabilidades para llegar a Washington y de esa forma le arrebató la silla en la Oficina Oval, la lógica indica que el actual inquilino de la Casa Blanca esta vez tenía todo a su favor para arrasar en las presidenciales con una carta en sus manos llena de resultados irrefutables como Presidente ante un rival que en 47 años en la política tuvo muy poco que lo hiciera brillar para convertirlo en un competidor fuerte y contundente, capaz de convencer a la mayoría de los estadounidenses para que votaran por él.

Una campaña sin precedentes, fundamentada en la manipulación y con muchísimo dinero, de los medios de comunicación, las redes sociales y la gran mayoría de las encuestadoras dibujaron de trascendente lo intrascendente, aunque a pesar de toda esa impresionante labor durante meses, muchos siguieron viendo a Biden incapaz de dirigir a EEUU.

La inmensa mayoría de los demócratas, como han repetido decenas de analistas, no votó por Joe Biden, sino contra Donald Trump. Con su auténtica personalidad, Trump exacerbó la repulsión de muchos demócratas y a otros los cambió de bando con sus logros, porque a pesar de celebraciones apresuradas y denominaciones, Biden aún no ha sido designado por el colegio electoral de EEUU-el único facultado para hacerlo- como el Presidente Electo.

Esa decisión, si proceden los litigios legales que se han anunciado del lado del presidente Trump, al parecer será de la Corte Suprema de EEUU, la máxima institución judicial que determinaría si hubo irregularidades comprobadas para dictaminar sobre la base o no de un fraude electoral.

Ante la incertidumbre, algo queda muy claro. Las elecciones necesitan un mayor control y una reforma general del sistema electoral en el voto por correo, en las boletas en los centros de sufragio y en los lugares de procesamiento.

La excesiva confianza en voluntarios, empleados federales y la falta de tecnología que se ha visto en múltiples estados para contabilizar las votaciones, demuestran un sistema arcaico y requerido de una mayor supervisión imparcial y legítima para evitar daños irreversibles en la credibilidad de un sistema democrático, que ha sido el espejo de cientos de naciones en el mundo. Eso es muchísimo más importante que la victoria de uno u otro candidato, de un partido o de otro.

lmorales@diariolasamericas.com

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