MIAMI.- La vida de Joe Biden se ha desenvuelto en un compendio de grandes contrastes. No todo ha sido color de rosa para el presidente número 46 de la nación. El éxito y también la tragedia han marcado la existencia del político de 78 años, hasta hoy el más longevo que ha llegado a la Casa Blanca.
Joe Biden, el nuevo presidente
Su primer gran momento de éxito lo vivió cuando a los 29 años fue elegido senador federal por Delaware, su estado natal. Así, poco después de recibirse abogado en 1972, se convertía en el sexto senador más joven en la historia del país.
Sin embargo, a pocas semanas de iniciar su labor legislativa perdió a su primera esposa y a una hija en un accidente de tránsito. Su compañera de entonces, Neilia, y su hija de poco más de un año, Naomi, murieron cuando iban a comprar un árbol de Navidad. Sobrevivieron al choque sus otros hijos Beau y Hunter.
Sobrepuesto al dolor, Biden fue reelegido cinco veces en la Cámara Alta en 1978, 1984, 1990, 1996 y 2002. De tal manera, se erigió en el cuarto senador con más antigüedad en la nación.
Su primer intento por ser presidente fue en 1987. La campaña acabó prematuramente tras ser acusado de plagiar frases de un político británico. Insistió y volvió a competir 21 años después en las primarias demócratas contra Barack Obama y Hilary Clinton, pero no ganó.
No obstante, Obama lo seleccionó como compañero de fórmula y así fue elegido vicepresidente en 2008.
Durante los ocho años que fue mano derecha de Obama, su larga experiencia como senador fue importante a la hora de negociar políticas económicas que parecían imposibles en ese momento. Subir ciertos impuestos corporativos, recortar algunos gastos públicos e invertir grandiosas sumas de dinero en la infraestructura del país no solo evitaron profundizar la crisis económica que vivía el país entonces, sino también salir a flote de ella y disminuir el desempleo de 10% a 4.7%, según los datos publicados entonces.
El hilo de circunstancias difíciles sumaría otro evento en la vida de Biden, que estuvo a punto de hacerlo tomar la decisión de marginarse por completo de la política en 2015. Su hijo Beau, de 46 años, veterano de guerra de Irak, murió tras perder la batalla frente a un cáncer cerebral.
El duro golpe familiar derivó en la decisión de abstenerse a presentarse como candidato presidencial en las elecciones de 2016, aunque durante la administración de Donald Trump su opinión no faltó sobre algunas políticas que consideraba erradas por parte del mandatario de turno.
En 2018 daba sus primeros nuevos pasos para regresar a la arena política cuando aseguró que no descartaba ser aspirante a la presidencia.
La edad
Cuando Joe Biden prestó juramento al cargo el pasado miércoles 20 de enero, se convirtió en el presidente de mayor edad.
Biden, que cumplió 78 años en noviembre, se refirió a su edad en diversas entrevistas. “Es una pregunta legítima indagar sobre mi edad”, dijo en su momento quien hoy dirige el destino del país.
“Espero poder demostrar que no solo con la edad llega la sabiduría y la experiencia que puede hacer que las cosas sean mucho mejores”, dejó en claro el titular de la Casa Blanca.
Antes de Biden, el saliente presidente Trump tenía el récord de ser el representante de la rama ejecutiva de mayor edad en Estados Unidos. Tenía 70 años en enero de 2017, cuando asumió las riendas del país.
Sin embargo, previo a Trump, Ronald Reagan había sido el presidente de mayor edad, con 69 años, cuando llegó a la presidencia para su primer mandato en 1981.
Cualidades
Una frase es la égida en la vida de Biden, según él mismo lo ha comentado: “Tienes que tener un propósito”. Y esto es algo que el demócrata ha tratado de imprimirle a su vida y a cada una de sus campañas políticas.
Pero si hay un par de aspectos que incluso reconocen sus detractores es la decencia y la humildad que son pilares de la personalidad de Biden. También sus valores de fe católica. Biden es el segundo presidente católico en ocupar la Casa Blanca, 60 años después de John F. Kennedy,
El recién juramentado presidente tiene un perfil moderado que, según quienes han estudiado su comportamiento, se nutre de la doctrina social de la Iglesia y de las enseñanzas del papa Juan XXIII.
A Biden se le ve como un ser humano compasivo que profesa respeto por los demás. Asimismo, se le considera un padre de familia ejemplar.
¿Deslices verbales?
Durante su larga trayectoria en campañas electorales, a Biden se le atribuye un talento natural para conquistar aun a los electores más reacios. Pero también se le conoce por sus palabras o frases que han sacado de contexto o dejado algunas dudas en muchos apartes de sus discursos.
De verbo fluido y apasionado frente a las multitudes, Biden vio como única opción el retiro de su campaña presidencial en 1987 cuando se le cuestionó por repetir en las manifestaciones políticas que “mis antepasados trabajaban en minas en carbón en el noreste de Pensilvania” y aseguraba estar molesto porque nunca tuvieron las oportunidades que merecían.
Según aseguran quienes conocieron la familia, ninguno de sus antepasados había sido minero. Y eso hizo pensar que aquellas palabras sobre “minas” habrían sido sacadas de un discurso del político británico Neil Kinnock, de acuerdo con pesquisas que supieron capitalizar sus rivales.
Otra de las “bombas de Joe” se refiere a un hecho ocurrido en 2012 cuando le dijo a una multitud que, como senador, “he conocido a ocho presidentes, tres de ellos de forma íntima”, sin especificar más.
Como vicepresidente de Obama, el político cometió otra pifia en público al describir a su superior en jerarquía como “el primer afroestadounidense corriente que sabe expresarse, es brillante, limpio y bien parecido”.
Con el tiempo, el político aprendió a medir sus propias palabras.
La primera dama
Jill Biden, una maestra que dice amar profundamente su profesión, ya fue segunda dama de EEUU cuando Joe Biden se desempeñó como vicepresidente de Obama.
La hoy primera dama ha estado casada con Biden durante 43 años. Ha sido su asesora desde que el político ejercía como senador de Delaware y durante la campaña presidencial fungió como comunicadora de cabecera de su esposo.
Tiene una licenciatura, dos maestrías y un doctorado en educación. Su frase predilecta es: “Enseñar no es lo que hago. Es lo que soy”.
Personas cercanas a su núcleo familiar aseguran que el hoy presidente le propuso matrimonio cinco veces hasta que finalmente aceptó el ofrecimiento.
Contrajo matrimonio con Biden en 1977, cinco años después de que el entonces senador perdiera a su primera esposa y a su hija. Jill se encargó de los dos hijos que ya tenía su marido y ambos tuvieron otra hija, Ashley.
Jill Biden anunció que al tiempo que cumplirá con sus funciones como primera dama, seguirá con su carrera de maestra.
El “dolor de cabeza” de Biden
Hunter es el segundo de los hijos de Joe Biden. Su reconocida adicción a la cocaína y el alcohol, y algunos negocios internacionales, han hecho de su vida privada un dardo que suele utilizarse en contra de su padre.
Su nombre cobró notoriedad en 2014, cuando su padre era vicepresidente, tras ser expulsado de la Marina de EEUU, un mes después de haberse unido a esa institución. Había dado positivo en un control de drogas por consumo de cocaína.
Por otro lado, autoridades federales investigan aún ciertos tratos comerciales realizados por Hunter Biden. Se trata de corroborar si Hunter Biden y algunos socios violaron leyes fiscales y normas sobre lavado de dinero en el extranjero.
Un gran reto
Uno de los retos más importantes del nuevo jefe de la Casa Blanca es afrontar la pandemia de coronavirus con políticas que, según ha anticipado, darían mejores resultados.
Biden ha dicho, por ejemplo, que tiene previsto un programa de vacunación contra el COVID-19 que haría más efectivo el proceso de transportación de las vacunas que ya están en el mercado.
Asimismo, su primera tarea sería impulsar la vacunación de 100 millones de personas en sus primeros 100 días de gobierno, con el apoyo de las fuerzas militares y algunas agencias federales.
Entre las medidas anunciadas por Biden, también destaca una iniciativa valorada en 20.000 millones de dólares que supondría la creación de centros de vacunación comunitarios y unidades móviles para brindar ese servicio a comunidades remotas.
Adicionalmente, unos 50.000 millones de dólares se destinarían a la activación de un ambicioso esquema de pruebas en escuelas y centros gubernamentales.
Biden, quien desde su campaña por la presidencia ha sido un férreo defensor del uso de la mascarilla como mecanismo de prevención del COVID-19, daría los pasos necesarios para ampliar el uso de esta protección en el país.
Otra de las tareas que emprendería Biden es una campaña de convencimiento sobre la importancia de las vacunas. De hecho, él mismo, junto a quien hoy es la vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, fueron inoculados para tratar de demostrar la seguridad de las vacunas.
dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope
NULL
