Trump crea nuevo estilo de diplomacia
MIAMI.– La aproximación del presidente Donald Trump a varios líderes mundiales de dudosa reputación parece obedecer más a sus instintos empresariales que a un abandono de los principios democráticos. Lo mismo sucede al respecto del tono tímido que tiene en relación con los excesos de gobiernos autoritarios violadores de derechos humanos, al contrario de otros de sus antecesores, como en el caso de Venezuela.
La invitación a visitar Washington que el Presidente ha hecho a su colega filipino, Rodrigo Duterte, cuestionado por organizaciones de derechos humanos por la forma violenta con que ha enfrentado el narcotráfico, recompensando a los agentes policiales y militares que los ejecutan sin juicio previo, es un ejemplo de ello y ha levantado una ola de críticas.
Duterte, quien una vez insultó personalmente al expresidente Barack Obama obligando a la cancelación de un encuentro entre los dos, ha dicho que está “muy ocupado” para reunirse con Trump, pero el objetivo del Presidente es tenerlo de su lado en una coalición contra el dictador norcoreano Kim Jong-un. Según Josh Kurlantzick, del Consejo de Relaciones Exteriores, de todos modos Duterte va a venir a Estados Unidos aunque no se sabe cuando, quizá después de un viaje a Rusia e Israel que el filipino tiene pendiente, pero no quiere aparecer como si estuviera demasiado impaciente por encontrarse con Trump y proyectar la idea de que se mantiene apartado de Estados Unidos, un aliado histórico.
“Auque quiera mejorar las relaciones con un presidente estadounidense, (Duterte) quiere proyectar la idea de que es cauteloso y no aparecer como que quiere tirarse en los brazos de Estados Unidos. Principalmente teniendo en cuenta que ha dedicado muchos esfuerzos a cortejar a los chinos”, apuntó Kurlantzick al diario The New York Times.
La influencia china
Todo indica que esta característica que Trump quiere dar a la política exterior ha sido precisamente sugerida por el presidente chino Xi Jinping durante el encuentro de ambos el mes pasado en Florida, cuando le habló de la posibilidad de reunirse con el líder norcoreano para resolver la crisis nuclear. Trump dijo el lunes que estaba dispuesto a hacerlo, pero su portavoz Sean Spicer aclaró que un encuentro de esa naturaleza debe obedecer a una serie de condiciones.
“Queremos que quede claro que la única posibilidad de que eso suceda es si Corea del Norte muestra seriedad en el desmantelamiento de su capacidad nuclear y deja de ser una amenaza para la región y nosotros. Pero ahora mismo, no es posible”, afirmó Spicer.
Aunque los chinos, los más importantes sino únicos aliados de Kim Jong-un, miran con buenos ojos un diálogo de Washington con Pyongyang, todavía falta bastante. “Los chinos le han dicho a Trump que debe hablar con esa gente. Ahora están creando las condiciones óptimas para hacerlo, intentando bajar la presión sobre China, sobre Corea del Norte y encontrar una ruta de escape”, dijo Joel S. Wit, el principal experto sobre Corea del Norte de la Universidad de Johns Hopkins, en Washington DC, quien participó en las negociaciones del primer acuerdo nuclear durante la administración de Bill Clinton.
De todos modos, una cumbre de Estados Unidos con Corea del Norte aunque, según todo indica, es deseada por el dictador norcoreano, enfrenta una fuerte oposición de antiguos diplomáticos y organizaciones de derechos humanos. “De ninguna manera. Es un encuentro que no debe realizarse porque Corea del Norte tiene un enorme historial de brutalidades y represión de su pueblo”, dijo a la cadena CNN la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, quien en la década de los 90 se reunión en Pyongyang con el padre del actual dictador, el entonces hombre fuerte Kim Jong-il.
“Kim Jong-un estaría encantado de reunirse con el presidente Trump sobre la base de un líder nuclear con otro. Pero si yo fuera Trump no lo haría”, consideró Christopher R. Hill, un diplomático estadounidense que fue enviado especial a Corea del Norte durante la administración del presidente George W. Bush, quien sacó a Pyongyang del listado de países patrocinadores del terrorismo como condición para iniciar un diálogo de desmantelamiento nuclear.
Pero Trump insiste. No porque no sepa la naturaleza política del norcoreano sino por lo que dicen sus instintos, tras conocer mejor al presidente chino el mes pasado. “Es un honor reunirme con Kim Jong-un”, fue la frase del mandatario el lunes. Spicer la colocó en contesto cuando le preguntaron el porqué de tal idea. “Me imagino que porque sigue siendo el jefe de Estado. Además debe estar dándose cuenta de la cantidad de amenazas que le vienen encima y quiere llevar a su país hacia adelante. Es una persona joven al frente de un país con armas nucleares”, afirmó el portavoz.
Corea del Norte, China o Filipinas, son tres países con Gobiernos autoritarios o dictatoriales pero se han transformado en interlocutores privilegiados de Estados Unidos en medio de una crisis nuclear. “El Presidente debe conversar con todos ellos. Si esa es la diplomacia moderna habrá que abrir espacio a los derechos humanos. Es la realidad”, estima el analista Mark Huchiston, a la cadena CNN.
Venezuela
Muchos analistas creen que esta nueva "filosofía" se confirma en el caso venezolano donde Estados Unidos no parece desplegar una ofensiva diplomática incisiva ante la violencia callejera que sacude a la sociedad y la represión de la oposición. El miércoles, el secretario de Estado, Rex Tillerson, fue una vez más vago con relación a la situación venezolana.
“Todos ustedes están siguiendo la situación en Venezuela, una verdadera tragedia, pero esperamos que trabajando con otros, incluyendo la participación de otros en Europa, que podamos ganar algo de fuerza en Venezuela”, dijo el secretario de Estado en su primera reunión con el personal de su ministerio.
Como recuerda el excanciller mexicano, Jorge G. Castañeda, Washington parece estar olvidándose de la importancia de la defensa de los derechos humanos en la región a punto de no haber participado en la reunión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque, entre otras cosas, la administración Trump tiene techos de vidrio.
“En esta ocasión, la delegación de Estados Unidos era la que se enfrentaba a un interrogatorio sobre las órdenes ejecutivas del presidente Trump para prohibir el ingreso a personas provenientes de seis países de mayoría musulmana, acelerar la deportación de los migrantes indocumentados y debilitar las normas ambientales. En lo que respecta a rendir cuentas sobre el cumplimiento de los derechos humanos, la negativa a comparecer colocó a Washington al mismo nivel turbio de Nicaragua, Venezuela y Cuba”, escribió el exalto funcionario mexicano.
Castañeda recuerda, en su habitual columna de opinión en el The New York Times, que Washington “nunca ha sido del todo congruente en su defensa de los derechos humanos en el extranjero, (pero) tampoco cumple a la perfección esos ideales en casa. (…) Sin embargo, ahora, al retirarse abiertamente de su función como defensor del concepto mismo, demuestra un menosprecio cínico hacia los derechos humanos, incluso como propósito”.
Es más, enfatiza, “esto prácticamente garantiza un resultado que estamos comenzando a ver: dictadores y demás bravucones se sienten envalentonados para pisotear los derechos y las libertades con impunidad”.
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