No hay nada más ridículo que un estornudo. Al tipo que está al borde de esa explosión nasal se le pone cara de almeja con hepatitis. Los estertores previos provocan hilarantes caras e invitan a los presentes a arrojarse al suelo y cubrirse la cabeza. Y más ahora que hay un montón de enfermedades. Que la vida ya no es como antes, que la gente se moría de cosas normales. Ahora lees el parte médico después de haber tenido un par de días de fiebre y tienes la sensación de que estás a punto de morir. Añoro esa medicina ancestral cuando todo lo arreglaban con unos baños gélidos y un poco de whisky. Pero solo por lo del whisky.
El estornudo
Y es que nadie se explica por qué la gente se dedica a aspirar polen si saben que les hace daño. Así va el mundo
Como sea, entre la gripe A, la B, la C, la D, y todas las guarradas que pueden pegársete a la sangre por el mundo adelante, ver a un desconocido en un lugar público haciendo los pucheros previos al estornudo provoca pánico, escalofríos, y palidez en la piel. Yo mismo me arrojé por la ventanilla de un tren hace algunas semanas al ver a una señora violentar mi perímetro de seguridad y llevarse la mano a la nariz, con el inequívoco gesto que anuncia esa horrible explosión. Desconoce la anciana que si uno tapa el orificio nasal, el contingente vírico se expulsa igualmente, pero de forma mucho más salvaje y concentrada, por los agujeros de los oídos. Por eso ante la posibilidad de un estornudo en transporte público, si el acusado se tapa la nariz, los que deben ponerse en guardia son los que estén sentados a su derecha y a su izquierda, mientras que si el sospechoso deja la pituitaria al aire, conviene que se arrojen al suelo los que estén en su línea frontal de disparo.
No hay una manera científica de frenar un estornudo. Y desde luego, nadie lo hace de forma definitiva. Conozco a un joven que contuvo sus repentinos estornudos una y otra vez durante treinta años. Al fin, el día de su boda, en el álgido momento del casamiento, a mi amigo le sobrevino ese picor indeseable, y esa vez no pudo frenar a tiempo. La explosión incontrolada acumuló la fuerza de tres décadas de potencia contenida. La novia y el cura están aún en paradero desconocido, mientras que la iglesia –bellísimo románico- fue parcialmente volada. El novio salió despedido hacia atrás en un gesto que sus futuros suegros consideraron inaceptable, y procedieron a lincharlo después del estornudo. Algo que por otra parte merecía. Y no solo por su gigantesco espasmo nasal.
Tampoco hay dos estornudos iguales en el mundo. Los de los chicos suelen ser más ruidosos que los de las mujeres, pero en general, ningún estudio ha logrado confirmar estas tendencias, por la sencilla razón de que existen muy pocos científicos perdiendo el tiempo con los estornudos. Están todos muy ocupados buscando vida extraterrestre.
Sin necesidad de estudios, un gran colectivo de personas, entre los que me incluyo, atravesamos con el estornudo la gesta de acompañarlos siempre de otra serie idéntica en los siguientes minutos. Es muy raro el estornudo solitario. Una vez que se produce, uno ha sucumbido a la barrera del picor y todo podría venirse abajo en cualquier momento si no se ensartan seis, diez, quince, o veinte réplicas en los siguientes diez minutos.
Algunas personas padecen movimientos reflejos e involuntarios inmediatamente después de estornudar. Uno de esos reflejos un ademán contenido de desvanecerse contra el suelo. En este último caso es imposible distinguir si el que lo padece está estornudando o está a punto de orinarse.
No sé cuál es exactamente la función del estornudo, además de asustar al prójimo, pero ante los cambios de temperatura, los rayos imprevistos del sol, y las cosquillas nasales con plumas de faisán, su llegada es inevitable. Entre las principales causas del estornudo está, por supuesto, la alergia, típica de la primavera. Dicen los médicos que en esta época hay un montón de gente estornudando después de respirar polen. La medicina moderna ha de luchar siempre contra un elemento inesperado: la ausencia de sentido común de los pacientes. Y es que nadie se explica por qué la gente se dedica a aspirar polen si saben que les hace daño. Así va el mundo.
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