ver más
ESCRITOR, PERIODISTA Y CINEASTA

El posible error de los españoles (Los dictadores 3)

Este domingo los españoles van a las urnas. Y Pablo Iglesias, pichón de caudillo con alma y verborrea de dictador, aspira a formar gobierno

Por LUIS LEONEL LEÓN

@luisleonelleon

Aunque el “perfecto idiota latinoamericano” no deja de regocijarse de su imbatible récord, Europa tampoco se salva de la epidemia, tal vez congénita y periódica, de los caudillos. Ni de sus fanáticos y aprendices. El avance del populismo lo demuestra.

Este domingo los españoles van a las urnas. Y Pablo Iglesias, pichón de caudillo con alma y verborrea de dictador, que militó en la Unión de Juventudes Comunistas de España y formó parte del grupo de asesores de Hugo Chávez, es por estos días el miembro europeo más destacado de esta peligrosa especie que -aunque muchos subvaloran la magnitud del fenómeno- amenaza con destruir España, y si es posible Europa. Y no es una exageración. Algo parecido sucedió con Fidel Castro en 1959 y con Chávez en 1998: no eran pocos los que aseguraban que sus mandatos serían efímeros y que jamás acontecerían tamaños desastres. Y veamos en lo que se han convertido Cuba y Venezuela.

En el caso de Iglesias, hay un elemento que no debemos pasar por alto: España arrastra un pasado procomunista y una izquierda -ciega y radical en muchos casos- hoy muchísimo más enraizada y organizada que cuando Cuba y Venezuela cayeron sonrientes en la misma emboscada del populismo totalitario. Así que mucho cuidado con restarle importancia. A los populistas -no importa el disfraz con que se vistan o los partidos y corrientes por las que naveguen- jamás se les debe subestimar. Y menos ahora, cuando asistimos al auge de figuras y partidos populistas antisistema en Occidente. Miremos la victoria del Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea). Elemento que beneficia la propaganda de Podemos en contra de las esencias de la democracia liberal hasta ahora imperante en la UE.

Iglesias calcó su discurso de Chávez y luego lo ha atiborrado de citas y frases rebuscadas, seudointelectuales, con el objetivo de acicalar de sapiencia antisistema su verdadera intención: instaurar un gobierno que primero ataque a los más ricos (a la casta, como él les llama) y que en vez de producir riqueza termine compartiendo la ineficiencia y la miseria, hasta que ya no quede más que odios y hastíos para repartir.

Hay algo que Iglesias aprendió de Chávez, que a su vez lo aprendió de Castro y éste tal vez de Hitler: los máximos líderes del pueblo jamás se equivocan. Dictaduras autoritarias y totalitarias funcionan así. Por eso siempre necesitan un enemigo a quien responsabilizar de sus fracasos. Y otra táctica: con los enemigos no se dialoga. ¿Para qué arriesgarse a un diálogo con sus adversarios si pueden echar mano a la evasión, la mentira, el abucheo, la manipulación, a cualquier galimatías para justificar e instituir su ambiciones en nombre de una supuesta mayoría? Iglesias, por ahora, habla de dialogar, de que el pueblo se exprese. Si llegara a gobernar, él y su séquito serán la verdadera voz del pueblo.

En el trascurso de su campaña, Iglesias ha cambiado camaleónicamente de casaca y nomenclatura política: de comunista pasó a declararse socialdemócrata. De adorar a Chávez pasó a ubicarse entre Mujica y Allende. Todo con el único objetivo de engañar y ganar votos. Si los españoles cometen el grave error de votar por Podemos, sufrirán lo mismo que los cubanos y venezolanos. Otro detalle significativo: Iglesias y Podemos -sin haber ganado las elecciones- cuentan con el apoyo y el coqueteo de varios medios de comunicación, y con un equipo que no para de crear de contenidos de clarísima intención adoctrinadora. ¿Si llegara a hacerse del poder, cómo sería su discurso?

Iglesias trabajó para Chávez y bien sabe que aquél payaso macabro, discípulo de Castro, ganó más celebridad entre sus simpatizantes gracias a una espantosa serie del disparate y el resentimiento mal llamada “Aló, presidente”, que más que un programa de televisión fue un irracional monólogo de su incapacidad para gobernar sin tener que atropellar, destruir, atemorizar, desvirtuar a tal punto la realidad que terminaba creyéndose su propia estafa, mintiéndose a sí mismo. ¿En qué se convertirían los programas de TV (La Tuerka y demás) de Iglesias si para desgracia de España llegara a ser presidente? Una especie de Chávez con coleta.

Como todo autócrata, su tutor fue un gran paranoico necesitado de convencer a todos de que sus delirios eran lo más razonable. Ahí están los videos de sus desordenados discursos y programas de TV, donde enloquecía intentando justificar la perversidad de su mandato, confundir con cifras y logros difusos, con fatuas promesas, con cualquier pretexto que sirviera para magnificar su autoridad y vomitar esa enferma necesidad de calumniar a quien no estuviera a su lado. Lo mismo han hecho todos los gestores e hijos bastardos del terrible Socialismo del siglo XXI.

Iglesias va por el mismo camino. En su cruzada contra España, ha sabido aprovecharse de las carnadas preferidas de los populistas socialistas. Los millones de españoles desempleados, la ausencia de candidatos fuertes con una atractiva propuesta, el rechazo de no pocos al actual partido en el poder (PP), el desespero, la retinopatía y la implosión de miserias humanas que produce la pobreza, le han facilitado captar un gran número de adeptos, entre los que hay muchos estudiantes universitarios, que más que entender -y mucho menos analizar- la plataforma de Podemos, aplauden obnubilados el snob de su fraseología neocomunista. Cuando la democracia liberal falla, le sirve la mesa al populismo.

Avivar rencores, sembrar envidias, tergiversar la realidad, manipular la historia, fragmentar los valores que sustentan las democracias, destruir, expropiar: son prácticas que, aunque rancias, desgraciadamente han surtido efecto en grandes masas por todo el mundo. Parecieran cíclicos castigos. Los nazis perdieron la guerra y el imperio después de causar mucho daño. Luego cayó el Muro de Berlín y desapareció la Unión Soviética. Pero los revolucionarios cubanos siguen controlando la perturbada isla. Cosa que ahora intenta hacer Pablo Iglesias, aprovechándose de los tentáculos de la crisis, en medio de la Des-Unión Europea del Brexit y el auge de los nacionalismos y del terrorismo. Mientras Venezuela busca librarse del lastre chavista, Donald Trump amenaza a Estados Unidos. Menuda realidad.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar