Pocas veces la realidad supera la ficción y ésta es una de ellas. El cable submarino de comunicaciones que Venezuela ofreció a Cuba hace seis años adjudicó grandes beneficios, no a pueblo venezolano ni al cubano, sino a particulares que adquirieron una buena tajada de los 60 millones de dólares que La Habana debió haber pagado.
Favores bien remunerados
Hoy salen a la luz las declaraciones de los técnicos que atendieron el proyecto y quieren revelar las pérdidas millonarias, específicamente la manipulación del convenio que llamó a burlar “el bloqueo sobre las telecomunicaciones impuesto a Cuba por los Estados Unidos”
Hoy salen a la luz las declaraciones de los técnicos que atendieron el proyecto y quieren revelar las pérdidas millonarias, específicamente la manipulación del convenio que llamó a burlar “el bloqueo sobre las telecomunicaciones impuesto a Cuba por los Estados Unidos”.
La manipulación arrojó grandes beneficios que fueron a parar a las manos de un militar de alto rango, que fue uno de los preferidos de Hugo Chávez, el general Wilfredo José Morales Marques.
De hecho, Morales Marques demostró fidelidad a Chávez cuando, aún después de secundarlo durante el fallido golpe de estado en 1992, siguió a su lado, siendo uno de los militares más cercanos, capaz de cumplir las órdenes necesarias para mantenerse en la cima del poder.
De cualquier manera, el negocio continuó tras la muerte de Chávez. Incluso el presidente Nicolás Maduro facilitó el contacto de los inversionistas con un socio de Morales Marques, quien facilitaría otras relaciones necesarias y solicitó de antemano una comisión de cinco millones de dólares por su participación en el negocio.
No fue la mal llamada hermandad entre los pueblos lo que motivó a los gobiernos de Chávez y Maduro a facilitar la instalación del cable submarino con Cuba, sino el estado virginal del sistema de comunicaciones en la isla, el atraso descomunal del país que reclama inversiones y promete grandes ganancias a quien menos escrúpulos tenga.
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