ver más
EFEMÉRIDE

4 de Julio, celebración de la "segunda oportunidad"

Dos historias revelan que, más allá de los fuegos artificiales y las tradicionales parrilladas, la fecha condensa la gratitud de quienes rehicieron su vida lejos de casa en la tierra que les abrió las puertas

Por Daniel Castropé

MIAMI.- Miles de inmigrantes del sur de la Florida cada año se alistan para celebrar este 4 de julio el Día de la Independencia de Estados Unidos con una motivación que trasciende los fuegos artificiales y los reencuentros familiares. Para buena parte de la diáspora cubana y venezolana de Miami-Dade, la fecha se ha convertido en el símbolo de la segunda oportunidad y de la libertad que recuperaron al rehacer su vida en el país que los acogió.

En parques de Miami, Doral, Hialeah y Homestead, entre otras localidades, las celebraciones reúnen a familias que huyeron de regímenes autoritarios y de crisis económicas, y que asumen el aniversario patrio como un acto íntimo de agradecimiento.

Detrás de esa lectura colectiva hay miles de trayectorias personales que le dan sentido. Dos de ellas, separadas por el origen y por el estatus migratorio, pero unidas por el mismo afán de empezar de nuevo, condensan el modo en que la diáspora vive la fecha.

Veinte años al volante

La primera es la de un cubano que convirtió el volante de un camión en el motor de su nueva existencia. Reinaldo Estévez llegó a Miami desde Cienfuegos hace casi veinte años, cuando aún regía la política de “pies secos, pies mojados” que abría una puerta de legalización a los cubanos que tocaban suelo estadounidense.

Comenzó como ayudante en un almacén de Hialeah y, al amparo de la Ley de Ajuste Cubano, obtuvo primero la residencia permanente y más tarde la ciudadanía.

Hoy, a sus 53 años, el ‘rastrero’ conduce su propio camión de carga con remolque por las autopistas del sureste del país, transporta productos agrícolas y mercancía seca, y da trabajo de manera intermitente a otros dos choferes.

“Yo llegué con una bolsa de ropa y el miedo metido en el cuerpo. Hoy tengo mi camión, mi casa y mis hijos estudian aquí. El 4 de Julio no es solo la independencia de este país, es la mía”, afirmó Estévez antes de emprender un viaje de varios días.

El conductor aseguró que cada año cuelga una bandera estadounidense en la cabina del vehículo. “La pongo con orgullo. Este país me dio lo que el mío me quitó: la posibilidad de trabajar tranquilo y de decir lo que pienso sin mirar por encima del hombro”, sostuvo el cubano, que se naturalizó en 2014 y desde entonces no ha faltado a una sola celebración patria.

Sabor de Venezuela

A pocos kilómetros, en Doral, la venezolana Andreína Colmenares vive una historia distinta, pero atravesada por el mismo sentido de oportunidad. Llegó hace seis años desde Maracay y, aunque todavía aguarda la resolución de su trámite migratorio, levantó un negocio de comida venezolana a domicilio que la sostiene a ella y a su familia.

Desde la cocina de su apartamento elabora arepas rellenas, pabellón criollo, tequeños y hallacas por encargo, que distribuye en Doral y en localidades vecinas como Sweetwater, Fontainebleau y Miami Lakes.

“Empecé con una olla y un grupo de WhatsApp. Hoy tengo clientes fijos que me escriben todas las semanas. Aquí, si trabajas duro, las puertas se abren”, relató Colmenares.

La emprendedora reconoció que la incertidumbre sobre sus documentos le pesa, pero prefiere mirar hacia adelante. “Vivo bien, mantengo a mi gente y no le debo nada a nadie. Eso, para alguien que salió de Venezuela sin nada, ya es una victoria”, expresó.

Corazón dividido

La alegría del 4 de Julio, sin embargo, convive este año con el dolor por los recientes terremotos que sacudieron a Venezuela y dejaron pérdidas materiales y angustia entre la diáspora.

Colmenares narró que pasó muchas horas pendiente del teléfono hasta confirmar que todos sus familiares en territorio venezolano se encontraban a salvo. “Lloré mucho, no lo voy a negar. Ver a tu país sufrir desde lejos y no poder abrazar a los tuyos es muy duro”, confesó.

Pese a la tristeza, la venezolana dijo que mantiene el optimismo que la trajo hasta aquí. “Mi familia está bien, eso es lo más importante. Y mientras tenga salud y manos para cocinar, voy a salir adelante”, agregó con la voz entrecortada.

Doral, conocida popularmente como “Doralzuela” por ser la ciudad con mayor proporción de venezolanos del país, desde el 24 de junio que ocurrió el doble sismo, se ha volcado en campañas de ayuda humanitaria para los damnificados.

Centros de acopio coordinados por la alcaldía y por organizaciones como Global Empowerment Mission recaudan donaciones de artículos de primera necesidad para enviar hacia la nación sudamericana. Esa movilización, según residentes, refuerza el doble carácter de la fecha: gratitud por la tierra que los recibió y solidaridad con la que dejaron atrás.

Sin embargo, el sentimiento de desarraigo no es exclusivo de la comunidad venezolana. Estévez confesó que su alegría por la efeméride también carga una pena honda por la situación de Cuba, que describe como cada vez más crítica.

"Uno celebra aquí, pero con un nudo en la garganta, porque allá no hay nada. La crisis se hace más profunda cada día", lamentó el camionero, que, según su relato, mantiene contacto frecuente con sus familiares en Cienfuegos.

Añadió que sus parientes pasan jornadas enteras con apenas unas pocas horas de electricidad, en medio de un sistema energético que calificó de “desastroso”, y que la escasez de alimentos se ha vuelto rutina. "Mi hermana me cuenta que se acuesta sin saber si al otro día va a tener con qué darles de comer a los muchachos. Eso a uno lo parte", comentó.

El conductor acotó que esa desesperación ha encendido entre muchos cubanos un reclamo que antes se pronunciaba en voz baja. "La gente allá ya no aguanta más. Muchos piden a gritos que Estados Unidos intervenga, porque sienten que solos no van a salir de esto", aseguró.

Para Estévez, la paradoja resulta inevitable: mientras enciende la parrilla del 4 de Julio rodeado de los suyos, piensa en quienes, a noventa millas de distancia, anhelan la libertad que él ya conquistó. "Yo brindo por este país, pero también por los que dejé atrás. Ojalá el año que viene ellos también tengan algo que celebrar", concluyó.

Una misma idea de libertad

Las trayectorias de Estévez y Colmenares ilustran realidades migratorias diferentes. El primero accedió a una vía legal consolidada que le permitió naturalizarse y echar raíces sin sobresaltos; la segunda forma parte de los cientos de miles de venezolanos que aguardan una definición sobre su estatus en medio de un panorama judicial incierto, después de que las protecciones temporales para esa nacionalidad quedaran en entredicho.

El número de personas de origen venezolano en Estados Unidos se multiplicó de manera notable en las últimas dos décadas, hasta superar las 900.000, un crecimiento que tuvo en el sur de la Florida uno de sus principales destinos.

Aun así, ambos coinciden en la lectura emocional de la efeméride. Para la comunidad inmigrante del sur de la Florida, el estallido de los fuegos artificiales sobre la bahía no marca únicamente el nacimiento de una nación ajena. Representa, sobre todo, la celebración de una vida que muchos creyeron perdida y que reencontraron a miles de kilómetros de su lugar de origen.

“Uno aprende a querer a esta tierra como propia”, resumió Estévez. “Aquí volví a empezar, y empezar de nuevo también es una forma de libertad”.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Temas

Deja tu comentario

Te puede interesar