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EDUCACIÓN

Académico dominicano advierte: Acceso inmediato a información no garantiza desarrollo del conocimiento

Franklin García Fermín, jurista, académico, exrector de la UASD y exministro dominicano de Educación Superior advierte que las redes sociales y el uso indiscriminado de la inteligencia artificial no pueden sustituir la lectura, el pensamiento crítico ni la educación universitaria

Por CARLOS ARMANDO CABRERA
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MIAMI. – “El conocimiento es el principal bien que puede tener una nación y la principal riqueza”, así resume el doctor Franklin García Fermín, exministro dominicano de Educación y exrector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), una filosofía edificada durante más de cuatro décadas de docencia, investigación y gestión al servicio de la educación superior en su país.

Jurista, académico y expresidente del Colegio de Abogados de la República Dominicana, ha sido testigo privilegiado de los profundos cambios que han transformado la manera en que las sociedades aprenden, fomentan la labor científica y preparan a las nuevas generaciones para afrontar las exigencias del futuro.

Durante un diálogo exclusivo con DIARIO LAS AMÉRICAS, reflexionó sobre la irrupción de la inteligencia artificial, el auge de las redes sociales, la pérdida de hábitos de lectura, la necesidad de impulsar nuevas generaciones de investigadores y el papel que corresponde a las universidades en una época donde la velocidad de la información parece imponerse sobre la reflexión.

“Es un bien intangible, que no podemos tocar, pero ese bien produce riqueza y genera desarrollo”, afirmó al referirse a ese activo estratégico para las naciones.

Para García Fermín, el mundo vive plenamente lo que el pensador Peter Drucker anticipó hace décadas cuando describió el futuro como una era impulsada por el saber y la innovación.

“Ya estamos viviendo la época del conocimiento. Por tanto, la educación en cualquier país del mundo es fundamental para que ese país logre su desarrollo”, sostuvo.

La frase adquiere un significado especial en voz de quien inició su carrera docente en la UASD en 1984 y posteriormente ocupó responsabilidades de primer nivel, entre ellas el decanato de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, el Vicerrectorado de Extensión y la rectoría de la principal universidad pública dominicana, distinguida además como la primada del continente.

Desde esas responsabilidades promovió iniciativas orientadas a la modernización institucional, el fortalecimiento académico y el acercamiento entre la universidad y la sociedad.

Transformar datos en saber

Aunque reconoce que internet democratizó el acceso a la información como nunca antes en la historia, advierte que la disponibilidad inmediata de registros no garantiza una base formativa sólida.

“El mundo ha cambiado. Ya la educación no es la educación que conocimos muchos de nosotros en nuestros inicios de estudios”, explicó.

“Hay una conectividad, hay desarrollo de la comunicación, internet, y todo esto ha cambiado la formación y la preparación de los jóvenes, de los profesionales y de los investigadores”.

Las instituciones de enseñanza superior están obligadas a adaptarse a esta nueva realidad mediante la actualización constante de sus planes de estudio.

“Las universidades tienen que producir cambios en su currículo, porque el mundo de hoy lo reclama”.

Sin embargo, advierte que esa transformación debe realizarse sin renunciar a los fundamentos que históricamente han sustentado la preparación profesional.

“Hay que crear una combinación entre la formación formal que podemos adquirir a través de los libros tradicionales y la formación continua o especializada que exige el mundo actual”.

Defendió la necesidad de combinar la enseñanza estructurada que ofrece la academia con la actualización permanente que demanda el mundo contemporáneo.

Agregando que los saberes adquiridos en las aulas proporcionan las bases metodológicas y conceptuales sobre las que posteriormente cada persona desarrolla nuevas competencias a lo largo de su trayectoria.

“Esa preparación que uno adquiere posteriormente la combina con la formación tradicional, que ofrece una base muy importante para la vida profesional”, indicó.

“Entonces se integra con las nuevas formas de comunicación y los avances tecnológicos que hoy juegan un papel fundamental en prácticamente todas las actividades laborales”.

Millones de trabajadores enfrentan hoy esa misma necesidad de actualización constante para adaptarse a tecnologías y herramientas que hace apenas unos años no existían.

Esa capacidad de adaptación se ha convertido en una competencia indispensable en prácticamente todos los ámbitos.

La educación superior proporciona los cimientos, mientras la capacitación continua permite responder a los cambios que surgen a lo largo del recorrido profesional.

"La clave no consiste en elegir entre educación formal o preparación autodidacta, sino en lograr que ambas dimensiones se complementen de manera efectiva."

Franklin García Fermín

En entrevista exclusiva el académico reflexionó sobre la irrupción de la inteligencia artificial, el auge de las redes sociales, la pérdida de hábitos de lectura y otros temas relacionados.

La crisis de la lectura

Uno de los asuntos que más inquieta al académico es la pérdida progresiva del hábito de lectura entre las nuevas generaciones.

“Hay grandes retos en las universidades de hoy, porque muchos jóvenes no recurren a la formación tradicional, a la lectura de libros, de obras importantes”, advirtió.

Sostiene que los estudios superiores no deben limitarse a transmitir información técnica, sino también acercar a los estudiantes a las grandes obras del pensamiento humano.

“Sería muy penoso que un profesional de hoy no conozca El Quijote”.

Al mencionar la obra cumbre de Miguel de Cervantes, no se refiere únicamente a su valor literario.

“La obra está llena de sabiduría. Lo mismo ocurre con muchos textos fundamentales que han contribuido a formar generaciones enteras”.

Más allá de las letras, reivindicó la importancia que históricamente han tenido disciplinas como la filosofía en el desarrollo del pensamiento crítico.

Recordó que generaciones enteras se formaron estudiando a pensadores como Aristóteles y Platón, cuyas reflexiones continúan ofreciendo herramientas para comprender la realidad, argumentar con rigor y fortalecer la capacidad analítica.

“Hoy tú dispones de una cantidad infinita de informaciones que necesariamente no contribuye a una buena formación”, observó.

No obstante, subrayó que uno de los riesgos de la era digital consiste precisamente en confundir acceso a información con desarrollo intelectual.

La prioridad, plantea, es enseñar a los estudiantes a procesar, interpretar y contextualizar ese enorme caudal informativo para transformarlo en saber práctico.

“La lectura continúa siendo una herramienta insustituible para desarrollar la capacidad crítica y el razonamiento”.

Redes y desinformación

La creciente influencia de plataformas como TikTok e Instagram en la manera en que la juventud consume contenidos constituye otro motivo de preocupación.

“Ese es un reto de primer orden para la educación”, afirmó.

Advirtió que cada vez es más frecuente que estudiantes y profesionales en formación acudan a espacios en línea que no necesariamente ofrecen información confiable o sustentada por evidencia.

“Es muy común que los jóvenes recurran a plataformas que no son especializadas, donde muchas informaciones son distorsionadas, no responden a la realidad ni han sido comprobadas científicamente”.

La situación no radica únicamente en la existencia de estas aplicaciones, sino en que con frecuencia terminan convirtiéndose en la principal fuente de consulta para millones de personas.

“Las fuentes que se utilizan para formarse deben ofrecer garantías de credibilidad y responder a criterios científicos”.

La expansión de estos entornos virtuales obliga a las instituciones educativas a redoblar esfuerzos para fortalecer el pensamiento crítico y la capacidad de discernimiento.

La abundancia de datos no siempre viene acompañada de rigor, contexto o verificación.

“Precisamente ahí radica una de las mayores preocupaciones de la educación contemporánea”, apunta con precisión.

Más allá de las aulas

El docente advirtió que la creciente dependencia de herramientas digitales plantea situaciones que trascienden el ámbito universitario.

Citó como ejemplo la tendencia cada vez más frecuente de personas que buscan diagnósticos médicos, recomendaciones de salud o respuestas especializadas a través de canales tecnológicos antes de consultar directamente a especialistas capacitados.

“Fenómenos como ese reflejan la necesidad de fortalecer la educación crítica y la capacidad de discernimiento en una época donde la información está disponible de forma inmediata, pero no siempre proviene de fuentes verificadas.”

“El problema no es el acceso a la información, sino la falta de herramientas para evaluar su calidad y confiabilidad”, añade.

Desafío del antiplagio

Uno de los efectos más visibles de la expansión de la IA ya puede observarse en las universidades.

Cada vez es más frecuente detectar trabajos académicos elaborados con apoyo de sistemas generativos sin que exista un verdadero análisis por parte del estudiante.

“Muchas veces aparece que no son trabajos copiados de un libro o de un texto, sino que vienen directamente del ChatGPT”.

Por esa razón, explicó que los centros educativos han debido reforzar los mecanismos de supervisión y control mediante herramientas de detección de plagio y verificación de originalidad.

Recordó que “la actividad investigativa siempre ha permitido citar autores y apoyarse en trabajos previos, mientras que exista una correcta atribución de las fuentes.”

Sin embargo, advirtió que el uso indiscriminado de estas plataformas puede debilitar capacidades esenciales para la formación de los educandos.

“No lo podemos evitar, pero sí tenemos que buscar alternativas que permitan que los profesores formen parte de un seguimiento permanente”.

De acuerdo a su experiencia dice: “el objetivo no debe ser perseguir la tecnología, sino garantizar que continúe siendo una herramienta complementaria y no un sustituto del pensamiento propio.”

Formar científicos

Más allá de la preparación profesional tradicional, García Fermín considera que la región enfrenta una realidad aún más exigente: fortalecer la investigación científica y la innovación.

“El reto es que América Latina pueda formar científicos capaces de crear patentes”.

El área necesita avanzar hacia un modelo que no solo forme profesionales competentes, sino también investigadores capaces de promover avances científicos y desarrollar producción científica propia.

Recordó que Latinoamérica ha aportado figuras extraordinarias a la literatura universal, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Gabriela Mistral, pero entiende que el siguiente paso consiste en alcanzar niveles similares de excelencia en otros campos.

“Necesitamos tener premios Nobel en física, en química, en matemática, en medicina y en otras áreas del conocimiento. América Latina tiene el potencial para ello, pero tenemos que prepararnos. Hay que crear una masa crítica de investigadores porque la creación de conocimiento es el principal bien que puede tener una nación”.

Becas y competitividad

Dentro de esa estrategia de fortalecimiento académico, puntualizó el valor de los programas de becas nacionales e internacionales impulsados en los últimos años.

Según detalló, la nación caribeña ha desarrollado una agresiva política de especialización avanzada que permite cada año a alrededor de 2.000 jóvenes cursar estudios en universidades de prestigio internacional mediante becas que cubren matrícula, manutención y seguro médico.

A ello se suman cerca de 8.000 becas nacionales destinadas a fortalecer la capacitación de nuevos talentos en distintas disciplinas.

La meta, sostuvo, “consiste en incrementar la masa crítica de especialistas e investigadores que el país necesita para competir en una economía cada vez más basada en la innovación y el capital intelectual, además de acelerar la transferencia de saberes hacia sectores estratégicos para el crecimiento nacional.”

También resaltó el papel de la enseñanza de idiomas extranjeros, particularmente inglés, francés y portugués, como herramientas indispensables para competir en un mercado laboral cada vez más globalizado.

Añadió que “el ejercicio profesional del siglo XXI exige una visión internacional y una capacitación capaz de responder a escenarios que ya no conocen fronteras.”

R.D, destino académico

Defendió el potencial del territorio para consolidarse como un referente educativo del hemisferio.

“República Dominicana está en un buen momento en la formación universitaria”.

Subrayó el fortalecimiento institucional de las casas de altos estudios, la evaluación permanente de la calidad académica y la creciente presencia de centros dominicanos en rankings internacionales.

“Actualmente tenemos 57 instituciones de educación superior y muchas de ellas ya están apareciendo en rankings internacionales”.

Afirmó que la isla tiene condiciones para proyectarse no solo como uno de los principales destinos turísticos del Caribe, sino también como un importante centro de educación superior en el continente.

Una diferencia abismal

Al comparar la educación estructurada con el aprendizaje basado exclusivamente en contenidos dispersos de internet y redes sociales, fue categórico.

“Hay una diferencia abismal”.

A su juicio, esa distancia no se mide únicamente por la cantidad de información disponible, sino por la capacidad de comprenderla, analizarla y convertirla en criterio propio.

La enseñanza organizada permite desarrollar habilidades de razonamiento que difícilmente pueden adquirirse mediante el consumo aislado de materiales digitales.

“Es una persona capaz de razonar, de pensar y de producir”, sostuvo al describir a quien ha pasado por un proceso académico basado en la lectura, la investigación y el intercambio intelectual.

Por el contrario, advirtió que quienes dependen exclusivamente de contenidos fragmentados pueden carecer de herramientas para distinguir entre datos confiables y desinformación.

El mensaje final

Antes de finalizar la conversación, dejó una recomendación sencilla, pero que estima esencial para cualquier persona.

“La lectura es fundamental. Si usted quiere ser un profesional competente en cualquier área del conocimiento, tiene que leer”.

Y resumió toda su filosofía educativa en una frase que, según afirma, conserva plena vigencia en medio de las transformaciones tecnológicas del siglo XXI:

“La educación es la fuente primaria del desarrollo de un país”.

En una época donde la información circula a una velocidad nunca antes vista y la inteligencia artificial redefine la manera de aprender, el ilustre profesor insiste en una convicción que ha defendido desde las aulas, la gestión universitaria y el trabajo intelectual: el saber no ocupa espacio y sigue siendo la principal riqueza de una nación.

“Un ciudadano educado es un ciudadano que aporta, que contribuye al desarrollo, al orden y a la paz”, concluyó.

Los avances tecnológicos no reducen la importancia de la educación superior; por el contrario, la hacen más necesaria que nunca.

Su mensaje para las nuevas generaciones sigue siendo el mismo que ha defendido desde que por primera mes tomó una tiza y un borrador en sus manos: leer, pensar, cuestionar, investigar y aprender continúan siendo las herramientas más poderosas para construir sociedades prósperas, democráticas y capaces de afrontar las exigencias del futuro.

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