MIAMI.- La vida de Amparo Restrepo, una colombiana que llegó a Estados Unidos con 11 años, era como la de cualquier otro inmigrante que encuentra en este país las oportunidades para salir adelante. Empresaria, amante de los negocios y los viajes y madre de tres hijos. Nada le faltaba para ser feliz. Hasta esa madrugada del 21 de octubre de 2017 cuando escuchó a través del teléfono los gritos desesperados de su hija Natalie.
El adiós de una madre al hijo que la violencia le arrebató
Se hallaba en la isla de San Martín. Dormía. Tenía el móvil apagado, pero su hija mayor logró comunicarse con ella mediante el teléfono de su novio. Amparo no entendía lo que pasaba. En un principio pensó que se trataba de algún problema con uno de los hijos de su pareja. Pero no. De quien hablaba la joven al otro lado de la línea era de Alexander. ‘Alexito’, como sigue diciéndole Amparo, un ingeniero nuclear graduado con honores en la Universidad de Florida (UF).
“Se fue, mami. Álex se fue…”, eran las dos frases que repetía Natalie, entre sollozos y palabras entrecortadas. Acababan de asesinar al segundo de los hijos de Amparo, al salir de una fiesta de Halloween en el suroeste de Miami-Dade. El ‘calvario’ para esta madre apenas comenzaba.
En busca de la verdad
Había ido a San Martín, una paradisiaca isla en el Caribe, por razones de negocio. Lejos estaba la posibilidad de tener que interrumpir el viaje ante la trágica noticia, que, según recuerda, la hizo sentir “como una loca desesperada, sin saber qué hacer”.
Eran aproximadamente las cuatro de la mañana. Una tormenta tropical había causado estragos en varias islas del área. Daba vueltas de un lado para otro en el cuarto, luego se dirigió al pasillo contiguo, caminando sin brújula ni dirección. “Quería que amaneciera rápido, gritaba, me estaba volviendo loca”.
Estuvo temprano en el aeropuerto. La tormenta había ocasionado cancelaciones y retrasos en los vuelos. Pensó en rentar un vuelo privado que estaba dispuesta a pagar con un préstamo sobre el título de su casa en Miami Lakes. No fue necesario. Un hombre, en vista de la desesperación que embargaba a Restrepo, le cedió su puesto en un vuelo comercial.
En horas de la tarde, ya estaba de regreso en Miami-Dade. Quería respuestas, nadie se las daba. Sus mayores inquietudes: saber por qué habían asesinado a su hijo y quién o quiénes eran los responsables del crimen. Tenía sed de justicia, de acuerdo con el relato de Amparo.
Las autoridades no le permitieron participar en los interrogatorios a los testigos del violento acto que acabó con la vida de Alexander Restrepo. El ingeniero al servicio de la Florida Power & Light (FPL) había recibido once cuchilladas al abandonar la fiesta celebrada en casa de una amiga.
¿Qué logró averiguar Amparo? Alrededor de quince “jovencitos de no más de 25 años” habían esperado a que ‘Álex’, sus dos hermanos, un amigo y su novia salieran de la casa donde se festejaba Halloween. “Me dijeron que lanzaban botellas de vidrio contra el suelo cuando mi hijo pasaba por el lado de ellos”.
El motivo del crimen todavía es un misterio para Amparo. Solo tiene conocimiento de que su hijo ya estaba a bordo de su vehículo, observó que golpeaban a su amigo, “rodeaban a su hermano Christopher” y decidió intervenir. Minutos más tarde, socorristas intentaban salvar su vida. Nada pudieron hacer, era demasiado tarde.
Condena
Las autoridades policiales hicieron su trabajo. Detuvieron a un sospechoso, más tarde a dos más y finalmente a una cuarta persona de interés en el caso, a quienes señalaron como directa o indirectamente involucrados en el asesinato.
Tres de los implicados fueron absueltos por la justicia. Uno de ellos, quien inicialmente se había inculpado, revirtió su testimonio y decidió colaborar para darle un giro radical al proceso.
El 12 de febrero de 2020, una corte criminal de Miami-Dade dictó sentencia de 25 años de cárcel contra Alejandro Tapia, como autor del asesinato del ingeniero nuclear.
Amparo rememora que ese día habló por más de 45 minutos en el recinto de la corte. “No me aguanté más y tuve que gritarle ‘Tapia, tú eres un monstruo’”. No estuvo de acuerdo con el fallo de la justicia. Deseaba una cadena perpetua para el agresor.
Tiempos difíciles
Amparo no oculta que intentó quitarse la vida en por lo menos cuatro ocasiones. “Quiero que se sepa para que el mundo conozca el dolor de una madre; puede publicarlo [se dirige al autor de este reportaje]”.
Algunas veces, según dijo, se encerraba en su vehículo en el garaje de casa tratando de intoxicarse con el dióxido de carbono que emiten los automotores. Un par de veces se llevó a la boca hasta 20 pastillas de diferentes medicamentos.
No cree “mucho en Dios”, es agnóstica, pero tras cada intento luego desistía envuelta en un mar de lágrimas, porque “algo me decía que no debía hacerlo”. En otros momentos, dejaba el garaje abierto en horas de la madrugada.
“Pensaba que alguien podía entrar con un arma, disparar hasta matarme y así no tenía que suicidarme”. Fue necesario asistir a psicólogos y psiquiatras. De hecho, todavía está sometida a “intensas terapias”. Además, recibió “consejos espirituales” del exsacerdote católico colombiano Gonzalo Gallo.
La idea del suicidio finalmente se disipó. “Yo fui a Medellín a una consulta con el padre Gallo, pero después hicieron una conferencia aquí en Miami y una mujer que me habló, me hizo cambiar de pensamiento”.
Homenaje a ‘Alexito’
Amparo sentía el imperativo de escribir un libro, que tituló Dolor indescriptible. El último adiós a mi amado hijo Alexander, en el que da a conocer detalles de la vida personal y de éxitos académicos y profesionales de su hijo.
Cuando cursaba cuarto grado en Carver Middle School, “fue calificado con una inteligencia superalta”, a tal punto que propusieron ascenderlo dos cursos. El niño de “ocho o nueve años” no aceptó. “No quiero perder a mis amiguitos”, dijo entonces.
Se graduó en la escuela secundaria Coral Reef High School. Su promedio académico le permitió ser becado 100% por la Universidad de Florida en Gainesville, donde obtuvo el título de ingeniero nuclear. Estudió dos maestrías. Su tesis fue laureada en Anaheim, California, en un acto con el secretario de Energía de EEUU.
Estuvo a punto de ser reclutado por el Navy, pero se abstuvo bajo la premisa de que “no quería estar largos meses metido en un submarino”. En cambio, fue contratado por la FPL en West Palm Beach y después logró el traslado a la planta de Turkey Point de esa compañía en Homestead.
Cuando se cumple el quinto aniversario del crimen, el libro refleja un sentimiento tan fuerte que es difícil de refutar: no hay amor más grande que el de una madre por su hijo.
“Quiero dejarle al mundo los valores físicos y morales que durante su corta existencia acompañaron a este hijo que solo tuvimos por 33 años y, por consiguiente, quiero también que quede constancia del dolor y la angustia suprema de una madre.
“Este sería mi último adiós, mi último beso y las últimas dos palabras: ‘te amo’”.
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@danielcastrope
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