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TV Y MEDIOS

Fausto Malavé: "Somos los ojos y la voz de nuestra gente"

El presentador del Noticiero Telemundo 51 (Miami) se acercó a los medios siendo muy joven y ha construido una exitosa carrera
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI— El periodista venezolano Fausto Malavé se ha convertido en un rostro familiar para la comunidad hispana del sur de Florida. La fidelidad de los televidentes se debe al rigor y el profesionalismo que demuestra como presentador ancla del Noticiero Telemundo 51 en sus emisiones de las 6pm y las 11pm.

Malavé respondió con gusto a varias preguntas de DIARIO LAS AMÉRICAS, en un diálogo que comenzó con un viaje a su infancia, en su natal Caracas.

“Nací el 28 de mayo de 1967, dos meses antes del terremoto [ocurrido en La Guaira, Vargas, el 29 de julio de ese año]. Mi madre siempre le decía eso a sus amistades queriendo decir que yo era muy tremendo”, bromeó.

Su atracción por el periodismo viene “desde siempre, incluso antes de comprenderlo o darme cuenta. Desde muy niño me apasionaba todo lo que tenía que ver con la comunicación”. A los 7 años “me gustaba declamar frente a los pacientes en la sala de espera del consultorio odontológico de mis padres. Siempre fui muy curioso, a todo el mundo lo entrevistaba sin saber que lo estaba entrevistando”.

Con 14 años y durante unas vacaciones familiares, “usando el equipo de grabación Betamax de mi papá, grabé un noticiero de las vacaciones para mostrárselo a mi regreso a mi abuela en Caracas. Aún conservo ese video que nunca he compartido en redes sociales”.

Su entrada en los medios “se dio por accidente”. Cuando su madre lo llevaba a la escuela solían escuchar en la radio un programa de la periodista Isa Dobles y “eso sembró en mí una semilla que germinó a los 16 cuando una alumna de mi madre me invitó a su programa de radio”.

A partir de ahí se enfocó en estudiar locución. Tras una pasantía en Radio Caracas Televisión (RCTV), trabajó en Venevisión y en 1988 “surgió la posibilidad de un trabajo en Venezolana de Televisión como operador de teleprompter. Estudiaba Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela y eso me permitió conocer el medio televisivo desde otro punto de vista”.

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Dentro del equipo técnico “aprendí a editar y buena parte del mundo operacional de una televisora”. Poco después “comenzaron a buscar un narrador de noticias para los breves informativos del fin de semana. Se me ocurrió preguntarle a la gerente si podía hacer la audición y la presidenta del canal, Marta Colomina, me escogió. Así comenzó formalmente mi carrera en pantalla, el 6 de agosto de 1988”.

Más tarde se unió al equipo de Isa Dobles en el programa Nosotros Venezuela. Como recordó, Dobles “decía que yo tenía ‘ángel’, algo que para ella era necesario en este medio. Seis años después me fui a CMT Canal 51, luego a Venevisión, Televen, y luego en Miami a Univisión y finalmente a Telemundo”.

Compromiso con la noticia

Por su destreza en cámara, Malavé recibió durante seis años seguidos el Premio Nacional Casa del Artista (Venezuela), y en 1999 obtuvo el prestigioso Premio Monseñor Pellín al Mejor Programa de Opinión del Año. Ha ganado el premio EMMY en varias ocasiones, además de otros reconocimientos. Cuenta con la membresía de la National Academy of Television Arts & Sciences.

Al describir el papel del comunicador, subrayó que “el periodista es un medio dentro del medio. Uno tiene el privilegio de estar en los sitios donde ocurren las noticias y uno siempre debe pensar en todo lo que el público quiere y necesita saber. Debemos preguntar todo lo posible para que el televidente no se quede con ninguna pregunta o duda. En ese momento somos los ojos y la voz de nuestra gente”.

“En estos tiempos en que hay tanta desinformación, muchas de ellas muy convincentes, rodando por redes sociales, pienso que nuestra labor se mantiene igual, solo que ahora hay que lidiar con quienes le creen más a cualquier cosa que leen”, alertó el periodista, que cuenta además con experiencia en prensa escrita. Por eso, “siempre busco fuentes confiables. Ese es el mensaje que hay que proyectar a la comunidad: no se le puede creer a cualquiera que diga cualquier cosa”.

Sobre alguna herramienta que le haya permitido afrontar las coberturas más exigentes, dijo que “siempre ha sido, es y será documentarse lo más posible. Y con la velocidad que hoy vuelan las noticias, gracias a las redes sociales, a veces es un trabajo cuesta arriba, pero hay que hacerlo”.

“Como comunicadores tenemos una inmensa responsabilidad para con nuestra audiencia. Leo mucho, investigo mucho, escucho mucho. Grabo programas de opinión y muchos noticieros tanto en inglés y en español, escucho programas de radio, reviso portales grandes y pequeños en internet, que veo que mantienen una línea informativa y de investigación respetable”, acotó.

Malavé no olvida los momentos impactantes de su carrera, como el terremoto de Cariaco, en el Estado Sucre, Venezuela (1997): “Recorrer la zona fue algo sumamente fuerte. Nunca había visto hasta entonces la muerte tan de cerca”.

“Tragedias como la del colapso del edificio en Surfside son situaciones que te marcan. Es allí donde uno debe aprender a hacer ‘de tripas corazón’, porque, aunque sigues siendo un ser humano debes aprender a lidiar con tus emociones y hacer que no intervengan en tu trabajo: transmitir los hechos”, destacó.

¿Qué consejo le daría Fausto Malavé a un joven que aspira a ser periodista? Para responder a esta pregunta, se remontó a sus 20 años, durante una pasantía en RCTV.

“Ocurrió un error en una grabación. Era responsabilidad de una productora que a última hora no quiso ir y mandó al pasante (yo) a que la cubriera. La que era productora general del programa me llamó a su oficina para decirme que mi pasantía se acaba ese día, porque lo que había hecho demostraba ‘que no servía para televisión’. Ese día fue terrible. Me fui a llorar varias horas a un cuartito de edición. Fue un tiro al corazón”, contó.

Como sumó, “cuento esto porque a los pocos meses Dios me hizo darme cuenta de que lo más importante en la vida es estar seguro de lo que quieres lograr y trabajar para eso, sin importar quienes, en el camino, intenten desviarte. Ese es el consejo: Cree en ti y en que eres capaz de ser lo que te propongas y llegar hasta donde quieras. El cielo es el límite”.

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