MEDICINA E INNOVACIÓN

Juan Pablo Umaña, la vocación de reparar el corazón

El jefe de Cirugía Cardiotorácica de UHealth repasa las decisiones que marcaron su carrera y explica la selección de pacientes, los riesgos y la recuperación del procedimiento Ross

Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI.- Juan Pablo Umaña pensaba que iba a estudiar ingeniería biomédica. La fascinación por la física y la biología, sumada a la influencia de su padre, ingeniero, lo acercaba a esa profesión.

Nacido en Bogotá, Colombia, creció en una familia en la que el compromiso social tenía un lugar importante. Su madre había creado una fundación para cuidar a los hijos de madres solteras durante sus jornadas laborales. Después de un desastre natural que dejó a miles de personas sin hogar, lo llevó a colaborar en la asistencia a las familias damnificadas. En aquel encuentro con las necesidades de otros, cuenta, “encontré mi vocación de ayuda”.

Estudió Medicina en la Universidad del Rosario y pronto decidió que quería ser cirujano. Su meta era acceder a uno de los diez mejores programas de Estados Unidos. Pasó tres años investigando en trasplante hepático antes de ingresar a la residencia de Cirugía General de la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Durante esa etapa trabajó un año en el laboratorio del doctor Mehmet Oz, desarrollando métodos de reparación de la válvula mitral. Aquella experiencia definió su especialidad y su interés por conservar o restablecer el funcionamiento de las válvulas cardíacas. “Fue ahí en donde me enamoré de la cirugía cardiovascular”, afirma. Es coinventor del MitraClip, desarrollado y patentado durante ese período, que permite reparar la mitral mediante un catéter.

La presentación de aquellos hallazgos en una conferencia nacional de la Asociación Americana del Corazón propició otro encuentro decisivo: conoció al doctor Craig Miller, quien lo animó a continuar su formación cardiovascular en la Universidad Stanford, en California. Ambos maestros, reconoce, marcaron su manera de ejercer.

El cirujano es coinventor del MitraClip, un dispositivo que permite reparar la válvula mitral mediante un catéter.

Al terminar su entrenamiento regresó a Colombia con el propósito de elevar el nivel de la atención cardiovascular en Latinoamérica. Desde la Fundación Cardioinfantil, donde se desempeñó como director del Instituto de Cardiología, dedicó veinte años a construir un programa de proyección internacional. La institución se consolidó como uno de los centros de referencia de la región.

En 2023 volvió a Estados Unidos, con etapas en Cleveland, Ohio, y Weston, Florida, dentro de Cleveland Clinic. Posteriormente, su incorporación a UHealth, el sistema de salud de la Universidad de Miami abrió una nueva oportunidad para desarrollar un programa de alcance regional. “Entendí que solo desde un centro universitario iba a lograr establecer un programa de clase mundial para el sur de la Florida”, explica. Su aspiración se extiende al sureste del país.

Esa trayectoria sirve de punto de partida para una conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre el procedimiento Ross. Umaña destaca que, en pacientes jóvenes seleccionados, sus resultados pueden ofrecer una supervivencia comparable a la de la población general de la misma edad. La elección de los candidatos y las exigencias de la intervención centran el siguiente diálogo.

- ¿Qué ocurre en el corazón cuando falla la válvula aórtica?

Cuando la válvula aórtica falla, el corazón debe trabajar más de lo normal. Con el tiempo, ese esfuerzo puede llevar a una disminución de la función cardíaca y, como consecuencia, a una reducción de la expectativa de vida del paciente.

- ¿En qué consiste el procedimiento Ross y cómo se utilizan las válvulas del paciente y del donante?

Consiste en reemplazar la válvula aórtica dañada por la válvula pulmonar del mismo paciente. Eso se llama un autoinjerto.

En el lugar de la válvula pulmonar se coloca un homoinjerto pulmonar humano, es decir, una válvula procedente de un donante. El tejido utilizado ha sido previamente descelularizado y criopreservado.

¿Qué perfil de paciente considera ideal para esta técnica?

Esta cirugía es ideal para pacientes con enfermedad de la válvula aórtica menores de sesenta años que no tengan una dilatación concomitante de la raíz aórtica.

- Cuando una persona ya ha tenido una operación del corazón, ¿qué desafíos supone volver a intervenir?

Una reoperación implica mayor riesgo por la existencia de adherencias o cicatrices causadas por la cirugía anterior.

La nueva operación debe planificarse cuidadosamente para evitar complicaciones al volver a acceder al corazón y durante la disección, al liberar de adherencias el corazón y la aorta.

Se requiere un equipo multidisciplinario que estudie al paciente antes de la cirugía y colabore también en el manejo posoperatorio.

- ¿Qué beneficios ofrece utilizar una válvula del propio paciente?

Al utilizar una válvula autóloga, del propio paciente, se evita la necesidad de anticoagulación y se proporciona un desempeño hemodinámico óptimo, lo que se traduce en una mejor calidad de vida.

- ¿Cuáles son los principales desafíos técnicos de esta intervención?

Entre los principales riesgos están el daño del autoinjerto durante la disección, al separarlo de los tejidos que lo rodean, y su distorsión durante el implante.

Es una operación de mayor complejidad que un reemplazo aórtico convencional. Por eso requiere experiencia tanto en el procedimiento Ross como en cirugía compleja de la raíz aórtica.

- ¿Qué cuidados considera fundamentales durante la recuperación y cómo se retoma el ejercicio?

La recuperación, por lo general, es excelente. Lo más importante durante los primeros seis meses después de la cirugía es el control de la presión arterial.

Durante ese tiempo, el autoinjerto debe adaptarse a una presión mayor de la que tenía en su posición original: la presión en la arteria pulmonar es considerablemente menor que en la aorta.

Por ese motivo, se les pide a los pacientes evitar el levantamiento de pesas durante ese período, pero retomar las actividades cotidianas y el ejercicio aeróbico lo antes posible.

El procedimiento Ross conlleva riesgos quirúrgicos y requiere controles cardiológicos de por vida para evaluar el funcionamiento del autoinjerto y de la válvula del donante.

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