MIAMI.- La Ermita de la Caridad nació del deseo de los exiliados cubanos de conservar su fe, sus tradiciones y el vínculo con la tierra que habían dejado atrás. Con el paso de los años, el templo frente a la Bahía de Biscayne mantuvo intactas esas raíces, pero se convirtió también en una casa de oración para latinoamericanos de distintas procedencias.
La Ermita de la Caridad: un santuario que reúne a los latinos en Miami
El padre José Joaquín Espino relata cómo una devoción llevada al exilio echó raíces en la ciudad y se convirtió en refugio para fieles hispanos
Aunque los cubanos continúan siendo mayoría entre quienes acuden al lugar, por sus puertas pasan creyentes de diversos países que llegan para agradecer, pedir protección o depositar ante María de la Caridad las preocupaciones propias de quienes han debido comenzar nuevamente lejos de su nación de origen.
Esa dimensión integradora cobra un significado especial durante el Mes de la Herencia Hispana, cuando la diversidad de la urbe vuelve a poner de relieve los lazos culturales, históricos y religiosos que unen a sus residentes.
Al explicar la importancia de la conmemoración del 8 de septiembre para el sur de Florida, el reverendo José Joaquín Espino, rector del Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad, destacó en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS la relevancia que la fecha posee tanto para el pueblo cubano como para la Iglesia católica local.
“Esta celebración tiene un doble sentido para Miami. Primero, porque María de la Caridad es la patrona de Cuba, pero también es la copatrona de la Arquidiócesis”, señaló.
“Esta devoción a la Virgen, bajo el título de Nuestra Señora de la Caridad, se ha vuelto parte de la cultura de Miami y va mucho más allá”, sostuvo Espino.
En el año 2000, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos le concedió al recinto la categoría de santuario nacional.
“Ya tiene arraigo en la nación entera. Son pocos los lugares que reciben ese reconocimiento y este es el único santuario nacional dedicado a la Virgen de la Caridad en EEUU”, afirmó el sacerdote.
La historia de la Ermita está estrechamente ligada a la pequeña figura que salió de Cuba durante los primeros años del éxodo y que todavía ocupa un lugar central en las celebraciones.
“La Virgen que nos ha acompañado durante 65 años, esta imagen que veneramos aquí, fue la que llegó a Miami procedente de Guanabo”, relató el rector.
La escultura pertenecía a la parroquia de esa localidad habanera y había sido encargada por el sacerdote Armando Jiménez Rebollar. Ante la ausencia de una representación apropiada para las ceremonias organizadas por los recién llegados, comenzaron las gestiones para trasladarla a territorio estadounidense.
Su salida estuvo rodeada de dificultades. Espino cuenta ese recorrido como si se tratara de una cubana más que buscaba abandonar su país.
“Yo digo que es la Virgen exiliada. Primero se refugió en la Embajada de Perú y no pudo salir. Después estuvo en la de Italia y tampoco pudo hacerlo por allí. Finalmente llegó a la Embajada de Panamá”, narró.
En esa sede diplomática se encontraba Luis Gutiérrez Areces, un joven que había solicitado asilo y terminó asumiendo la responsabilidad de transportarla.
“Le dieron la salida el 8 de septiembre por la mañana. Cuando iba a subir al avión, le dijeron: ‘Mira, aquí está una maleta, que era una valija diplomática. Alguien te va a esperar en Miami’”, recordó.
Dentro del equipaje viajaba la figura religiosa que serviría de consuelo a miles de desterrados, muchos de ellos separados de sus familias y sin certezas sobre el futuro.
Aquella misma noche, la efigie presidió la primera misa multitudinaria convocada para el exilio en el antiguo Miami Stadium.
“Treinta mil cubanos se reunieron ese día y recibieron a la madre. Desde entonces celebramos con gran alegría y mucha fuerza esta fiesta de María de la Caridad”, expresó Espino.
El 8 de septiembre coincide además con la festividad litúrgica de la Natividad de la Virgen María. Cada año, la conmemoración combina oraciones, música, procesiones y banderas que reflejan tanto la identidad de la diáspora como la diversidad cultural de la región.
La llegada de la escultura precedió a la construcción del edificio actual. En 1966, el entonces arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll, exhortó a los desterrados a levantar un hogar dedicado a la patrona de su tierra natal. La estructura fue inaugurada en 1973 gracias a las contribuciones y al trabajo de quienes se habían establecido en la zona.
Con el transcurso del tiempo, las enseñas cubanas comenzaron a convivir en las ceremonias con las de otros países de América Latina. Familias procedentes de diferentes territorios encontraron allí un espacio para expresar una misma tradición de fe bajo las diversas advocaciones dedicadas a María a lo largo del continente.
La presencia de esos feligreses amplió el alcance pastoral de un sitio que conserva una memoria profundamente vinculada a Cuba. Sin renunciar a sus orígenes, sus puertas reciben también a quienes encuentran en la religión una forma de sobrellevar el desarraigo, la separación familiar y los desafíos de la vida migratoria.
Esa apertura explica por qué la Ermita representa hoy una de las expresiones más visibles de la identidad hispana local. Su historia comenzó con una experiencia nacional concreta, pero terminó enlazando otros acentos, recuerdos y maneras de profesar las creencias.
A orillas de la bahía, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la Cachita de los cubanos, continúa siendo símbolo de Cuba y de su diáspora. Al mismo tiempo, su manto se ha ensanchado para recibir las oraciones y esperanzas de una población latinoamericana que también reconoce en ella y su casa miamense un refugio para el alma.
Por favor usar las fotos de archivo más recientes con imagen de la virgen y el padre Espino. Gracias
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