Desde antes del comienzo del rosario, los asistentes ocuparon el espacio dispuesto para la ceremonia. Muchos llevaban rosarios, flores y banderas cubanas y estadounidenses, mientras esperaban la entrada de la Patrona entre cantos, oraciones y muestras de emoción.
El encuentro en el recinto ferial, ubicado en 10901 SW 24th Street, conocida como Coral Way, puso fin a una jornada iniciada a primera hora en el Santuario Nacional Ermita de la Caridad, frente a la bahía de Biscayne.
La efigie salió del santuario durante la tarde e hizo una parada en el Memorial Cubano, donde se elevó una oración por quienes murieron luchando por una patria libre. Posteriormente fue trasladada hasta el complejo ferial, donde miles de fieles aguardaban su llegada.
Momento en que la multitud interpreta las notas del Himno de Estados Unidos y Cuba respectivamente.
IVÁN PEDRAZA - DLA
El rosario comenzó a las 7:00 p.m. y dio paso al tradicional desfile de banderas, uno de los momentos más representativos de esta cita anual. Las enseñas avanzaron por las instalaciones y reflejaron la diversidad de comunidades, parroquias y movimientos que acuden cada año en honor de María de la Caridad.
Tras el paso de las banderas se inició la procesión, integrada por ministerios, congregaciones y organizaciones apostólicas de la Arquidiócesis de Miami. Cuando la imagen ingresó, todo el público se puso de pie para recibirla antes de la misa de las 8:00 p.m.
La eucaristía fue presidida por el arzobispo Thomas Wenski y concelebrada por sacerdotes de la región. También asistieron la supervisora de Elecciones de Miami-Dade, Alina García; el recaudador de impuestos del condado, Dariel Fernández; el tasador de la propiedad, Tomás Regalado, y varios líderes religiosos.
En su homilía, Wenski recordó que esta advocación mariana ha acompañado al pueblo cubano durante más de cuatro siglos, desde las luchas independentistas hasta los años de exilio, persecución religiosa y encarcelamiento bajo el régimen comunista.
El arzobispo evocó a quienes conservaron estampas religiosas de manera clandestina, a los presos políticos, a las víctimas de los campos de trabajo forzado de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y a las mujeres que continúan reclamando libertad dentro de la Isla.
También pidió que la nación avance hacia una reconciliación basada en la verdad, la justicia y la libertad, y que llegue el día en que “todos los cubanos seamos hermanos”. Su mensaje terminó con una invocación acogida por la multitud: “¡Virgen de la Caridad del Cobre, salva a Cuba!”.
El padre José Joaquín Espino, rector del Santuario Nacional Ermita de la Caridad, explicó a DIARIO LAS AMÉRICAS que la fecha posee un doble significado para la comunidad del sur de Florida.
“María de la Caridad es la patrona de Cuba, pero también la copatrona de la Arquidiócesis de Miami”, señaló. Según el sacerdote, esa veneración trascendió el ámbito de la comunidad cubana hasta integrarse en la cultura religiosa de Miami y extenderse a otras zonas de Estados Unidos.
“La devoción a la Virgen bajo el título de la Caridad se ha vuelto parte de la cultura de Miami y más allá”, afirmó Espino.
Espino enmarcó la conmemoración de este año en la experiencia del exilio. Recordó que la figura venerada actualmente en la Ermita procedía de la parroquia de Guanabo, en La Habana, y pertenecía a la familia de un sacerdote que había solicitado una imagen digna para quienes comenzaban a establecerse en esta orilla.
La Patrona de Cuba entra en procesión al Miami-Dade County Fair & Exposition, acompañada por sacerdotes y fieles.
IVÁN PEDRAZA - DLA
De acuerdo con su relato, Luis Gutiérrez, quien se encontraba refugiado en la sede diplomática de Panamá, recibió autorización para abandonar el país el 8 de septiembre de 1961. Antes de subir al avión le entregaron una maleta identificada como valija diplomática, con la indicación de que una persona la recogería cuando llegara a Miami. En su interior viajaba la imagen, que llegó a tiempo para presidir aquella misma noche la primera gran misa convocada para el exilio cubano en el antiguo Miami Stadium.
Unas 30.000 personas participaron en aquella ceremonia, que dio inicio a una tradición vigente seis décadas después.
“Para nosotros es también la Virgen exiliada, que nos ha acompañado durante 65 años”, expresó Espino. “Desde entonces celebramos con gran alegría y con mucha fuerza esta fiesta de María de la Caridad”.
El rector subrayó que la influencia de la Ermita se extiende más allá del sur de Florida. En el año 2000, el templo fue reconocido como santuario nacional por el arraigo de esta devoción entre fieles establecidos en distintos puntos de Estados Unidos.
Alina García destacó en conversación con este medio el significado espiritual de la Patrona tanto para quienes permanecen en Cuba como para aquellos que han tenido que emprender una nueva vida en el exterior.
“La Virgen de la Caridad del Cobre es parte de nosotros y nos da la fuerza que a veces nos hace falta, sobre todo a ese pueblo de Cuba que está luchando por la libertad”, manifestó García.
A su vez, Dariel Fernández resaltó la relación histórica de los cubanos con la Patrona.
“La Virgen de la Caridad siempre ha acompañado al pueblo de Cuba en todas sus batallas, en sus penas y también en todos los momentos en que el pueblo cubano ha pedido su intercesión”, expresó.
Asimismo, afirmó que el acto fue una oportunidad para pedir por la libertad de sus paisanos. A su juicio, aunque el régimen intentó durante décadas apartarlos de sus creencias, no consiguió eliminar una fe profundamente vinculada con la historia nacional.
“Esa ideología trató en muchos momentos de quitarle la fe al cubano, pero nunca pudo, porque está arraigada en la historia de cada cubano”, agregó.
Diferentes delegaciones religiosas avanzan por el salón con su insignia mientras los asistentes observan desde sus asientos.
CARLOS ARMANDO CABRERA - DLA
La festividad estuvo precedida por varias semanas de preparación bajo el lema “Caminando con Su Pueblo”. Una imagen peregrina recorrió 19 parroquias de Miami-Dade y Broward, mientras la tradicional novena convocó cada día a distintas congregaciones.
La jornada enlazó así dos momentos de un mismo legado religioso: la veneración desarrollada durante el día en el santuario y la concentración multitudinaria que ocupó el recinto ferial durante la procesión, el desfile de banderas y la misa.
Sesenta y cinco años después de aquel viaje, la misma figura sigue reuniendo a miles de personas en torno a una devoción que preserva la memoria del destierro y mantiene viva la esperanza de regresar algún día a una Patria libre.