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FLORIDA

Leo Castillo, el cirujano de las "bombas"

Como uno de los héroes de esta batalla. se mantiene al servicio de la comunidad en medio de la crisis por el coronavirus, sin importar la crisis sanitaria ni los riesgos para su vida
Por Leonardo Morales

MIAMI.- Leo Castillo, como muchos le conocen, es uno de los cirujanos de las estaciones de bombeo del Sistema de agua y alcantarillados de Miami-Dade (Water and Sewer). Desde hace 16 años trabaja en uno de los condados más poblados del país. Comenzó como un ayudante de mecánica y hoy es el principal mecánico de planta en la zona centro-este.

En tiempos de crisis como ésta, siempre le ha tocado servir a la comunidad junto a cientos de empleados indispensables en Miami-Dade. Su labor es tan importante como muchas otras profesiones. Leo repara todos los sistemas que controlan el bombeo de "aguas negras" hacia las plantas purificadoras.

Si Castillo no realiza esta labor, las roturas en el sistema de alcantarillado propiciarían que desde Key Biscayne hasta el Doral (su zona de trabajo) las calles se inunden de aguas albañales. Nos contaminaríamos con excremento humano y enfermaríamos en apenas días, como ocurre con el coronavirus.

Por eso decidí entrevistar a este hombre de manos ásperas y maltratadas por la manipulación durante años de pesadas piezas de hierro, que carga de un lugar a otro hasta dejarlas listas para su funcionamiento.

"Todo lo que se rompe en la calle, yo trato de solucionarlo en el taller, lo que representa un gran ahorro de dinero y tiempo en las reparaciones. Cuando ya están listos, los muchachos los recogen y rehacen la instalación”, explica Castillo.

La antigüedad del sistema de agua y alcantarillado en Miami- Dade conspira contra el trabajo de Leo y de sus otros 28 compañeros en la zona centro-este del condado, también los otros héroes de esta batalla .

Muchas veces sus 40 horas semanales son una formalidad, cuando lleva años de respuesta directa a emergencias y situaciones de crisis. Hoy Leo, sigue ahí, como uno de los tantos héroes anónimos que protegen nuestras comunidades.

Diario Las Américas, de la mano de la comunidad

Cada madrugada, muchas veces los 7 días de la semana, Leo sale de su casa bajo cualquier circunstancia, con una faja corporal para cuidar su columna, dañada por el peso de las piezas, y para soportar a veces el fuerte dolor de espalda; también, de sus articulaciones.

"Todos los trabajos que hacemos son muy difíciles. Tenemos estaciones que se encuentran hasta 40 pies de profundidad y cuando hay una rotura, trabajamos en muchas ocasiones con aguas albañales hasta casi el pecho", describe.

“Cuando una estación está inundada por una rotura hay que entrar a cerrar las válvulas de cualquier forma, porque de lo contrario el “agua negra” saldría a las calles". “Siempre estamos “on call” (esperando llamada) para solucionar una emergencia, y todas las roturas en este trabajo son emergencias”.

Uno de los días de mayor felicidad para Leo fue cuando un primo lo recogió en el Puerto del Mariel (Cuba) y lo trajo en barco a Estados Unidos. Fue el 14 de mayo de 1980. Dos meses después ya trabajaba para el gobierno federal ayudando a decenas de cubanos, que como él, decidieron salir en busca de libertad y prosperidad. Por eso con orgullo me dijo: “Sí, soy marielito, a mucha honra”.

“Yo llegué por el Mariel y dos meses después trabajaba en St. Elizabeth Hospital, en la sala de psiquiatría, ayudaba a personas que arribaron en ese éxodo masivo. Trabajé también en Tucson, Arizona, y en un programa en Filadelfia que sacaba a personas, sobre todo jóvenes, de la prisión federal de Atlanta para reinsertarlos en la sociedad, rehabilitarlos”.

Con más de un 45% de personas confinadas en casa por la pandemia de coronavirus, el trabajo en las alcantarillas se ha duplicado: “El mayor problema que tenemos ahora es que las personas arrojan por los baños sanitarios guantes de goma, baby wipes (toallitas para bebé), toallas sanitarias con cloro y otros productos que nos tienen en jaque. La mayor parte de las veces cuando se tupen las bombas, encontramos estos materiales que dañan y obstruyen nuestras tuberías y bombas”.

Leo trabaja solo en el taller de su zona, no tiene ayudantes, sus únicos aliados son su experiencia y su habilidad; sus iniciativas para enmendar cada emergencia. Desde hace 26 años comparte su vida con su esposa, tiene dos hijas: la menor estudia enfermería y la otra vino desde Cuba y rivalidó aquí su título de enfermera. Hoy también está en la primera línea, salvando vidas.

Los ocho camiones con sus compañeros de brigada entran y salen varias veces al día del taller, la efectividad en las labores depende de sus meticulosas cirugías diarias, cuando la gravedad impide resolver en el terreno. No lleva bata blanca, ni estetoscopio, pero sí la coraza de héroe, de un hombre esencial y anónimo que sigue ahí afuera para todos nosotros, junto al resto de los héroes de esta batalla.

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