PULSO ELECTORAL

Más allá de la frontera: la inmigración polariza, pero no resume el voto

Las conversaciones con electores y los mensajes en redes sociales reflejan el peso de la preocupación migratoria. El control fronterizo bajo Trump, las decisiones de Obama y Biden y la reforma que no llegó permiten contrastar las promesas de los partidos con sus resultados y las demás prioridades del país

Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI.- En varios centros de votación visitados durante la jornada de este martes 3 de noviembre por DIARIO LAS AMÉRICAS, la inmigración apareció repetidamente en las conversaciones con electores. La preocupación por las deportaciones, la permanencia de familiares y las posibilidades de regularización formó parte de los argumentos para decidir el voto.

Entre los mensajes observados por este reportero en redes sociales también aparece la idea de votar para proteger a la familia o representar los intereses de quienes carecen del derecho al sufragio. Esa preocupación plantea una pregunta concreta: qué medidas ofrecen esa protección y qué resultados respaldan las promesas de cada partido.

Las conversaciones y las publicaciones no constituyen una encuesta ni demuestran que sus protagonistas voten exclusivamente por inmigración. Sí ofrecen un punto de partida para contrastar el discurso electoral con las decisiones presidenciales y una reforma permanente que los demócratas promovieron, pero no consiguieron aprobar.

Un voto demócrata no garantiza por sí mismo una regularización. Atribuir a Donald Trump toda la incertidumbre migratoria también omite actuaciones de gobiernos anteriores. La elección permite evaluar ese historial junto con las propuestas económicas, educativas y de salud de quienes aspiran a legislar.

Las prioridades van más allá de la frontera

Una encuesta de Pew Research Center realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre encontró que 59% de los votantes registrados consideraba la inmigración muy importante para su decisión en las elecciones al Congreso.

El porcentaje era de 72% entre quienes respaldaban candidatos republicanos y de 53% entre los partidarios de aspirantes demócratas. El asunto tiene mayor intensidad en el electorado republicano, aunque la preocupación trasciende la afiliación partidista.

La economía encabezaba las prioridades nacionales con 84%, seguida por el futuro de la democracia, con 73%; la atención médica, con 68%; y la educación, con 62%. El tema económico ocupaba el primer lugar entre los seguidores de ambos partidos.

La encuesta no determina qué debe priorizar cada ciudadano. Permite dimensionar las observaciones de calle: la inmigración importa, pero otros asuntos reúnen una preocupación todavía mayor en el conjunto nacional.

El control fronterizo también cuenta

La evaluación electoral de Trump incluye los resultados de una de sus principales promesas: reducir los cruces irregulares y reforzar la aplicación de la ley migratoria.

Datos preliminares divulgados en octubre por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) sitúan las detenciones de la Patrulla Fronteriza en la frontera suroeste en 98.708 durante el año fiscal 2026. El Gobierno presentó ese resultado como una reducción de 95% frente al promedio anual superior a 1,8 millones registrado bajo Biden.

La administración atribuye la disminución a sus políticas de control y disuasión. La caída es medible, aunque las cifras por sí solas no aíslan el efecto de cada medida. CBP ya había informado descensos durante 2024, después de las restricciones adoptadas por Biden en junio.

Para quienes priorizan el cumplimiento de la ley, esos resultados forman parte del balance electoral. Resolver la permanencia de quienes ya están dentro del país requiere, además, decisiones administrativas, judiciales y legislativas.

Obama también cerró una vía

El historial cubano muestra que las restricciones migratorias tampoco han sido exclusivas de gobiernos republicanos.

El 12 de enero de 2017, ocho días antes de abandonar la presidencia, Barack Obama terminó la política de pies secos, pies mojados. Eliminó el trato preferencial que, por regla general, permitía a los cubanos que alcanzaban territorio estadounidense recibir parole y posteriormente solicitar residencia mediante la Ley de Ajuste Cubano.

Quienes llegaran irregularmente sin reunir las condiciones para obtener protección quedaron sujetos a procedimientos de deportación como otras nacionalidades. Obama también canceló el programa de parole para profesionales médicos cubanos.

Su Gobierno justificó las medidas como parte de la normalización de relaciones con Cuba y de un trato migratorio uniforme. No derogó la Ley de Ajuste Cubano: retiró una política de entrada mientras permanecía vigente la legislación que permite solicitar residencia a cubanos elegibles.

La I-220A y una diferencia decisiva

Durante Biden, las autoridades utilizaron distintas vías para procesar y liberar a personas encontradas en la frontera. Algunos cubanos recibieron parole; otros quedaron en libertad con el formulario I-220A, una orden de liberación bajo reconocimiento propio.

La diferencia tuvo consecuencias. La Ley de Ajuste Cubano exige, entre otros requisitos, haber sido inspeccionado y admitido o haber recibido parole, además de al menos un año de presencia física en EEUU. Cumplir ese tiempo no sustituye el requisito de admisión o parole, que la I-220A no acredita por sí sola.

En el caso Cabrera-Fernández, un juez concedió el ajuste de estatus en agosto de 2022. El DHS apeló y sostuvo que los solicitantes no habían sido admitidos ni habían recibido el parole requerido. El 11 de septiembre de 2023, la Junta de Apelaciones de Inmigración acogió el recurso y dejó sin efecto aquella concesión de residencia.

La Junta distinguió la liberación bajo la sección 236 de la ley migratoria del parole previsto en la sección 212(d)(5), que sí puede satisfacer el requisito para el ajuste.

El antecedente introduce un contraste concreto: mientras el Gobierno de Biden ampliaba ciertas vías de parole, su propio DHS defendía una interpretación que impedía a otros cubanos obtener residencia mediante la documentación de su liberación.

La controversia tiene antecedentes anteriores a esa presidencia y continuó después. El 23 de febrero de 2026, el Tribunal de Apelaciones del Undécimo Circuito dejó sin efecto decisiones de la Junta en los casos Labrada-Hechavarria y Castillo-Casanova y los devolvió para nuevas actuaciones.

El tribunal consideró, entre otros factores, que el Gobierno había cambiado su posición sobre la base legal de las detenciones y que existían nuevos precedentes administrativos. Ese fallo no concedió residencias ni declaró que toda I-220A equivalga a parole.

El balance de Biden puede examinarse sin presentar como cerrada una disputa jurídica que ha seguido evolucionando. Su Gobierno sostuvo una posición documentada en 2023; las decisiones posteriores exigen revisar el fundamento de cada caso.

Biden también fijó límites antes de salir

La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EEUU (GAO) documentó que unas 774.000 personas recibieron parole entre mayo de 2022 y septiembre de 2024 mediante los procesos para cubanos, haitianos, nicaragüenses y venezolanos, Unidos por Ucrania y determinados programas de reunificación familiar.

Esos permisos no otorgaban automáticamente residencia permanente. En octubre de 2024, todavía bajo Biden, su administración anunció que no habría una renovación general del parole de dos años del programa para las cuatro nacionalidades, conocido como CHNV.

Quienes no consiguieran otra base legal para permanecer debían salir al vencimiento o podían enfrentar procedimientos de deportación. La advertencia precedió al regreso de Trump y demuestra que la vulnerabilidad no comenzó exclusivamente con la administración actual.

Biden también anunció en enero de 2025 extensiones del Estatus de Protección Temporal (TPS) para venezolanos, salvadoreños, ucranianos y sudaneses elegibles. Su balance incluye medidas protectoras y restricciones, pero ninguna de esas extensiones sustituyó una reforma permanente.

Lo prometido no equivale a lo aprobado

Biden no podía conceder por decreto residencia permanente o ciudadanía a todos los inmigrantes. Una regularización colectiva de gran alcance requería legislación del Congreso.

Los demócratas presentaron propuestas. La Ley de Ciudadanía de EEUU fue introducida en febrero de 2021. Ese año, la Cámara de Representantes aprobó la American Dream and Promise Act y la Farm Workforce Modernization Act, dirigidas a grupos específicos. Ninguna se convirtió en ley.

Durante los primeros dos años de Biden, el partido controló la Casa Blanca y ambas cámaras por márgenes estrechos. En el Senado, poder romper un empate no equivalía a alcanzar los 60 votos generalmente necesarios para cerrar el debate sobre legislación ordinaria.

El obstáculo explica parte del fracaso, pero no transforma la promesa en un resultado. Los demócratas ampliaron herramientas temporales y entregaron el poder sin conseguir la reforma que promovieron.

Tampoco cabe afirmar que todos los recién llegados habrían obtenido residencia con aquellos proyectos: las condiciones de elegibilidad y las fechas de llegada limitaban su alcance.

La historia ofrece otros matices. Ronald Reagan firmó la reforma de 1986, negociada con participación de ambos partidos. Bill Clinton firmó en 1997 NACARA, que abrió vías de residencia y otros mecanismos de alivio para grupos elegibles. Esos antecedentes impiden sostener que los demócratas nunca participaron en regularizaciones, pero no resuelven la deuda legislativa de las administraciones más recientes.

El Congreso también está en la boleta

La administración Trump canceló CHNV. Esa decisión y la advertencia de Biden sobre el vencimiento de los permisos tienen fechas y efectos distintos. Las dos forman parte del historial que permite evaluar la fragilidad de las soluciones administrativas.

La necesidad de acuerdos legislativos quedó expuesta en mayo de 2024, cuando el Senado rechazó, por 43 votos a favor y 50 en contra, cerrar el debate sobre la moción para avanzar con la Border Act. La mayoría de los republicanos y varios demócratas e independientes se opusieron.

La medida se centraba en seguridad fronteriza, no en una legalización general. Las propuestas de control y de regularización requieren un examen propio: presentar una iniciativa y reunir los votos para aprobarla son resultados diferentes.

Elegir representantes y senadores significa decidir quién negociará esas reglas, asignará recursos y supervisará su ejecución. La posibilidad de una reforma depende de esos acuerdos, además de las prioridades presidenciales.

La familia también está en las demás decisiones

Votar pensando en quienes no pueden hacerlo puede expresar solidaridad y una preocupación familiar. No demuestra por sí solo desconocimiento ni apoyo a fronteras abiertas. La expectativa de protección, sin embargo, puede examinarse mediante propuestas concretas, requisitos legales y antecedentes de cumplimiento.

Defender a las familias también exige evaluar la estabilidad que ofrecen las medidas y la capacidad de convertir promesas en leyes. El historial de Obama y Biden muestra que la identificación con el Partido Demócrata no asegura por sí misma una vía de residencia.

El control fronterizo bajo Trump constituye otro componente del balance. Una reducción de cruces, una protección temporal y una residencia concedida resuelven cuestiones distintas; ninguna representa por sí sola toda la política migratoria.

Las encuestas amplían la mirada hacia la economía, la salud y la educación. Son decisiones que también afectan a las familias, incluidas aquellas preocupadas por el futuro migratorio de uno de sus integrantes.

La inmigración merece un examen riguroso. Pero la elección distribuye poder para atender todas esas obligaciones. Reducirla a una sola dejaría sin evaluar buena parte del trabajo de quienes aspiran a gobernar.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Temas

Deja tu comentario

Te puede interesar