MEDELLÍN.- Separadores viales convertidos en jardines, zonas de retiro transformadas en parques y ecosistemas hídricos en recuperación forman parte de la estrategia con la que Medellín busca disminuir el calor, absorber el exceso de lluvia y ampliar sus áreas naturales.
Medellín reemplaza concreto por naturaleza para enfrentar el calor y las lluvias
Un recorrido para periodistas e invitados a la Semana del Clima mostró proyectos que recuperan quebradas y amplían las áreas verdes
La Alcaldía mostró algunas de estas intervenciones durante un recorrido por diferentes puntos estratégicos, organizado como una de las actividades colaterales para periodistas y otros participantes invitados a la Semana del Clima y la Biodiversidad de Medellín 2026.
Durante la visita, Marcela Ruiz Saldarriaga, secretaria de Medio Ambiente de Medellín, explicó a DIARIO LAS AMÉRICAS que el gobierno local ha incorporado criterios climáticos y de sostenibilidad a su modelo de desarrollo mediante instrumentos institucionales y alianzas con la ciudadanía, la academia y la empresa privada.
Una de las principales transformaciones son los corredores verdes, concebidos para enlazar nuevamente la infraestructura urbana con la naturaleza. Su creación ha requerido intervenir vías, separadores, aceras y otros espacios públicos donde las superficies duras pueden sustituirse por vegetación.
“Los corredores verdes cumplen una función muy importante: reconectar la infraestructura gris de la ciudad con la naturaleza”, afirmó Ruiz Saldarriaga.
Ruiz Saldarriaga indicó que el proceso consiste en retirar el pavimento innecesario para permitir que el suelo recupere su permeabilidad. En esos lugares se incorporan árboles y jardines que generan sombra y ayudan a disminuir la temperatura durante las dos temporadas secas que, según precisó, se registran cada año.
“Levantamos el concreto que no es necesario para el rodamiento de los vehículos y lo transformamos en espacios permeables”, describió.
El beneficio se hace más visible durante los periodos asociados al fenómeno de El Niño, cuando el calor aumenta. La cobertura vegetal también cumple una función durante las precipitaciones intensas, porque facilita que una parte del agua sea absorbida por el terreno y evita que llegue de forma inmediata a las quebradas.
La titular de Medio Ambiente informó que Medellín cuenta con 4.217 cauces hídricos, conocidos localmente como quebradas. Algunas presentan condiciones críticas por inundaciones o avenidas torrenciales, lo que obliga a combinar la renovación del espacio público con medidas de regulación y prevención.
La estrategia incluye la recuperación de las zonas de retiro cercanas a esas fuentes y su transformación en parques. También contempla sustituir superficies grises en separadores viales por terrenos naturales capaces de retener parte de las precipitaciones.
Los corredores azules, por su parte, se concentran en la red hídrica superficial, integrada por el río que atraviesa la ciudad, sus quebradas y los humedales. El objetivo es recuperar la capacidad de estos ecosistemas, alterados en numerosos casos por el crecimiento urbano.
Al referirse a esos cauces, señaló que algunos canales resultan insuficientes para recibir los caudales alcanzados durante las temporadas lluviosas y los episodios vinculados al fenómeno de La Niña. Las intervenciones buscan ampliar esa capacidad, proteger las márgenes y convertirlas en parques y lugares públicos de calidad.
“Son dos apuestas muy importantes, con un impacto significativo en la acción climática, el bienestar de la gente y la conservación de la biodiversidad”, sostuvo.
De acuerdo con las cifras ofrecidas durante la entrevista, el municipio conserva cerca de dos millones de metros cuadrados de áreas verdes dentro del tejido urbano y en sectores periurbanos. Esa extensión aumenta a medida que los proyectos de infraestructura pública incorporan vegetación y generan nuevos sitios de uso colectivo.
La administración distrital también ha comprado 3.200 hectáreas de bosques y coberturas naturales ubicadas en ecosistemas fundamentales para el abastecimiento de los acueductos. Los terrenos fueron adquiridos con recursos propios para garantizar su protección, explicó.
El programa se complementa con pagos por servicios ambientales hídricos. Mediante ese mecanismo, los propietarios o poseedores de predios situados en zonas de importancia ecológica reciben un incentivo mensual a cambio de preservar los espacios que contribuyen a la provisión de agua.
La Secretaría de Medio Ambiente desarrolla además trabajos de rehabilitación ecológica, restauración y reforestación. Dentro de la urbe, los cerros tutelares cumplen funciones relacionadas con la protección de la biodiversidad, la recreación, la cultura y la conexión entre distintos hábitats.
También destacó que esa conectividad facilita el desplazamiento y la permanencia de especies silvestres. En el municipio se han documentado aves, anfibios, reptiles, mamíferos y numerosos insectos, con una presencia importante de mariposas.
“En nuestra ciudad se ven volar guacamayas que se habituaron al ecosistema y disfrutan del hábitat que les brinda Medellín. También tenemos halcones, águilas, colibríes y muchas otras especies de aves”, manifestó.
Estos registros, señaló, reflejan el valor de conservar rutas naturales que permitan la movilidad de la fauna y la continuidad de sus procesos ecológicos entre diferentes zonas.
La construcción y el mantenimiento de la infraestructura ambiental se financian con fondos propios del distrito. Los recursos se asignan en cada plan de desarrollo dentro de la línea estratégica de sostenibilidad y gestión del riesgo, precisó Ruiz Saldarriaga.
La planificación se apoya también en políticas públicas, planes de acción, programas maestros y el Plan de Ordenamiento Territorial. Afirmó que esos instrumentos garantizan partidas para ejecutar las obras y darles continuidad.
Asimismo, atribuyó el impulso actual a la voluntad política del alcalde Federico Gutiérrez, cuya administración vincula la generación de bienestar con la calidad de los espacios públicos, la renovación urbana, la construcción de resiliencia y una respuesta climática integrada al desarrollo de oportunidades.
La aceptación ciudadana constituye otro componente del proceso. A su juicio, las comunidades no solo respaldan las intervenciones, sino que reclaman más áreas naturales, protección de sectores estratégicos y criterios de renaturalización en los nuevos proyectos.
Esa acogida convive con desafíos culturales. Entre las tareas pendientes mencionó la gestión de residuos, el uso adecuado de los entornos naturales y la prevención de incendios forestales.
“Hay una gran respuesta y aceptación de las comunidades, pero también desafíos culturales muy importantes para aprender a habitar una ciudad que se renaturaliza y ser más responsables con el planeta”, concluyó.
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