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Miami, huracán Andrew, 29 años después
MIAMI.- Hace 29 años, cuando un monstruo llamado huracán Andrew acechaba Miami, con vientos de 165 millas por hora, unos 265 km/h, la ciudad se preparaba para afrontar lo peor. Miles acudieron a supermercados, gasolineras y ferreterías para apertrecharse de enseres a última hora. La suerte estaba echada: sobrevivir.
“Traté de proteger la casa con lo que tenía a mano”, recordó Rey, vecino de Silver Bluff, muy cerca del centro de Miami, por donde los meteorólogos anticiparon que la bestia huracanada pasaría.
De hecho, el cono de proyección daba por blanco a Key Biscayne, la flameante zona de Brickell Avenue, con el correspondiente centro o Downtown de Miami, y el no menos deslumbrante Coral Gables.
Y en torno a la pronosticada ruta, más de dos millones de habitantes, además de altos edificios, mansiones millonarias y sobre todo gente menos afortunada.
“Me fui a la cama a las 10 de la noche, pero no podía dejar de ver la televisión. Recuerdo que el meteorólogo Bryan Norcross no se apartaba de la cámara para informar. Nos advirtió que el lobo, el gran huracán del siglo, venía a Miami”, resumió Rey.
Y junto a Rey, más de medio Miami se fue a la cama, tal vez para no ver lo que venía. Pero los más jóvenes, desconocedores del peligro que acechaba, compraban cervezas y se apestaban a celebrar sus hurricane parties, fiestas como si de un partido de fútbol se tratara.
“Esa fue la última vez que celebré un hurricane party. Nunca más”, recordó Mario, que perdió su casa bajo los fuertes vientos del huracán.
2 a.m.
Una alta presión, que estaba situada al norte del archipiélago de Bahamas y que usualmente protege al sur de Florida, se empecinaba en empujar al monstruo en línea recta hacia Miami.
El meteorólogo Norcross dio por hecho el paso del gran ciclón, y junto a él los especialistas de otros medios de comunicación.
El Centro Nacional de Huracanes, que entonces tenía su sede en un edificio frente a University of Miami, en US-1, así lo subrayó: Pasaría por el centro de Miami a las 5 am.
Solo quedaba esperar, entre pestañazos y cortes preventivos de electricidad. Sobrevivir el embate, al mismo tiempo que se imploraba la materialización de un milagro a última hora.
3:30 a.m.
Unos despiertos y muchos soñolientos vieron como la dichosa alta presión, cuando los vientos comenzaban a golpear la costa miamense, se desplazó a penas unos metros al sur a última hora, lo suficiente para alejar el vórtice huracanado del centro de Miami.
Una hora después, a las 4.55 am, el lunes 24 de agosto de 1992, el temido huracán tocó tierra floridana a solo 20 millas al sur del centro de Miami, 32 kilómetros, en las inmediaciones de Mangrove Preserve, justo al noroeste de la base aérea de Homestead. Suficientemente cerca para paralizar literalmente la vida la ciudad y someter a todos a la oscuridad por más de 30 días.
Unos buscaron refugio en los baños, los closets, o simplemente pidieron clemencia a los dioses ante tanta angustia. Un sonido aterrador, el de la destrucción, anunciaba el paso insostenible de la devastación.
El resto es conocido por todos: Andrew ocasionó al menos 44 muertes en el sur de Florida y más de 26.500 millones de dólares en pérdidas materiales, de los que sólo 15.500 millones fueron asumidos por las aseguradoras.
HistoryMiamiMuseum, junto a Florida Power & Light, resumieron el paso del huracán Andrew en este trabajo audiovisual, en inglés.
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