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CUBA

Muere Ramiro Valdés, fundador del MININT y símbolo de la represión en Cuba

Fundador del MININT y estrecho colaborador de Fidel Castro, falleció a los 94 años tras más de seis décadas dentro de la cúpula gobernante cubana

Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI.- Ramiro Valdés Menéndez, primer ministro del Interior de Cuba y uno de los dirigentes más influyentes del sistema instaurado por Fidel Castro tras el triunfo revolucionario el primero de enero de 1959, falleció este domingo a los 94 años, según informó el gobernante Miguel Díaz-Canel a través de la red social X y posteriormente lo informaron la televisión estatal cubana y el medio oficialista Cubadebate. Hasta el cierre de esta edición, las autoridades no habían precisado las causas del fallecimiento.

“La partida física del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez duele profundamente”, escribió el mandatario al confirmar la muerte de quien ocupó algunas de las posiciones más relevantes dentro de la cúpula cubana durante buena parte de la historia revolucionaria.

Nacido el 28 de abril de 1932 en Artemisa, participó en el asalto al Cuartel Moncada en 1953, integró la expedición del yate Granma y combatió en la Sierra Maestra junto a las fuerzas rebeldes encabezadas por Fidel Castro. También formó parte de la columna comandada por Ernesto “Che” Guevara durante la ofensiva militar que contribuyó a la caída del gobierno de Fulgencio Batista.

Sin embargo, más allá de su participación en la lucha armada, su legado quedó estrechamente vinculado al desarrollo de los sistemas de inteligencia y vigilancia que ayudaron a consolidar el control político en la isla.

El arquitecto del aparato de seguridad

Tras la llegada de los rebeldes al poder, asumió responsabilidades dentro de las nuevas instituciones hasta convertirse en el primer ministro del Interior. Desde esa posición impulsó la organización de las entidades encargadas de la inteligencia, la contrainteligencia y la protección interna del Estado.

Bajo su dirección se fortalecieron organismos que desempeñaron un papel central en la supervisión política y en la preservación del sistema instaurado tras la Revolución.

A diferencia de otros comandantes históricos que desarrollaron funciones principalmente administrativas o partidistas, construyó buena parte de su peso político desde las agencias de seguridad e inteligencia. Su trayectoria estuvo ligada durante años a las instituciones encargadas de enfrentar amenazas internas y externas, lo que le otorgó una posición singular dentro del entramado de poder cubano.

Opositores, ex presos políticos, activistas y organizaciones defensoras de derechos humanos han asociado reiteradamente su nombre con la expansión de mecanismos utilizados para vigilar, controlar y neutralizar a la disidencia, así como a movimientos cívicos independientes y sectores críticos del Gobierno.

Su carrera se desarrolló en paralelo al fortalecimiento de las instituciones encargadas de garantizar la permanencia del Partido Comunista como única fuerza política legal, una realidad que lo convirtió en una de las personalidades más controvertidas de la historia reciente del país.

Además de dirigir el MININT en dos etapas, ocupó numerosas responsabilidades dentro del aparato estatal. Fue miembro fundador del Comité Central y del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, viceprimer ministro y titular de Informática y Comunicaciones.

Una figura decisiva dentro del castrismo

A diferencia de otros dirigentes que fueron perdiendo protagonismo con el paso de los años, logró mantenerse en los principales espacios de decisión durante buena parte de la era revolucionaria.

Su cercanía con Fidel y Raúl Castro le permitió conservar una notable influencia incluso después de abandonar funciones relacionadas con la seguridad interna.

Para el oficialismo fue uno de los comandantes históricos más leales al proyecto revolucionario. Para amplios sectores del exilio cubano y de la oposición democrática, en cambio, representó una de las expresiones más visibles de las estructuras de control y vigilancia desarrolladas por las autoridades de la isla.

Su influencia en Venezuela

La trayectoria del dirigente también trascendió las fronteras cubanas.

En 2010 fue enviado a Venezuela por el gobierno de Raúl Castro en medio del fortalecimiento de la alianza política entre La Habana y Caracas. Aunque oficialmente su misión estuvo relacionada con la crisis energética que atravesaba el país sudamericano, su presencia generó interrogantes debido a su historial al frente de los servicios de inteligencia cubanos.

Durante años, opositores venezolanos, exfuncionarios y especialistas en seguridad sostuvieron que la cooperación entre ambos gobiernos facilitó una mayor presencia de asesores cubanos en áreas vinculadas a inteligencia, contrainteligencia y protección del Estado.

El nombre de Valdés apareció con frecuencia asociado a ese proceso y a la transferencia hacia Venezuela de mecanismos de control político desarrollados previamente en Cuba.

Si bien no existen pruebas públicas de que dirigiera organismos venezolanos, su presencia en Caracas fue interpretada por numerosos observadores como una muestra del alcance que La Habana llegó a ejercer sobre áreas sensibles del aparato estatal venezolano durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El fin de una generación

La muerte de Valdés ocurre en medio de una profunda crisis económica, energética y social en Cuba y reduce aún más la presencia de dirigentes que participaron directamente en la lucha guerrillera encabezada por Fidel Castro.

Su prolongada ausencia de actos públicos durante los últimos meses había alimentado especulaciones sobre un posible deterioro de salud.

Antes fallecieron Fidel Castro, en 2016; Faure Chomón Mediavilla, en 2019; Efigenio Ameijeiras Delgado, en 2020; y los comandantes Julio Camacho Aguilera y Marcos Antonio Hernández Alcaraz, ambos en 2024.

Con su desaparición, Raúl Castro y Guillermo García Frías permanecen entre los pocos comandantes históricos que aún sobreviven, cerrando progresivamente uno de los capítulos más influyentes y controvertidos de la historia contemporánea de Cuba.

Para el Gobierno cubano, Ramiro Valdés será recordado como uno de los dirigentes más fieles a la Revolución. Para buena parte del exilio y la oposición, su nombre permanecerá asociado a la creación y consolidación de los mecanismos de seguridad y vigilancia que han sostenido al sistema político cubano durante más de seis décadas.

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