MIAMI.- Hacer fila por comida no es algo a lo que estábamos acostumbrados. Sobre todo, si vives en Miami Beach por excelencia, uno de los referentes del glamour, el éxito y el turismo mundial. Y menos si el alimento que esperas es donado. En esas colas llaman la atención muchas cosas.
¿Quiénes hacen la cola para recibir donaciones de alimentos?
Lo primero, es ver todo tipo de personas sentadas en sus autos esperando varias horas para recibir el equivalente a una semana de alimento.
Lo mismo encuentras vigorosos jóvenes que debían estar dando lo mejor de sí para perseguir sus sueños, que personas de la tercera edad en el otoño de su vida.
Eso sí, las colas son increíbles para conocer el pulso de una ciudad. Y a quienes piensen que, por los autos podemos conocer el estatus de las personas, les invito a que vengan a una de estas filas para que vean cuán equivocados están. He visto carros de todas las marcas y modelos con sus maleteros abiertos a la espera del necesario alimento.
El primero de la cola
Con ánimo de reflejar este momento tan singular me acerqué a Fernando del Río, el primero de la fila. Un estatus que solo se puede alcanzar si te levantas de madrugada y estás dispuesto a pasarte ocho horas esperando. "Me enteré que iban a distribuir comida cuando vi que estaban delimitando el área. Y estoy aquí desde la cinco de la mañana", explicó del Río, un cocinero alejado de sus fogones porque su empresa cerró por la crisis.
"No he perdido el trabajo. Aún permanezco en la compañía, ahora cerrada por tiempo indefinido", aclaró el interlocutor.
Del Río, que es padre de dos hijos jóvenes, ya independientes, lleva dos meses sin trabajar y es uno de los agraciados que ha recibido el cheque del paquete federal. "Me depositaron 1.200 dólares, pero me falta el unemployment, que no sé cuándo lo darán", explicó.
"En la vida no hay nada seguro. Ahora estas trabajando y mañana la compañía puede prescindir de ti", expresó con calma, mientras confesaba que había solicitado la ayuda del Gobierno foods stamps "que tampoco sabía" cuándo se los darían.
Durante la conversación insistió en querer reflejar su agradecimiento a las personas que donan, al gobierno y a este país.
"Soy inmigrante, sin embargo he visto que cuando hay dificultad, como ahora, el gobierno sale a socorrernos. Lo comprobé con el pasado ciclón, que también FEMA nos proporcionó una ayuda significativa".
Soy enfermera
Más atrás en la fila está Lourdes Martínez, es madre de dos jóvenes, de 19 y 20 años. Ambos están sin trabajo. Ella espera dentro de su auto, acompañada de su madre. Una señora mayor, muy distinguida, ataviada con una máscara quirúrgica. Para matar el tiempo, jugaban a las cartas.
Martínez es técnico de laboratorio y mantiene su empleo, pero su jornada laboral ha sido reducida a 16 horas semanales. "Desde que comenzó la pandemia, los pacientes no pueden ir a la clínica. Y nosotros solo estamos trabajando dos días a la semana", aseveró.
Con su actual salario apenas le alcanza pagar el alquiler. La situación de Martínez es complicada. Al estar trabajando, no puede solicitar la ayuda por desempleo. Por otra parte, a pesar de que su salario ha disminuido a menos de la mitad, le rechazaron su petición de food stamps. Es por ello que trata de enterarse dónde van a distribuir comida para poder llevar un plato a la mesa.
"Trabajo en un laboratorio, pero en Uruguay era enfermera. Si nos permitieran ejercer, aunque sea como enfermeras, durante esta emergencia, mi situación estaría mejor y yo podría estar sirviendo a la comunidad y no al revés, como ahora", reflexionó Martínez.
Junto a los pobres
La crisis ha lanzado a millones a solicitar ayudas, a vivir prácticamente de la caridad. Pero antes del coronavirus, había personas que usualmente acudían a las donaciones para completar su canasta alimenticia. Una de ellas hace la cola también. Es María, jubilada y viuda. "La pensión de viudedad solo me alcanza para pagar la renta, el resto lo tengo que buscar yo". En su opinión "está muy bien ayudar a quien no tiene sustento, porque si no, la miseria crece más y la economía se va al suelo".
El buen corazón
"Por suerte tengo ahorros. De otra forma, ¿cómo podría soportar esta situación?", preguntó Eduardo, manager de un restaurante cerrado por la pandemia, quien espera pacientemente en la cola. "Llevo dos meses y medio sin trabajar. Estoy buscando empleo por todos los sitios. Nadie está contratando", lamentó.
"La situación está bien difícil, no hay trabajo, no hay empleo y no hay dinero", resumió el panorama este joven, muy locuaz.
Eduardo contó que es padre de dos hijos que, aunque no viven con él, les tiene que proveer, y actualmente vive con su pareja, también sin trabajo. "He recibido los 1.200 dólares, sin embargo, los beneficios de desempleo brillan por su ausencia. Eso sí, las facturas se acumulan. Nada le importa a la compañía eléctrica, ni a la del carro. Ellos siguen enviando sus facturas, sin preocuparse cómo están tus entradas. Es un poco injusto", puntualizó.
En los momentos extraordinarios es cuando surgen las personas extraordinarias. El dueño del edificio donde vive Eduardo parece ser una de esas personas bondadosas. "Ha sido muy comprensivo, nos ha dado a todos los vecinos tres meses para poder estabilizarnos. Y entiendo la grandeza de su acción, porque tengo amigos que la están pasando muy mal", subrayó el joven, mostrando su agradecimiento.
La ayuda no llega
Nelson también está en la fila. Es casado y tiene una niña de nueve años. En su domicilio nadie trabaja. "Al estar en casa eso significa más consumo de agua, electricidad y comida. Y lo peor es que no tenemos cómo pagar por esas cosas".
"Muchas personas se han ofrecido a ayudarnos. Pero por alguna razón, no ha concretado nada. Por ahora, lo único que hemos recibido son estas donaciones de comida", dijo con resignación Nelson, que hace tres meses trabajaba de Seguridad en uno de los hoteles de la ciudad.
La enseñanza
"Tenemos que aprovechar esta oportunidad", sostuvo Pedro Pablo, maestro de inglés y portugués y guía turístico, que se dedicaba compartir los secretos de la ciudad a los visitantes.
"Este virus llegó con un propósito, para que haya una nueva concienciación humana", argumentó el profesor. "Y no soy religioso. Tiene un sentido y vino para demostrarnos que puedes ser rico y millonario y, sin embargo, un diminuto virus te puede atacar igual que al pobre, igual que al negro, al latino, sin importar el sexo, ni la nacionalidad, ni la edad".
"El virus está aquí para hacernos pensar, por ejemplo, que existen personas desafortunadas, que con nuestras prisas ni mirábamos, y nos ha puesto en esta cola, y nos ha recluido en nuestras casas con nuestra familia y nos ha puesto a reflexionar como especie. Esta es una oportunidad única que debemos aprovechar porque dentro de poco seremos inmunes", concluyó.
cmenendez@diariolasamericas.com
@menendezpryce
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