MIAMI. - El presidente de EEUU, Donald Trump, confirmó un giro inesperado en su estrategia hacia Cuba al permitir la llegada de un petrolero ruso, una decisión que en la práctica podría interpretarse como una flexibilización al cerco energético impulsado por su propia administración, mientras reiteró que el país “será el próximo” en caer.
Trump rompe el cerco petrolero a Cuba y reitera: "será la próxima"
El presidente de EEUU permite la entrada de un petrolero ruso con más de 700.000 barriles de crudo a la isla en medio del colapso energético, mientras insiste en el inminente fracaso del régimen cubano
Las declaraciones fueron ofrecidas este domingo a bordo del Air Force One, donde el mandatario respondió a preguntas de la prensa sobre la situación en la isla y el suministro de combustible en medio de la crisis energética que vive la nación.
“Cuba es un desastre. Es un país en decadencia y será el siguiente. En un corto período de tiempo va a fallar, y estaremos allí para ayudar”, afirmó.
El pronunciamiento ocurre en paralelo a la autorización para que el petrolero ruso Anatoly Kolodkin, con aproximadamente 730.000 barriles de crudo, arribe a la terminal de supertanqueros del puerto de Matanzas, una de las principales infraestructuras energéticas de la nación, en lo que representa un alivio inmediato para un sistema colapsado por la falta de combustible.
Reportes recogidos por medios internacionales como The New York Times señalan que las autoridades estadounidenses optaron por no impedir el tránsito de la embarcación, pese a contar con presencia operativa en la zona, en una decisión que marca un movimiento poco habitual dentro del esquema de presión aplicado a La Habana.
Hasta ahora, la estrategia había estado centrada en restringir al máximo las fuentes de suministro, incluso con advertencias a terceros países y operadores marítimos. Esa política ha contribuido a profundizar una crisis que se traduce en apagones prolongados, deterioro de servicios esenciales y la red hospitalaria bajo fuerte presión.
En ese contexto, el propio Trump defendió su postura desde un enfoque pragmático.
Sin embargo, mantuvo su discurso crítico hacia el poder en Cuba, al que calificó como “un mal régimen con líderes muy corruptos”, insistiendo en que el colapso es inevitable.
La decisión introduce una tensión evidente dentro de la política hacia la Mayor de las Antillas. Mientras se sostiene públicamente la presión para forzar un cambio político, se permite de forma puntual un suministro que contribuye a aliviar, aunque sea temporalmente, una de las principales vulnerabilidades de la dictadura castrista.
El componente geopolítico también añade complejidad. Permitir el paso del buque evita un escenario de fricción directa en un momento de alta sensibilidad internacional, pero al mismo tiempo redefine los márgenes de acción frente al régimen cubano.
La crisis en el territorio nacional ha escalado hasta convertirse en uno de los episodios más delicados de los últimos años, con una población afectada por la escasez, la inestabilidad eléctrica y el deterioro de las condiciones de vida, consecuencia directa de décadas de gestión ineficiente y control estatal.
En ese escenario, la advertencia de Trump refuerza una narrativa que apunta al desenlace.
“Cuba será la próxima”, reiteró.
Si el objetivo declarado es acelerar la caída del régimen, ¿por qué permitir el flujo de combustible que puede prolongar su supervivencia?
Y más aún, ¿qué revela esta permisibilidad sobre la verdadera estrategia de EEUU hacia Cuba en este momento decisivo?
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