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FLORIDA

Vivir en Miami con los bolsillos vacíos hace mella en los primeros días del año

Después de las temporadas de grandes ofertas y de trabajo, para muchos enero es un mes muy complejo con los recortes de horas laborales y el alto costo de vida en Miami
Por Daniel Castropé

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

MIAMI.- Rosita, “la más bonita”, como le decía su abuela materna, es la primera que llega a su turno de trabajo. Apenas son las 6 de la mañana, una hora antes de que el supermercado donde trabaja abra al público, y ya la joven cubana asoma su cabeza de cabellos rubios por la estrecha puerta de acceso a los empleados, en la parte posterior de la edificación. Es lunes y comienza el 2017 con bajas temperaturas en Miami.

Como todos los comienzos de semana, la codiciada joven soltera se dirige a la pizarra en donde el “jefe” de espejuelos y mirada fulminante publica el “schedule”, que consigna las horas asignadas a los trabajadores. Cuatro compañeras exhaustas del turno de la madrugada hacen ademanes que denotan malestar. Ahora con ella son cinco las que exigen respuestas a los cambios laborales que trajo consigo el nuevo año.

Al pasar las fechas de la Navidad y Año Nuevo, empleados como Rosita y sus compañeras se encuentran con una dura realidad: los tradicionales recortes de horas de trabajo que desvirtúan los “buenos deseos” expresados en postales virtuales y reflexiones que durante esos días abundaron en las redes sociales.

En la víspera de Acción de Gracias, las tiendas suelen contratar mayor personal para atender la demanda de clientes ávidos de ofertas, empleados que permanecerán en nómina con 40 horas de trabajo a la semana, o incluso más, hasta que los arbolitos de Navidad y los fuegos artificiales por el Año Nuevo marquen un antes y un después.

“¿Con qué pago ahora?”

Cuando Rosita encontró trabajo a mediados del mes de octubre, en una tienda de un “shopping” de Kendall, el “jefe” le dijo que tendría un “full time”, o “tiempo completo”, pero no le mencionó hasta cuándo. En enero las cosas cambiaron. La cubana que llegó hace seis meses a Miami, soñando con ser modelo o presentadora de televisión, en estos momentos solo trabaja 15 horas a la semana y sus ingresos quincenales no superan los 300 dólares.

La joven no sabía lo que vendría. Su falta de conocimiento sobre el sistema económico que impera en EEUU, cuán diferente al que conoció en su tierra natal, la llevó a comprar un automóvil “de letra”, a la semana de haber iniciado labores, y a pasar del incómodo sofá-cama en la sala de una amiga al mini apartamento, tipo “efficiency”, con cuyo dueño firmó un contrato por un año, a razón de 800 dólares mensuales.

Como es obvio, Rosita, “la más bonita”, no sabe cómo pagará la cuota del vehículo y mucho menos de dónde sacará el dinero para la renta del mes siguiente.

“Yo pago 300 pesos (dólares) de la letra del carro, que con el seguro se monta en casi 500. Y súmele a eso la renta, más la gasolina, más la comida. La verdad no sé qué voy a hacer”, dice la joven de 27 años, mientras observa sus largas uñas que no pudo acicalar la semana anterior.

Tres trabajos

También está Natalia, una colombiana de Medellín, y su historia es muy parecida a la que hoy vive Rosita, pero entre las dos hay una diferencia que, en muchos casos, determina la supervivencia en una ciudad como Miami: el tiempo.

“Nata”, como la llaman sus amigos más cercanos, ha vivido ocho años en la denominada Capital del Sol, y pasó por la misma experiencia que tiene “contra la espada y la pared” a la joven cubana. Sin embargo, ella sabe que en esta época no se puede salir adelante con un solo trabajo.

Consciente de esa verdad, esta madre de dos niños, de 9 y 6 años cada uno, “soltera porque los buenos hombres están escasos”, tiene tres trabajos para poder subsistir. El primero en una gasolinera, de allí pasa a un restaurante y los fines de semana complementa sus ingresos laborando en un “bakery”, o panadería. Solo “descansa” un día a la semana, que es cuando se pone al día con las tareas del hogar.

El fenómeno que más golpea la economía de Natalia es el alza en los precios del combustible que, por lo general, se produce a comienzos de año. “Yo le pongo 50 dólares de gasolina a mi carro, es decir que al mes me estoy gastando más o menos 200 dólares, pero ahora la gasolina está por las nubes”, explica, mientras sirve una orden de empanadas colombianas a una pareja.

También se queja por el precio de los alimentos. “A mí antes me daban 340 dólares de sellos de alimentos, pero al mejorar mis ingresos desde el año pasado solo me están poniendo 60 dólares en la tarjeta. Eso no me alcanza para comprar nada con los precios tan altos en esta temporada”, asegura.

“El invento”

Entre tanto, Ricardo es un venezolano que llegó hace año y medio al sur de la Florida, primero vivió un tiempo corto en Weston y ahora está radicado en el sector de Kendall, en el condado Miami-Dade.

Este hombre, padre de un hijo autista, convive con su esposa, también venezolana, quien se encuentra desempleada. Ella dedica la mayor parte de su tiempo a cuidar de la salud del niño, que presenta un cuadro gripal desde hace más de dos meses.

Ricardo era chef en Maracaibo. Durante unas dos semanas trabajó en un restaurante de Weston, pero como aún no le había llegado el permiso de trabajo, recibía “por la izquierda” un salario que él mismo califica como “miserable”.

Cansado del “abuso”, el maracucho de 32 años decidió poner su vehículo al servicio de varias personas que transporta de ida y regreso hacia sus sitios de labores. “Me ha tocado vivir del invento porque no voy a dejar morir de hambre a mi familia”, dijo.

Vivir en Miami

Los empleados que cobran el salario mínimo de la Florida, ahora 8.10 dólares la hora, aunque trabajen cuarenta horas semanales, están condenados a vivir en la pobreza.

Un estudio de la firma de análisis WalletHub asegura que Miami es la primera ciudad de la Florida, y la número 23 del país, con la peor calificación para vivir, luego de someterla a un examen de calidad de vida.

Sin embargo, las cifras de personas que buscan una "mejor vida" en Miami y el sur de la Florida cada día es más alta, al tiempo que historias como la de Rosita, "la más bonita"; Natalia y Ricardo ponen en entredicho, de alguna manera, el buen juicio de quienes deciden crear raíces en esta porción de los Estados Unidos.

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