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CONSEJOS

La alfabetización financiera pendiente en el mundo hispanohablante, según Juan Suárez, creador de contenido

El punto de quiebre llegó con la pandemia, cuando observó cómo personas con negocios y trayectorias aparentemente estables perdían ahorros y fuentes de ingreso

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

La educación financiera continúa siendo una de las áreas menos desarrolladas en América Latina y entre amplios sectores de la comunidad hispanohablante en Estados Unidos. Diversos estudios coinciden en que menos de un tercio de los adultos de la región invierte en instrumentos financieros formales y que la participación en los mercados bursátiles sigue siendo baja en comparación con economías desarrolladas.

Mientras en Estados Unidos más del 60% de los hogares tiene algún grado de exposición al mercado de acciones, en muchos países latinoamericanos ese porcentaje apenas supera el 10%.

La diferencia no responde únicamente al nivel de ingresos. Factores culturales, desinformación y una desconfianza acumulada tras décadas de estafas y promesas incumplidas han moldeado una relación distante con el dinero y, especialmente, con la inversión. A esto se suma una formación tradicional que rara vez incorpora nociones básicas como el interés compuesto, la evaluación de empresas o la planificación financiera de largo plazo. El resultado es conocido: personas que trabajan y ahorran cuando pueden, pero que difícilmente utilizan herramientas financieras para proteger o hacer crecer ese esfuerzo.

En ese contexto se inscribe el trabajo de Juan Suárez, creador de contenido y educador financiero radicado en Ecuador, quien en los últimos años ha construido una audiencia interesada en comprender cómo funciona la inversión en la bolsa estadounidense. Su propuesta no parte de una narrativa aspiracional ni de promesas de resultados rápidos, sino de una premisa más directa: invertir no debería ser un proceso inaccesible ni reservado para unos pocos.

Su acercamiento a las finanzas no fue académico ni planificado. El punto de quiebre llegó durante la pandemia, cuando observó cómo personas cercanas, con negocios y trayectorias aparentemente estables, perdían en pocos meses ahorros y fuentes de ingreso. Aquella experiencia dejó en evidencia algo que hasta entonces había pasado inadvertido: seguir un recorrido financiero tradicional no garantizaba estabilidad frente a escenarios adversos.

Ese episodio lo llevó a revisar sus propias decisiones. Reconoció que muchas estaban basadas más en la repetición de hábitos que en una estrategia consciente. A partir de allí inició un proceso de formación y análisis que no solo modificó su manera de invertir, sino también la forma en que empezó a comunicar conceptos financieros.

Quienes siguen su trabajo suelen destacar la claridad como rasgo distintivo. Suárez explica inversiones con un lenguaje deliberadamente simple, evitando tecnicismos innecesarios. No como una provocación, sino como una elección metodológica. Para él, la complejidad excesiva no informa, sino que desalienta la toma de decisiones.

Su enfoque se aleja del trading agresivo y de las fórmulas de corto plazo. Se apoya en la inversión fundamental, el análisis de empresas con bases sólidas y una visión de largo plazo. Una lógica similar a la que históricamente han utilizado los grandes inversores institucionales y que contrasta con la dinámica predominante en redes sociales. En términos históricos, los mercados accionarios globales han mostrado rendimientos promedio cercanos al 10% anual a largo plazo. En ese marco, Suárez suele subrayar que la clave no está en anticipar el momento exacto, sino en el tiempo y la constancia.

En la Academia de Inversiones que dirige, muchos estudiantes sin experiencia previa lograron resultados positivos en sus primeros meses. Sin embargo, el foco no está puesto exclusivamente en los rendimientos. Suárez señala otro indicador como más relevante: el momento en que un alumno deja de depender de indicaciones externas y comienza a tomar decisiones propias con criterio.

Uno de los casos que menciona con frecuencia es el de una estudiante que propuso analizar una empresa que él no tenía en su radar. El ejercicio derivó en un análisis conjunto y en una inversión exitosa. Más allá del resultado puntual, el episodio confirmó una idea que atraviesa su trabajo: la educación financiera no es un proceso vertical, sino una construcción compartida.

El crecimiento de su propuesta también expuso obstáculos persistentes. En América Latina, la palabra “finanzas” continúa generando recelo. La multiplicación de esquemas fraudulentos ha convertido la desconfianza en una barrera constante. Suárez reconoce que ese es uno de los principales desafíos de su trabajo cotidiano: sostener la coherencia en un entorno donde la sospecha suele anteceder a cualquier explicación.

A esto se suma un componente cultural difícil de sortear. Hablar de dinero sigue siendo incómodo. Existe silencio, vergüenza y, en algunos casos, culpa. Parte de su tarea ha sido intentar normalizar esa conversación y devolverle al dinero su carácter de herramienta, más que de tema prohibido.

Hacia adelante, Suárez observa un escenario en transformación. El acceso a brokers regulados, la posibilidad de invertir desde montos reducidos y la mayor disponibilidad de información están modificando gradualmente la relación de muchas personas con la inversión. La idea de invertir como apuesta comienza a ser reemplazada, de forma lenta y desigual, por la noción de participación en empresas reales.

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En una región donde la inflación erosiona el ahorro y muchas decisiones financieras se toman bajo presión, entender cómo funcionan las inversiones deja de ser una inquietud secundaria. No resuelve los problemas estructurales ni elimina la incertidumbre, pero sí cambia la forma en que las personas enfrentan esos escenarios.

El trabajo de Juan Suárez se inscribe en ese punto. No como una respuesta definitiva ni como una promesa de resultados, sino como parte de una conversación que durante años fue postergada. Una conversación incómoda, atravesada por desconfianza y silencios, pero cada vez más necesaria en un contexto donde improvisar con el dinero suele salir caro.

Puede conocer más en la cuenta oficial de Instagram de Juan Suárez.

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