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PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

Lilian es la belleza y la libertad

MADRID.- Después de cada marcha, de cada comunicado, de cada campaña, de cada protesta en las redes sociales, nosotros nos vamos a casa con nuestras familias a disfrutar de la paz y de la armonía. Reímos, brindamos. Olvidamos, al fin. Pero Lilian vuelve al hogar con los niños y la sombra de la soledad. 

Por ITXU DÍAZ

MADRID.- Sólo hay una cosa que me impresiona más que la belleza radiante de Lilian Tintori: su serenidad. Qué ejemplo, qué modelo. Son muchas ya las noches con los niños en casa preguntando por papá. Muchos los llantos, las sonrisas a los zagales, porque ellos no deben sentir, en sus diminutos corazones, lo que el Gobierno de Venezuela desea hacerles sufrir. Muchas las horas de Lilian con el corazón frío y ahuecado, pensando que aunque no está sola, porque al otro lado somos muchos los que empujamos su bandera, en el fondo sí lo está. Porque es una heroína. Y porque su causa es la de la libertad, pero también la de su corazón. Recuperar a su marido, vergonzosamente preso por el mandato cruel de un hombre que no es un hombre, por más que lleve bigote. Ocho meses. Más de 250 días y 250 noches entre rejas. Sin juicio.

Después de cada marcha, de cada comunicado, de cada campaña, de cada protesta en las redes sociales, nosotros nos vamos a casa con nuestras familias a disfrutar de la paz y de la armonía. Reímos, brindamos. Olvidamos, al fin. Pero Lilian vuelve al hogar con los niños y la sombra de la soledad. Con el corazón helado, con el alma herida, con las lágrimas en la orilla de los ojos. Y vuelve a sonreírles a ellos. A prometerles que todo saldrá bien.

Mientras, nos llegan noticias que estremecen. El sábado pasado fue un día más en el penal de Ramo Verde. Allí están detenidos el opositor venezolano Leopoldo López, entre otros presos políticos, víctimas de la dictadura cada vez menos encubierta de Maduro. El director de la prisión ordenó el sábado a los custodios juntar en bolsas sus excrementos y orines, y golpear después esas bolsas contra las rejas de la ventana donde están presos estos hombres. Así lo hicieron hasta que las bolsas se rompieron y Leopoldo y sus compañeros presos políticos acabaron cubiertos completamente de excrementos. Les cortaron también la luz y el agua para que no pudieran lavarse en toda la noche. Y así durmieron. Entre heces, suciedad, e insoportables hedores. Valiente gusano, este Homero Miranda, director de la prisión y perro fiel de Maduro, que inventa tan originales fantasías para atormentar a los disidentes y, supongo, para hacer méritos ante los suyos... Mírame a los ojos, Miranda: eres un pobre hombre.

Lilian y la esposa de Ceballos han dado una rueda de prensa para denunciar este trato vejatorio. Como siempre, la belleza y la serenidad, aunque el corazón esté roto. No olvido tampoco el sufrimiento de Leopoldo. Lo vi entrar aquel día en el furgón como un héroe. Sin oponer resistencia a los que injustamente lo llevaban preso por sus ideas, con falsas acusaciones. Creíamos que el régimen tendría la decencia de soltarlo, utilizando su paso por la cárcel como elemento disuasorio, típico de las dictaduras. Pero la maldad humana cuando se desata, no conoce fronteras, y por eso sigue preso. El círculo de odio que han tejido entre Chávez y Maduro en Venezuela está desgarrando al país, condenando a varias generaciones a vivir con la vergüenza de haber consentido esto, y situando a los jóvenes en la alternativa más atroz: plantar cara a esta dictadura socialista y morir o irse a prisión a sufrir torturas, o agachar la cabeza y rezar por la libertad.

A esta hora, Lilian abraza a los niños. Lo pienso muchas noches. Cuando la luz del cielo ennegrece, se apaga la esperanza, y los tiempos felices de la libertad parece que no van a volver. Cuando se agrandan las pesadillas, y los amigos, los aliados políticos, y la gente de buen corazón, duerme. Es entonces cuado Lilian contempla el cielo. No hay nada más libre que las estrellas. Y le asaltarán las preguntas, las dudas, los ruegos a Dios, que está con ella y con Leopoldo a cada segundo.

Y al otro lado del negro drama, Leopoldo cruza la noche, con la mirada perdida, manteniendo su fortaleza ante las torturas, sumando al dolor por las vejaciones y la privación de libertad, el de la ausencia de su mujer y de sus niños, únicos regazos en los que el tiempo se detiene, cada instante se hace eterno, y nada importa.

Me avergüenzo, de países europeos, de Estados Unidos, incapaces de levantar la mirada y ver a esos niños regresando de la prisión con la cabeza gacha, aferrados a Lilian, mientras un funcionario obediente les impide ver a su padre. Me enervo al ver el silencio internacional mientras pasan los días, y Leopoldo, fuerte, varón, baluarte de dignidad, permanece regado de excrementos, con el rostro pegado al suelo inmundo de la celda, y sin lágrimas ya que enseñar. Y Lilian, mujer de una pieza, madre, y bellísimo rostro de la Venezuela que amamos, rota de dolor en la madrugada, mientras caen los días y nadie, ni uno de los que pueden cambiar las cosas, se decide a exigir a esos perros que liberen de una vez a Venezuela, y que se vayan con su odio a un rincón negro de la historia.

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