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PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

Maduro roza un libro

La visita de Maduro a la Feria del Libro, y a pesar de que sus escoltas se han esforzado por mantenerle alejado de todas esas letras tan peligrosas, podría considerarse un acto de alta traición política. Sectores del chavismo piden ya su dimisión como presidente de Venezuela, y exigen pruebas de que no ha aprovechado su visita para ojear algún libelo fascista

Por ITXU DÍAZ

El régimen venezolano se tambalea. Nunca hasta ahora se ha acercado tanto a su derrumbe. Me cuentan que Nicolás Maduro ha visitado la Feria del Libro de Caracas, rompiendo su orden de alejamiento de la cultura, y están sus asesores muy preocupados por si, de pronto, rompe a leer. El régimen chavista se fundamenta en un principio innegociable: la cultura es muy peligrosa. Y frente a ella sólo hay algo posible: la guerra.

Venezuela disfruta del actual régimen de libertades y de tan notable salud democrática gracias al empeño de sus mandatarios por mantenerse alejados de las letras, especialmente de aquellas que por su aproximación a los hechos históricos, resultan especialmente perniciosas. No solo para el pueblo, sino también para sus líderes políticos. Que uno empieza leyendo a Cervantes, así a lo tonto, y termina creyendo que hay que soltar a los presos políticos, y otros disparates.

La visita de Maduro a la Feria del Libro, y a pesar de que sus escoltas se han esforzado por mantenerle alejado de todas esas letras tan peligrosas, podría considerarse un acto de alta traición política. Sectores del chavismo piden ya su dimisión como presidente de Venezuela, y exigen pruebas de que no ha aprovechado su visita para ojear algún libelo fascista, siquiera unos segundos, lo justo como para que su amueblada cabeza termine completamente desordenada y llena de los pájaros errantes del capitalismo.

La última vez que Rajoy leyó un libro, se acercó a un micrófono y dijo muchas cosas, y de inmediato Maduro salió a atacarle, llamándole ‘sicario del pueblo’; demostrando una vez más el compromiso de su régimen con la democracia y la libertad, y por el pueblo. Sólo en el analfabetismo se puede permanecer lo suficientemente puro para entender la fuerza de la revolución, y para acercarse a la verdad suprema, de madre castrista y padre chavista.

En aquellos países donde los políticos se acercan sin protección a la cultura, la contaminación ideológica resulta inmediata y los resultados son atroces. Maduro ha cometido una doble imprudencia: la primera, permitir que se celebre una Feria del Libro en Caracas, y la segunda, asistir a ella, aproximándose al peor de los abismos morales sin ningún tipo de protección adicional, toda vez que parece confirmarse que no ha enviado a ninguno de sus dobles a pasear entre las puestos de libros, y que las gafas que portaba en la Feria no eran opacas, sino que realmente son las que utiliza para firmar las órdenes que impiden a los presos políticos salir de las cárceles venezolanas.

La preocupación por la situación en Venezuela crece al saber que no fue el presidente el único que acudió a la gran fiesta de la literatura sino que se estima que 250.000 personas asistieron al evento quedando probablemente atrapadas por el señuelo letal de las letras.

Algo está cambiando en Venezuela. Ni siquiera Maduro hizo discurso alguno contra la cultura, ni quemó libros. La llamada de la cultura está dividiendo al régimen y, si no prevalece la llamada de la selva, terminará por hundirlo. La última vez que Maduro visitó una Feria del Libro todavía todo era normal y la revolución marchaba por buen camino. Fue en marzo. Allí, conversando con un editor sobre la obra de Jorge Abelardo Ramos, Maduro aprovechó las cámaras para enviarle un afectuoso saludo al célebre escritor revolucionario: “¡Jorge Abelardo! Dale un saludo de mi parte”, dijo el presidente al editor mostrando gran afecto hacia quién, se suponía, había sido compañero de mesa la noche anterior. Estupor en los ojos del editor. Silencio. Más estupor. Más silencio. Incomodidad entre sus colaboradores. Más estupor aún. Y un tímido hilo de voz: “Presidente, Jorge Abelardo Ramos falleció en 1994”. Un drama. 

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