Tendremos extraterrestres en 2035. Lo ha anunciado la NASA, que aún no sabe lo que va a ocurrir mañana, pero no tiene la menor duda sobre los acontecimientos del 2035. Me encanta esta parte folclórica de la ciencia. Todos llevamos dentro un científico, aunque sea un científico apoyado en la barra de un bar. Yo mismo soy científico. Mi principal hallazgo son las extraordinarias propiedades del vino español. Aunque mi tesis doctoral la hice contra el pepinillo, que es básicamente un error de la naturaleza y refleja lo peor de la condición humana. El pepinillo nos debería hacer reflexionar. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en nuestra maldad humana, encurtiendo cosas que ya sabían mal antes de ser encurtidas?
Mi agenda para 2035
Mientras, en la Tierra sólo quedarán un puñado de científicos de la NASA, enormes plantaciones de pepinillo, y un montón de extraterrestres, incluyendo a Fidel Castro. Además el cambio climático habrá provocado olas gigantescas que aniquilarán a los posibles supervivientes. Quedarse en la Tierra en 2035 no tiene sentido, salvo que sea usted un pepinillo. Y en tal caso le estará bien merecido ser pasto de los maremotos.
Imagino que en 2035 todo estará lleno de pepinillos y de bichos verdes con antenas. Será el momento ideal para mudarse a La Luna. En realidad, yo siempre he soñado con vivir allí. Esos cráteres llenos de agua y forrados de azulejo azul convertirían el satélite en la piscina con mejores vistas de todo el universo. Por otra parte, supongo que en la Luna siempre es razonablemente de noche, así que no será necesario trabajar. Podremos estar todo el día de fiesta. Espero que para entonces hayan cambiado las normas de estilo lunares, y nos dejen entrar al baile vestidos de esmoquin y no de astronautas. Es imposible ligar con escafandra y un recipiente recolector de orina pegado al cuerpo.
Mientras, en la Tierra sólo quedarán un puñado de científicos de la NASA, enormes plantaciones de pepinillo, y un montón de extraterrestres, incluyendo a Fidel Castro. Además el cambio climático habrá provocado olas gigantescas que aniquilarán a los posibles supervivientes. Quedarse en la Tierra en 2035 no tiene sentido, salvo que sea usted un pepinillo. Y en tal caso le estará bien merecido ser pasto de los maremotos.
Lo que no acabo de entender es por qué la NASA va a tardar tanto en localizar a los alienígenas. Según la jefa científica de la agencia, encontrar extraterrestres es increíblemente sencillo para ellos: “Sabemos dónde buscar y sabemos cómo buscarlo”. Supongo que preguntarse por qué no lo hacen ya es una ordinariez desde el punto de vista técnico. Así, esperaremos tranquilamente al 2035, que será un gran año para todos, excepto para mi. Si llego a tan lejana meta, cumpliré 54 años, y no creo que haya nada peor en la vida de un hombre. Al menos, en la vida de un hombre de extraordinario atractivo, radiante juventud, explosivo estado de forma, y que a su paso por las calles despierta incesantes loas, aplausos, desmayos, y cánticos entre las chicas más guapas de la ciudad. Un hombre, en fin, brillante y humilde a partes iguales.
Con todo, no solo habrá malas noticias en 2035. Confío en que para entonces la ciencia haya retrocedido lo suficiente como para erradicar los robots de cocina, los coches sin marchas, las lavadoras inteligentes, las luces de encendido automático en los garajes, las invitaciones a jugar al Candy Crush, el Candy Crush, los selfies junto a monumentos turísticos Patrimonio de la Humanidad, los textos predictivos, los termómetros electrónicos, cualquier aparato doméstico programable capaz de cobrar vida propia por sí solo, los precintos de ultraseguridad de los juegues, las videocámaras urbanas que lo graban todo, los secadores de manos de las gasolineras y sus aleatorias células fotoeléctricas, y la totalidad del diseño, la comida, y el arte contemporáneo, presente y futuro. En 2035, con un poco de suerte, incluso es posible que vuelvan a venderse teléfonos que sirvan para hacer llamadas telefónicas, cámaras fotográficas que no graben vídeo, libros amarillentos y llenos de ese fantástico polvo, y dispositivos móviles que no tengamos que tirarlos a la basura si se nos olvida alguna de sus quince millones de contraseñas, códigos de emergencia, palabras clave, o los malditos nombres de nuestras mascotas favoritas.
NULL
