MADRID/BILBAO.- Una herida que sigue abierta pese a que se cubra con tiritas, así es la radiografía sobre el conflicto vasco hecha para dpa por sociólogos de esta región del norte de España, que coinciden en que la sociedad ha pasado página demasiado rápido a un dolor muy profundo y de compleja desaparición.
Cinco años sin ETA y sin avances hacia su disolución
"La sociedad ha pasado página muy rápidamente, quizás demasiado". María Silvestre, doctora en Ciencias Políticas y Sociología, lo ve claro. A cinco años del alto el fuego anunciado por ETA, pocos parecen acordarse de las décadas de sufrimiento y miedo. Ni en España, ni en el País Vasco, donde se produjeron gran parte de las muertes.
El grupo separatista vasco ETA, que en su medio siglo de existencia asesinó a más de 850 personas, no ha entregado las armas. Pero no atenta contra la población, no secuestra ni asesina y esto ha calado tan hondo en la sociedad que ha acabado generando olvido.
Según el último Euskobarómetro, una encuesta social elaborada anualmente por la Universidad del País Vasco, el terrorismo y la violencia han dejado de ser una preocupación para los vascos. Ya no aparecen en la lista de preocupaciones, liderada por el desempleo.
En el año 2001, el 39 por ciento de la población situaba esta variable como su principal preocupación. ETA había matado durante el primer año del nuevo siglo a 23 personas en varios atentados y en ese 2011 dejaría 15 muertes más.
El fuerte interés por olvidar se aprecia en que, asegura Silvestre, la gente joven tiene "un gran desconocimiento" de lo que ha pasado. "Como sociedad estamos fallando en la transmisión y en el contar" y esto está sucediendo porque "ha habido tal miedo a hablar en público y expresar una opinión política que no se ha socializado dentro de las familias, no ha habido una transmisión de padres a hijos", apunta la catedrática de la Universidad de Deusto.
Sin embargo, aunque la gente joven lo desconoce, no es que la gente mayor "lo haya olvidado" ya que "en el sustrato, en la parte menos visible, ese tema está ahí sin resolver y hay que esforzarse mucho para superarlo". "Parece que lo hemos olvidado pero está enquistado", asegura.
En opinión del también doctor en Sociología y Ciencias Políticas Benjamín Tejerina, la actual situación "puede dar una impresión falsa" porque la realidad es que el País Vasco sigue teniendo "una herida", curada solo con una tirita, pero que "sigue soltando el pus acumulado durante tanto tiempo".
Desde que ETA anunciara la tregua definitiva el 20 de octubre de 2011, se han hecho algunos esfuerzos políticos para superar el conflicto. Entre otras medidas, el Gobierno vasco creó una Secretaría General de Paz y Convivencia, que coordina las políticas públicas relacionadas con la memoria, las víctimas, la paz, la convivencia y los derechos humanos. Pero todo ello, en opinión de ambos sociólogos, es insuficiente o, por lo menos, no está permeando efectivamente en la sociedad.
Uno de los colectivos que más sufre todavía son las víctimas de la violencia y sus familiares, dijo Tejerina. "La sensación que ellos tienen es que han sido dejadas de lado o abandonadas". "Ellos piensan '¿qué hay de los míos?', pero pasa como en otras situaciones de la vida, que la gente tiene que seguir adelante y tiene que normalizar su vida. En la medida en que no hay amenazas, bombas o asesinatos, la gente considera que esto es un escenario de posguerra", explica.
Por eso, el reconocimiento a las víctimas es uno de los principales pendientes. "Forma parte de lo que tenemos que normalizar, abrazar a las víctimas. No ha habido un reconocimiento auténtico a las víctimas, a los asesinados, a sus familiares… Esto queda por hacer y nos va a costar mucho tiempo", apuntó el catedrático de la Universidad del País Vasco.
También faltaría el perdón de la banda ya que "las veces que se ha intentado hacer no es un perdón sincero" porque "no se asume la responsabilidad del pasado", asegura Tejerina. Y es que ETA, en su conjunto, nunca ha pedido perdón a las víctimas y no ha dejado de legitimar la violencia como lucha para lograr la independencia de la región.
Cinco años sin ETA
El 20 de octubre de 2011, el comunicado de ETA publicado en el diario vasco "Gara" no tardó en saltar a las portadas de la prensa española e internacional: tras medio siglo de atentados, violencia y extorsión, el grupo separatista vasco anunciaba "el cese definitivo" de la actividad armada.
En su declaración, acompañada de un vídeo en el que tres encapuchados leían el texto en euskera y español, la organización manifestaba su "compromiso claro, firme y definitivo" de "superar la confrontación armada" y hacía un "llamamiento" a los Gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de diálogo.
Un lustro después, apenas ha habido avances. ETA, que mató a más de 850 personas en su afán por conseguir la independencia del País Vasco, continúa existiendo y no ha entregado las armas, aunque ya no atenta ni marca la vida política y social de la región española ni del resto del país.
Ni éstas ni el Gobierno de España, actualmente en funciones, están dispuestos a hacer concesiones a los etaras. Las víctimas de ETA piden "justicia sin impunidad" y claman contra el olvido de casi medio siglo de atentados, miedo, sufrimiento y lágrimas.
El conservador Mariano Rajoy, que llegó a la presidencia del Gobierno un mes después del alto el fuego de ETA, se ha opuesto a cualquier tipo de negociación con la banda armada y ha desoído las peticiones del Ejecutivo vasco, que con el nacionalista Iñigo Urkullu al frente aboga por dar pasos que propicien el fin definitivo del grupo armado.
Hace solo unos días, el ministro de Interior español en funciones, Jorge Fernández Díaz, reiteraba que solo si la banda se disuelve, "la política de dispersión penitenciaria se reconsideraría".
En este contexto, las fuerzas de seguridad españolas continúan trabajando en la "lucha antiterrorista". La semana pasada localizaron al norte de París un arsenal de ETA con casi 150 pistolas y revólveres que, según medios españoles, la organización pretendía utilizar para tratar de negociar con España y Francia.
ETA hizo un amago de desarme a principios de 2014, cuando quiso escenificar la entrega de las armas en un vídeo en el que aparecían dos etarras junto a los mediadores internacionales que verificaban el supuesto proceso. Las imágenes provocaron polémica, indignación y bufa. Desde entonces, no hubo nuevos pasos.
"Esta tiene que ser la legislatura del desarme definitivo de ETA", dijo hace unos días, en víspera de las elecciones regionales en el País Vasco, el líder independentista Arnaldo Otegi, principal representante del partido Bildu.
Uno de los cambios más significativos en estos cinco años ha sido la llegada de la izquierda secesionista vasca -la llamada "izquierda abertzale"- a las instituciones de la región a través de la coalición Bildu, formada a la sombra de Sortu, que muchos consideraron heredera política de la ilegalizada Batasuna, brazo político de ETA.
En los comicios regionales celebrados en septiembre, la formación volvió a quedar en segundo puesto tras el Partido Nacionalista Vasco (PNV), pero el partido izquierdista Podemos, abierto a un referénum secesionista y sin el lastre del conflicto vasco, se ha convertido en apenas dos años en un adversario fuerte que le pisa los talones.
En el País Vasco, de 2,2 millones de habitantes, los ciudadanos han normalizado en estos últimos años la ausencia de violencia y la convivencia entre dos bandos separados por más de 850 muertos.
Políticos y empresarios dejaron de necesitar escolta tras décadas de amenazas y miedo. Algunos reconocían que pisaban por primera vez en años "lo viejo" de San Sebastián, como se conoce al casco antiguo de la ciudad vasca, considerado punto caliente del conflicto.
Pero muchas heridas siguen abiertas. La capitalidad cultural europea, que este año recae en San Sebastián, centra su programa en torno a la paz y en los esfuerzos por superar un trauma todavía enquistado.
"Queda camino por recorrer pero la diferencia con respecto a lo que vivíamos hace unos años es muy grande. Hay cosas que hablar, que aclarar y que aprender, pero en general hemos dado un gran salto", decía hace unos meses a dpa el alcalde de la ciudad, el nacionalista Eneko Goia.
Con una nueva legislatura a punto de arrancar en el País Vasco y posiblemente también en España -si finalmente Rajoy consigue ser investido jefe del Gobierno tras diez meses ejerciendo de forma interina-, el camino hacia la disolución de ETA sigue en el aire.
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FUENTE: dpa
