Donald Trump y Xi Jinping recordaron recientemente en Washington que Estados Unidos y China fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial y combatieron juntos contra Japón. Es cierto. Pero faltó una precisión fundamental: aquella China era la República de China.
¿Cuál China fue aliada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial?
Taiwán, bajo dominio japonés desde 1895, pasó en 1945 al control de la República de China, y no al de la República Popular, y ese control se mantiene hasta hoy
La reacción en Taipéi fue inmediata. Shen Yu-chung, viceministro del Consejo de Asuntos Continentales (MAC, por sus siglas en inglés) de Taiwán, señaló que Xi intenta reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial para atribuir el protagonismo en la guerra a la República Popular China (RPC), que entonces no existía. Anunció además que Taiwán seguirá recordando a Washington que la República de China fue su firme aliado durante toda la guerra.
El gobierno taiwanés ha reiterado también una distinción contemporánea: la República de China y la RPC no están subordinadas una a la otra, Pekín nunca ha gobernado Taiwán y no representa a sus habitantes.
Por su parte, Zhang Han, portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado (el gobierno central de la RPC), acusó a Taiwán de distorsionar la historia de la guerra: “Esto es una traición a la historia, una profanación de los mártires y una traición a la nación”.
Sin embargo, la propia Zhang reconoció un hecho fundamental: las fuerzas del Kuomintang (KMT, nacionalistas) combatieron contra Japón en el frente principal, mientras las guerrillas comunistas solo desarrollaron frentes en la retaguardia japonesa. Las cifras exactas siguen siendo discutidas, pero las estimaciones históricas atribuyen al Ejército Nacional Revolucionario de la República de China, bajo el mando del KMT, alrededor de tres millones de bajas militares entre muertos, heridos y desaparecidos. Las pérdidas de las guerrillas comunistas fueron considerablemente menores. Si se quiere hablar de mártires, hay que recordar también bajo qué gobierno, mando y bandera combatió la mayoría.
En 1943, Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill se reunieron en El Cairo con Chiang Kai-shek, líder del KMT y de la República de China. La declaración resultante los llama los “tres grandes Aliados” y establece que los territorios arrebatados por Japón a China, incluidos Manchuria, Formosa (Taiwán) y las Pescadores, serían restituidos a la República de China. Mao Zedong, entonces guerrillero comunista, no estaba allí: la República Popular China aún no existía. En 1945, la Declaración de Potsdam estableció que los términos de El Cairo debían cumplirse, y Japón la aceptó al capitular.
Para mayor certeza: el 2 de septiembre de 1945, a bordo del USS Missouri, Japón firmó el Instrumento de Rendición. Por China firmó el general Hsu Yung-chang, del KMT, y debajo de su firma el documento identifica la representación que ostentaba:
“Republic of China Representative.”
Una semana después, en Nankín, las fuerzas japonesas en China formalizaron su rendición ante el general Ho Ying-chin, también representante de Chiang Kai-shek.
Taiwán, bajo dominio japonés desde 1895, pasó en 1945 al control de la República de China, y no al de la República Popular, y ese control se mantiene hasta hoy.
La victoria de 1945 no trajo la paz: se reanudó la guerra civil entre comunistas y nacionalistas. Cuatro años después, la República de China la perdió frente a Mao y sus aliados de la URSS. El 1 de octubre de 1949, Mao proclamó la República Popular China y Chiang Kai-shek, derrotado en la parte continental, replegó su gobierno a la isla de Taiwán, donde llegaron después millones de personas. Pero no fundó allí un nuevo Estado llamado República de Taiwán: trasladó completo el gobierno de la República de China.
Esa continuidad no fue solo nominal. Durante otros 22 años, la República de China siguió representando a China en Naciones Unidas e incluso conservó el asiento permanente en el Consejo de Seguridad. En 1971, la controversial Resolución 2758 reconoció a los representantes de la República Popular como los representantes de China y expulsó a los de Chiang Kai-shek. La resolución no menciona a Taiwán ni determina que la isla pertenezca a la RPC. Pekín sostiene que confirmó a la RPC como único gobierno legítimo de toda China, incluido Taiwán. Taipéi sostiene que trata sobre la representación china en la ONU, no sobre la soberanía, y que no concedió a Pekín autoridad alguna para representar a los habitantes de la isla.
Washington rompió relaciones diplomáticas con la República de China el 1 de enero de 1979, al reconocer a Pekín. Desde entonces mantiene con Taiwán una relación no oficial y de seguridad bajo el Taiwan Relations Act, y lo considera un socio clave en el Indo-Pacífico.
Por tanto, la continuidad institucional es clara: el gobierno que hoy continúa en Taiwán es el mismo aliado de Estados Unidos durante la guerra.
Pekín quiere que la victoria de 1945 y la recuperación de Taiwán se recuerden como una “gloria compartida de la nación china”, por “compatriotas de ambos lados del Estrecho”. Busca algo más: instalar como una verdad internacional que fue la República Popular (inexistente entonces) la que combatió junto a Estados Unidos, derrotó a Japón y “recuperó” Taiwán. Si 1945 fue una victoria compartida, el conflicto actual deja de ser una disputa entre dos gobiernos separados desde 1949 y se vuelve un asunto interno. La RPC necesita crear narrativas que justifiquen la agresión para anexarse Taiwán.
Trump tuvo razón: Estados Unidos y China fueron aliados. Pero aquella China tiene nombre. Fue la República de China la que estuvo en El Cairo, la que soportó el grueso de la guerra convencional y la que firmó la rendición japonesa. Mao ganó la China continental en 1949. No ganó la Segunda Guerra Mundial en 1945.
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René F. Bolio
Presidente de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos
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