Cuando la cápsula Orión de la misión Artemis II americe en el océano Pacífico, el momento será celebrado como un hito histórico en el regreso de la humanidad a la exploración lunar. Sin embargo, a diferencia de lo que muchos podrían imaginar, los astronautas no abandonarán la nave de inmediato. Deberán esperar aproximadamente dos horas antes de ser extraídos por los equipos de rescate. Este periodo, lejos de ser un simple protocolo, es esencial para garantizar su seguridad y salud tras el exigente viaje espacial.
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Dos horas en silencio: por qué los astronautas de Artemis II no pueden salir inmediatamente de la cápsula
Conozca el proceso paso a paso tras el amerizaje de los astronautas de la misión Artemis II
Un aterrizaje seguro no significa una salida inmediata
El amerizaje marca el final del viaje, pero no el fin de las operaciones críticas. Una vez que la cápsula toca el agua, los equipos de recuperación deben asegurarse de que el entorno sea completamente seguro antes de abrir la escotilla. Esto incluye la estabilización de la nave, la verificación de posibles fugas de combustible y la confirmación de que no existen riesgos estructurales.
La nave es rodeada inicialmente por buzos especializados, quienes inspeccionan su integridad y colocan dispositivos de flotación adicionales para mantenerla en posición estable. Solo después de estas comprobaciones, el buque de recuperación, el USS John P. Murtha, puede iniciar el proceso de izado de la cápsula a bordo.
Evaluaciones médicas: el cuerpo necesita readaptarse
Tras varios días en microgravedad, el cuerpo humano experimenta cambios significativos. La ausencia de peso afecta el sistema cardiovascular, el equilibrio y la orientación espacial. Por ello, antes de permitir que los astronautas abandonen la cápsula, los equipos médicos realizan evaluaciones preliminares para asegurarse de que se encuentran en condiciones estables.
Durante la reentrada, la tripulación también soporta fuerzas de hasta 3,9 veces la gravedad terrestre, lo que puede provocar fatiga, desorientación o mareos. Permanecer sentados y sujetos en sus asientos mientras se realizan estas primeras revisiones ayuda a prevenir lesiones y facilita una transición gradual al entorno terrestre.
Comprobaciones técnicas y de seguridad
El intervalo de dos horas también permite a los ingenieros recopilar datos cruciales de la cápsula. Sensores y sistemas de a bordo contienen información valiosa sobre el desempeño de la nave durante la reentrada, el despliegue de los paracaídas y el impacto con el agua. Estos datos son esenciales para futuras misiones del programa Artemis.
Además, el módulo de servicio de Orión se separa antes de la reentrada, y existe la posibilidad de que queden residuos o sustancias potencialmente peligrosas en el área. Por ello, los equipos de rescate realizan mediciones ambientales para descartar cualquier riesgo químico antes de abrir la escotilla.
El proceso paso a paso tras el amerizaje
El procedimiento posterior al aterrizaje sigue una secuencia cuidadosamente planificada:
- Inspección inicial por buzos para verificar la estabilidad y seguridad de la cápsula.
- Colocación del collar de flotación, que mantiene a Orión en posición vertical.
- Traslado e izado de la cápsula al buque de recuperación USS John P. Murtha.
- Apertura de la escotilla y extracción asistida de los astronautas.
- Evaluaciones médicas iniciales a bordo del buque.
- Traslado en avión al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston para exámenes más exhaustivos.
Más que una espera: una fase crítica de la misión
Aunque para el público pueda parecer una larga espera, estas dos horas son una fase esencial de la misión. Cada paso está diseñado para minimizar riesgos y garantizar que tanto la tripulación como la nave regresen en condiciones óptimas. Este meticuloso protocolo refleja décadas de experiencia acumulada desde el programa Apolo y demuestra el alto nivel de preparación necesario para la exploración del espacio profundo.
Otros experimentos
En el octavo día de la misión Artemis II, la tripulación centró sus actividades en la realización de experimentos científicos clave, especialmente aquellos relacionados con los efectos de la radiación solar en el cuerpo humano, uno de los principales desafíos para futuras misiones de espacio profundo.
Los astronautas evaluaron su capacidad para protegerse de eventos de alta radiación, como las erupciones solares, y recopilaron datos sobre los niveles de radiación dentro de la cápsula Orión. Como parte de estos estudios, también practicaron la construcción de un refugio temporal en el interior de la nave, una medida esencial ante posibles tormentas solares, dado que fuera de la atmósfera y la magnetosfera terrestre los astronautas quedan mucho más expuestos a estos riesgos.
La jornada comenzó a las 11:35 (hora del este de Estados Unidos) con la canción Under Pressure de Queen y David Bowie, elegida por la NASA como parte de su tradicional “wake-up call”, una práctica que ayuda a mitigar la desincronización circadiana causada por los cambios en los ciclos de luz y oscuridad en el espacio.
Además de los experimentos científicos, la tripulación puso a prueba las capacidades de pilotaje manual de la nave mientras Orión continuaba su regreso a la Tierra a más de 2.700 kilómetros por hora, tras haber abandonado la zona de influencia gravitatoria lunar. Lanzada desde Cabo Cañaveral, Florida, la misión se convirtió en la primera en llevar astronautas a la órbita lunar en más de medio siglo, marcando un paso decisivo en el programa Artemis y en el futuro de la exploración humana más allá de la Luna.
Preparando el camino hacia el futuro lunar
Artemis II representa la primera misión tripulada del programa Artemis y un paso decisivo hacia el regreso sostenible de los seres humanos a la Luna. La cuidadosa extracción de la tripulación no solo protege a los astronautas, sino que también asegura la recopilación de información vital para las futuras misiones, incluidas aquellas que buscarán establecer una presencia humana a largo plazo en la superficie lunar.
En definitiva, esas dos horas de espera simbolizan la precisión y el rigor de la exploración espacial moderna: un recordatorio de que, incluso después de tocar la Tierra, la misión aún no ha terminado.
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FUENTE: Con información de Europa Press
