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ANÁLISIS

El Sinaí, campo de batalla entre Egipto y el Estado Islámico

El norte del desierto, por ejemplo, acumuló más de 400 atentados entre 2012 y 2015, pero los más sofisticados y mortíferos han tenido lugar durante el último año y medio

TÚNEZ.- RICARD GONZÁLEZ
Especial

“No envíe refuerzos. Envíe todo el Ejército. Morirá aquí en el desierto”, le dijo al presidente egipcio, Abdelfatá Al-Sisi, un desafiante Kamal Allam en un vídeo difundido en abril del año pasado. Allam es un comandante del grupo Wilayat Sina (provincia del Sinaí), la filial egipcia del autodenominado Estado Islámico (EI) que se atribuyó haber derribado un avión ruso con 224 pasajeros a bordo el 31 de octubre.

El desierto es la península del Sinaí, un vasto territorio desértico y inhóspito que conecta los continentes africano y asiático que se ha convertido en el principal campo de batalla entre el Ejército egipcio y una tenaz insurgencia islamista, surgida tras el golpe de Estado contra el presidente Mohamed Morsi en verano del 2013.

Con la finalidad de no dañar el sector turístico, uno de los puntales de la economía egipcia, las autoridades afirman tener bien controlada la península. “Créame, la situación en el Sinaí, sobre todo en esa área, está bajo nuestro control”, declaró recientemente Al-Sisi a la televisión británica BBC tras ser preguntado por la hipótesis de un atentado contra el avión civil ruso.

Habida cuenta del goteo de atentados en la zona, la afirmación de Al-Sisi puede parecer una tomadura de pelo. No obstante, en el Sinaí, un territorio casi del tamaño de West Virginia, conviven dos realidades radicalmente diferentes. En su franja oriental y meridional, apenas si se ha producido algún incidente violento durante los últimos años.

Turismo y violencia

Allí se encuentra la ciudad balnearia de Sharm El-Sheij, gran centro turístico del país y de donde partió el malogrado avión ruso. La seguridad es robusta gracias a la nutrida presencia de la Policía y, especialmente, a la colaboración de las tribus beduinas de la región, que se han aprovechado parcialmente del desarrollo experimentado gracias al boom turístico.

En cambio, la zona central y, sobre todo, la norteña, colindante con Gaza, es un auténtico polvorín. Tradicionalmente marginada por el Estado, ya durante la época Mubarak constituía un santuario para los grupos extremistas gracias a rugosa orografía. Pero ha sido tras el golpe que estos grupos han multiplicado sus efectivos gracias al reclutamiento de centenares de jóvenes alienados.

Aunque actualmente el Ejército domina los centros de población y las principales carreteras durante el día, los yihadistas son capaces de llevar a cabo ataques cada vez más audaces. El pasado mes de julio, en una operación en la que participaron al menos unos 30 militantes, atacaron 15 puestos del Ejército de forma simultánea y fueron capaces de hacerse con la comisaría de Sheij Zueid durante varias horas.

Atentados letales

Los datos ofrecen una imagen alarmante: el norte del Sinaí acumuló más de 400 atentados entre 2012 y 2015, pero los más sofisticados y mortíferos han tenido lugar durante el último año y medio. Según la base de datos del think tank estadounidense TIMEP, centenares de personas, la mayoría miembros de las fuerzas de seguridad, han perdido la vida a causa de los ataques de la insurgencia, que está formada por diversos grupos, siendo Wilayat Sina el más activo.

Sin embargo, la versión de las autoridades es radicalmente diferente. “La situación de la seguridad cada vez es mejor en el Sinaí. Las medidas antiterroristas del Gobierno están funcionando”, sostiene Mohamed Faiz Farhat, un analista del Centro de Estudios Estratégicos Al Ahram, una institución gubernamental.

Casi a diario, los medios de comunicación recogen de forma acrítica los comunicados del Ejército en los que se informa del arresto o muerte de numerosos militantes en operaciones antiterroristas.

Como está prohibida la entrada a la prensa extranjera en esta zona, es muy difícil verificar las informaciones oficiales. Por su parte, las organizaciones de derechos humanos han denunciado que el Ejército aplica una política de tierra quemada contra la población local, lo que ha servido para radicalizar a los jóvenes beduinos y multiplicar la atracción de los grupos yihadistas.

“El ciudadano medio del norte del Sinaí está atrapado entre un grupo asesino que ha jurado lealtad al brutal Estado Islámico y la política implacable de Ejército”, escribe Zack Gold en un ensayo para el TIMEP.

Omar Ashour, del Carnegie Center, es muy crítico con el Gobierno egipcio, que recibe cada año más de 1.000 millones de dólares en asistencia militar por parte de EEUU: “La estrategia anti-insurgente de El Cairo es especialmente ineficaz… La represión intensa actual sólo lleva empuja los locales a los brazos de los extremistas”.

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