Irán atraviesa uno de esos momentos en los que la historia parece contener la respiración. Un paso en falso, un grito o un “empujón” puede alterar el curso del presente y abrir la puerta —o al menos el anhelo— de regresar a lo que fue antes de 1978, cuando el país no estaba regido por una teocracia islam-chiíta y proyectaba una imagen de modernidad comparable con Occidente.
Estudiantes iraníes, clave en el intento de regresar al país de hace cuatro décadas
Las protestas, que han dejado 30 muertos, nacen del colapso económico, el rechazo a la teocracia y el deseo de recuperar las libertades de hace más de 4 décadas
Tras varios días de protestas en más de 45 ciudades, incluida Teherán, el detonante ha sido el colapso económico, la inflación desbordada y la abrupta caída de la moneda. Organizaciones de derechos humanos reportan al menos 30 muertos, mientras que las cifras oficiales informan un número menor de víctimas.
El régimen, encabezado formalmente por el presidente Masud Pezeshkian, se vio obligado a pedir públicamente a las fuerzas de seguridad que no repriman a los manifestantes. En una república islámica donde el poder real no reside en el presidente sino en el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, el mensaje encendió las alarmas dentro de la propia estructura del Estado. Aunque el discurso oficial intenta diferenciar entre “manifestantes” y “alborotadores”, en la calle el malestar ya no admite matices.
La pregunta comienza a imponerse, ¿estas protestas representan una amenaza real para la supervivencia del régimen teocrático?, y a diferencia de otros levantamientos recientes, ¿podría Irán volver a parecerse al país que era antes de 1978?
Contexto distinto
Para el analista de Medio Oriente Joseph Hage, el escenario actual no se parece a ningún estallido previo.
“Desde la época del presidente (Barak) Obama, han pasado dos levantamientos importantes. Uno durante la presidencia del señor Obama, uno durante la presidencia del señor (Joe) Biden, y ahora con (Donald) Trump”, recordó. En los dos episodios anteriores, explicó, Washington optó por no involucrarse de forma abierta, dejando a los manifestantes sin un respaldo internacional explícito.
La diferencia ahora subrayó Hage, no está solo dentro de Irán, sino fuera de sus fronteras.
“Cuando un grupo de personas, quien sea el país, se levanta en contra de una dictadura… lo que dice el presidente americano es una inyección de poder para los manifestantes”. Para el analista, el peso simbólico de la Casa Blanca es determinante. “Las palabras del presidente americano valen por todas las palabras de los europeos”.
Hage conectó esa realidad con la experiencia de las sociedades occidentales.
“Los que vivieron y crecieron aquí, en este país (EEUU), que tienen sus libertades como un hecho, no lo piensan dos veces… they take it for granted (lo asumen como algo normal)”. En contextos autoritarios, advirtió, una señal externa puede convertirse en combustible político.
El factor estudiantil
Uno de los elementos que más atención despierta en el analista es la participación del movimiento estudiantil.
“Yo dije al aire, esto sí cambiará el rumbo de estos levantamientos, porque la juventud es más valiente, la juventud anhela más la libertad que la gente que ya está acomodada en su vida”, afirmó Hage. Desde su lectura histórica, la entrada de los estudiantes suele marcar un punto de quiebre.
“Siempre cuando entraron los estudiantes, cambiaron el rumbo de una manifestación (…) a un derrocamiento de un gobierno”.
A la presión interna se suma un aislamiento regional cada vez más evidente.
“Ni un país apoyó al gobierno iraní en la región”, destacó. Para Hage, Medio Oriente vive un cambio generacional profundo: “La región entera ya está como harta de los teócratas de Irán… La región quiere la paz”.
Ni Arabia Saudita ni los países del Golfo —ni siquiera actores históricamente confrontacionales— desean hoy una escalada regional. El problema del régimen, explicó, es estructural.
“La sobrevivencia del gobierno teocrático de Irán depende de tener un enemigo”. Sin conflicto externo, la narrativa se desgasta. Mientras tanto, el ciudadano común observa cómo el Estado gasta miles de millones de dólares en armamento, mientras “no tienen azúcar ni sal para la casa”, con recursos destinados a Hamás o Hezbolá y no a las necesidades básicas.
Posible desenlace
Hage insistió en un factor clave: el nivel educativo de la sociedad iraní.
“Desde el punto de vista de educación, son muy desarrollados los iraníes, y una persona educada es muy difícil convencerla con la teocracia. Ellos saben leer, no necesitan un clérigo que les diga lo que hay en el Corán”. Esa capacidad crítica, sostuvo, erosiona el control ideológico del régimen.
El analista también fue categórico sobre una eventual intervención militar de Estados Unidos.
“No va a entrar Estados Unidos en ningún terreno. Esta no es la política del señor Trump”. Sin embargo, aclaró que existen otras vías de presión: “Puede ayudar ahorcar la economía iraní… puede hacer sabotaje y operaciones en la clandestinidad”, sin enviar tropas.
Si el régimen llegara a caer, el escenario sería complejo, pero no necesariamente caótico.
“Los que mantienen el orden público son el Basij… y la Guardia Revolucionaria”, explicó, señalando que esta última “ya no tienen más alas para operar” a nivel internacional. Ante un levantamiento masivo, esas fuerzas podrían verse desbordadas.
Lejos de un vacío prolongado de poder, Hage anticipó una transición controlada.
“El pueblo iraní es capaz de mantener orden con la simple policía que tienen”, afirmó, aunque advirtió que “van a sacar del camino a los clérigos… toda esa gente va a terminar o encarcelada o eliminada completamente”.
El cambio no sería inmediato, pero sí profundo.
“Definitivamente, la meta final sería volver a Irán de 1978, cuando Irán era tan civilizado como si fuera occidente”, concluyó. Un país donde las libertades civiles, el rol de la mujer y la vida pública no estén subordinadas a una teocracia.
Mientras el régimen pide moderación y los mandos militares advierten sobre amenazas externas, la calle iraní sigue hablando. Pete Hage lo resume sin rodeos: “sí hay una oportunidad… este es el momento”.
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