LA HABANA.- Las reformas económicas que baraja actualmente la dictadura de Cuba pueden servir para mostrar buena voluntad política y generar confianza dentro de las conversaciones bilaterales con EEUU, pero el consenso entre los expertos es que no tienen la talla del rescate que precisa la isla.
La crisis en Cuba seguirá aún con las reformas del régimen, afirman expertos
La Habana no persigue con estas medidas "una liberalización capaz de erosionar las bases de poder del sistema", sino apenas "una readaptación táctica"
Cuatro economistas cubanos, consultados por la agencia de noticias EFE, dudan del calado y amplitud de las propuestas anunciadas en las últimas semanas en La Habana, de las facilidades de inversión empresarial para los cubanos en el exterior a las nuevas pequeñas empresas privadas mixtas, pasando por la flexibilización para importar combustible.
Ricardo Torres, autor de la publicación especializada Cuba Economic Review apunta que si la "intención" de La Habana es "mandar una señal", entonces "no está mal".
Sin embargo, desde el punto de vista técnico, asegura que las propuestas esbozadas resultan "parciales", "incrementales", "insuficientes", "tardías" y con "un fuerte componente burocrático".
"Ninguna de esas medidas va a cambiar el estado de las cosas", agrega Torres.
Afirma que para voltear realmente la situación, además de abrir la economía y "crear instituciones y capacidad regulatoria", "habría que enviar una señal muy fuerte de que ha cambiado el paradigma" y eso implicaría, incluso, cambios de cargos políticos, por cuestiones de "credibilidad".
El profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Pavel Vidal considera que "se necesita mucho más para mostrar voluntad de cambio y generar confianza" y que, además, cualquier medida tendría un efecto limitado si no se relajan las sanciones y se levanta el cerco petrolero.
"La economía cubana requiere de un amplio programa de estabilización y liberalización que incluya una nueva estrategia de inserción internacional que le permita generar exportaciones para poder pagar sus deudas y comenzar a invertir en una infraestructura productiva que está prácticamente en ruinas", destaca.
Meros "parches" ante una "crisis sistémica"
En esa misma línea, el coordinador del Instituto de Investigaciones sobre la Cuenca del Caribe, Miguel Alejandro Hayes, afirma que "las discretas reformas anunciadas recientemente por el Gobierno cubano distan de satisfacer las expectativas que Washington podría albergar en materia de apertura económica".
A su juicio, La Habana no persigue con estas medidas "una liberalización capaz de erosionar las bases de poder del sistema", sino apenas "una readaptación táctica" dadas las nuevas circunstancias.
Unas reformas reales, argumenta, deberían fijar objetivos a largo plazo, asegurar "financiamiento internacional" y ejecutar "un plan de estabilización macroeconómico cimentado en la restauración de la infraestructura", un elemento clave para propiciar un crecimiento sostenible a gran escala.
"El actual modelo y sus gestores han demostrado una incapacidad estructural para generar los recursos necesarios que exijan superar el estado actual de las cosas", afirma.
La profesora de la Universidad de la Ciudad de Nueva York Tamarys Bahamonde insiste en que Cuba no necesita "parches", sino políticas "de mediano y largo plazo", que son las que "verdaderamente llevarían a resolver o corregir las múltiples crisis" que sufre la isla.
"Hablar de reformas está perdiendo casi sentido porque Cuba necesita ya transformaciones tan profundas que hablar sólo de reformas es muy limitado. Cuba necesita verdaderos cambios en el ámbito económico, social y político", enfatiza.
Afrontar esta "crisis sistémica" precisa grandes inversiones, que no puede hacer el sector privado cubano y que sólo pueden provenir de "inversores sólidos" con capacidad para esperar el retorno a mediano o largo plazo.
Bahamonde aboga por la cautela a quienes confían en una hipotética transición nacida del diálogo entre Cuba y EUUU, y demanda que Washington empiece por levantar las sanciones.
"La experiencia de Venezuela e Irán nos ha enseñado que el objetivo de Washington no es la democratización y el cambio de Gobierno, sino la expansión económico-financiera y el control", subraya.
En esta tensión, a su juicio, hay un claro perdedor. "El pueblo de Cuba es el que está en el fondo del barril recibiendo toda la presión. No se merecen esto, ellos son los que están sufriendo", concluye.
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FUENTE: Con información de EFE
