MIAMI.– Los resultados de la primera vuelta de las presidenciales francesas son concluyentes, la derecha se encuentra a las puertas del Palacio del Elíseo. El candidato socio liberal de centro derecha, Emmanuel Macron, obtuvo el 23,9% de los votos y Marine Le Pen, postulada por el Frente Nacional de extrema derecha, consiguió el 21,7% de los sufragios.
La derecha a las puertas de la presidencia francesa
El resultado correspondió a las expectativas de las encuestas, principalmente después del atentado en los Campos Elíseos de la semana pasada, cuando pronosticaron una derechización del electorado preocupado por la seguridad interna, desilusionados con la situación económica del país, la pérdida de producción y el aumento desenfrenado de la inmigración.
Sin embargo, aunque se encuentran en la misma franja política, las diferencias entre los dos primeros clasificados son acentuadas. La más importante, y que puso a temblar a Bruselas y Berlín, es la propuesta de Le Pen de sacar a Francia de la Unión Europea y de la zona Euro, lo cual, tras la salida del Reino Unido, representaría la virtual desaparición de la Unión.
Macron es mucho más ‘suave’. El exministro de Economía e Industrias quiere el refuerzo de la integración europea, de la globalización y del intercambio comercial, así como una inversión de 50.000 millones de Euros en la economía francesa.
“He escuchado las dudas y la cólera de los franceses, así como su llamado al cambio y al rechazo a los partidos que los gobierna hace 30 años. También el rechazo al nacionalismo”, dijo Macron.
El candidato hizo un llamado a la unidad, “fundamental para gobernar y crecer. Es el gran reto”, enfatizó. Para Macron, “vamos a abrir una nueva página de unidad en nuestra vida política para tener un nuevo lugar en Europa”. Es más, “no voy a preguntar a nadie de dónde viene para apoyarme”. Lo necesario, afianzó, es la “reconstrucción europea”.
En términos totalmente opuestos se manifestó Marine Le Pen, para quien hoy solo sus electores “son patriotas”, y se mantuvo firme. Si llega al Elíseo todo cambiará. “Al fin vamos a tener un gran debate sobre el futuro de Francia, sobre la mundialización salvaje, la competencia desleal y la libre circulación de terroristas”, afirmó la candidata nacionalista.
Le Pen reanudó la promesa de cerrar las fronteras para proteger “la identidad y seguridad” de Francia.
“Lo que les propongo es la gran alternativa que pondrá en acción otra política que dará un rostro nuevo al poder. Les propongo la alternancia. No será con los herederos de Hollande que llegará esa alternancia. Lo esencial es la sobrevivencia de Francia”, subrayó.
Francia se rediseña
La carrera presidencial tuvo 11 candidatos, pero los resultados rediseñaron la política francesa. Con la implosión de los socialistas y la derrota de los republicanos (herederos de Charles De Gaulle), se acabó la tradicional alternancia de los dos en la presidencia.
Los 20% que obtuvo el candidato conservador Gaullista, François Fillon, implica que los republicanos tendrán que replantearse. Pero también el candidato no fue el mejor. “Mi candidatura tuvo muchos obstáculos, fue muy dura”, dijo Fillon.
Lo del socialista Benoît Hamont fue casi patético. El Partido Socialista se encuentra enfrascado en luchas intestinas por el fracaso presidencial de François Hollande, y el electorado se diluyó en 6,2%. “Ha sido una sanción muy dura”, dijo.
Esto abrió espacio a Jean-Luc Mélenchon, el exsocialista que con el apoyo de los comunistas se presentó en una onda populista, apelando a los sentimientos más íntimos del electorado, prometiendo la refundación de la República pasando por la salida de la Unión Europea, el Euro, la centralización de las funciones del Estado y el rediseño del poder mediático. Pero no convenció al electorado y se quedó con 19,7%.
Una campaña tensa
La campaña presidencial francesa fue una de las más tensas de la historia, quizás sobrepasada por la del General Charles de Gaulle, en 1958, cuando logró recuperar el poder tras haber sido obligado a abandonarlo en 1946 por sus bandazos autoritarios. De hecho, la sombra de De Gaulle estuvo presente todo el tiempo.
Sus posturas populistas fueron renovadas cuando Le Pen, Macron y Melenchón los actualizaron, sin dudas influenciados por el éxito de Donald Trump en Estados Unidos, y la consigna “Make America Great Again” se convirtió en “Francia siempre”. Si la derecha abogó por la reconstrucción de una Francia sólida, la izquierda apeló a la participación popular y la refundación de la República. Pero todos, como Trump, prometiendo lo que sus electorados querían escuchar.
Le Pen y Mélenchon propusieron directamente la salida de Europa, no por razones similares, sino como un escenario que pudiera sacar a los galos de sus preocupaciones económicas, principalmente en las zonas rurales, donde la agricultura se encuentra en decadencia, en parte por las políticas europeas centralizadas, pero también por el cierre de las fábricas, cuya producción fue transferida a países de Europa Oriental donde la mano de obra es mucho más barata.
A los candidatos les dividió también el problema de la inmigración: la derecha habló de cerrar fronteras, porque muchos franceses consideran que la crisis económica y de seguridad se debe a la política de puertas abiertas que François Hollande nunca ha querido cambiar.
Y esto conduce al tema del terrorismo. Durante la campaña, los candidatos prometieron luchar contra este flagelo del siglo XXI, cada uno presentando propuestas más disímiles. La mayoría no fue tan radical como Le Pen, pero de algún modo hablaron de un control migratorio (menos Mélenchon) como forma de frenar los atentados que, en la mente de la sociedad civil, están bien presentes y que el Estado, de hecho, se encarga de recordárselos a los franceses con la militarización de la sociedad.
El atentado en los Campos Elíseos, que ocurrió la semana pasada, estuvo a punto de desequilibrar la ecuanimidad que Hollande quiso mantener, pero al final pesó más el fantasma del peligro del regreso de la extrema derecha.
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