TÚNEZ.- RICARD GONZÁLEZ
La tortura, presente en Túnez cinco años después de la Revolución
"Desde la caída del régimen, se registraron al menos 450 denuncias de torturas, y más casos otros aún de malos tratos", según la Organización Mundial Contra la Tortura.
La vida de Alí Jedidi, responsable de seguridad de una discoteca de la ciudad costera de Hamamet, cambió de forma inesperada la noche del 27 de febrero. "Nueve personas, tres de ellas miembros de la Guardia Nacional, se pelearon con nuestros porteros porque no los dejaron entrar. El local ya estaba lleno y ellos iban muy borrachos ", recordó Alí con un hilo de voz.
"Luego volvieron con otros siete policías armados con Kalashnikovs. Los porteros habían huido atemorizados, y sólo quedaba yo en la puerta. Me golpearon allí mismo, y luego también en la furgoneta y comisaría. Y uno de ellos orinó sobre mí ", detalló. Como consecuencia de las heridas, Alí, un hombre corpulento de 51 años, camina con dificultad y sus manos nunca cesan de temblar.
Cinco años después de la Revolución que depuso al presidente Ben Ali, creador de un temido Estado policial, las violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad siguen siendo demasiado habituales.
"Desde la caída del régimen, se registraron al menos 450 denuncias de torturas, y más casos otros aún de malos tratos", explicó Halim Meddeb, asesor legal de la oficina de la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) en Túnez.
Las técnicas de tortura más habituales son las mismas que antes de 2010: palizas, a menudo propinadas por varias personas, descargas eléctricas, posiciones forzadas mantenidas durante largo tiempo, o la asfixia. Este hecho demuestra que no hubo una ruptura en la cultura del Ministerio del Interior, que nunca llegó a ser reformado en profundidad.
Además, si bien el ministerio ya no es todopoderoso como antes, continúa ejerciendo una gran influencia sobre otras instituciones del Estado, frenando así los cambios propios del nuevo orden democrático.
A diferencia de la era Ben Ali, el uso de la tortura no tiene hoy fines políticos, sino que es utilizada por los agentes por motivos personales, como en el caso de Jedid, para arrancar confesiones o bien para castigar delincuentes comunes o sospechosos de terrorismo, siendo esta última la práctica más común.
Abusos policiales
La semana pasada, un conjunto de ONGs locales e internacionales lideradas por la OMCT y Human Rights Watch (HRW) lanzaron una campaña bajo el título "No al terrorismo, sí a los derechos humanos" que tiene como objetivo sensibilizar a la población respecto a la importancia de erradicar los abusos policiales.
Aunque la brutalidad de los abusos fue uno de los motivos que provocó la revuelta tunecina de 2010, cuna e inspiración de la Primavera Árabe, una buena parte de la población parece ahora dispuesta a tolerar este tipo de prácticas en nombre de la "guerra contra el terrorismo".
El año pasado, Túnez sufrió tres brutales atentados terroristas que se saldaron con la muerte de 71 personas y destruyeron la industria turística. La lucha antiterrorista domina ahora los discursos políticos y de los medios de comunicación, lo que ha servido para rehabilitar la imagen de la Policía. En un encuesta reciente, un 82% de la ciudadanía declaró poseer una imagen positiva de la institución policial.
Impunidad de agresores
El principal factor que perpetúa los abusos es la impunidad total de los agresores. "Según las autoridades, los casos de torturas son aislados. Pero no es así. Simplemente, abolirlas no forma parte de las prioridades del Gobierno ", lamentó Meddeb. Túnez cuenta hoy con un Gobierno elegido en las urnas en 2014, así como una nueva Constitución democrática.
Hasta ahora, sólo hubo un veredicto de condena contra policías, el año 2012. Habitualmente, las denuncias terminan archivando tras pasar meses congeladas, lo mismo que ocurre con el caso de Jedidi.
"Conozco el nombre de algunos de los agentes. Pero la fiscalía no quiere actuar. Es más, recibí amenazas contra mi integridad y la de mis hijos si no retiro la denuncia que interpuse en la Justicia. Perdí la confianza en todas las instituciones ", comentó con una mirada de una profunda tristeza.
Sin embargo, Amna Guellali, responsable de HRW en Túnez, afirmó que también se registró algún avance. "Por fin, el Parlamento ya nombró a los miembros de la Comisión Nacional contra la Tortura que tendrá amplios poderes. Además, se aprobó una nueva ley muy importante, ya que otorga a toda persona detenida el derecho de ver un abogado, con la excepción de los casos de terrorismo ", sostuvo Guellala, aunque reconoce que el gran reto ahora es la aplicación de estas nuevas medidas. No hay que olvidar que, sobre el papel, en la era Ben Ali la tortura también estaba prohibida.
Alí Jedidi, responsable de seguridad de una discoteca de Hamamet. (R.G.)
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