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OPINIÓN

Los entuertos de Barack Obama en política exterior

El mundo es cada vez menos seguro y el poder amenazante del terrorismo se incrementa a niveles preocupantes. Hay ocasiones en que la mano dura es el menor de los males. Pero ese tema queda de asignatura pendiente para el presidente de EEUU, Barack Obama

MIAMI.-DARSI FERRET
Especial

El balance de la gestión del presidente Barack Obama en política exterior es desastroso. Un simple ejemplo lo constituye el actual caos en Siria, donde gran parte del país está en manos de los terroristas de Estado Islámico y otras zonas las ocupan grupos similares como Al-Qaeda y Al-Nusra. Las consecuencias de la guerra civil en esa nación árabe se han desparramado a Europa, que se debate en cómo resolver y abordar la entrada en estampida a su territorio de millones de refugiados.

Al principio, cuando comenzaron las manifestaciones populares contra el genocida Bashar al Assad, EEUU pudo implantar un área de exclusión aérea y así impedir que el régimen sirio usara su aviación y armamento pesado para masacrar a su propio pueblo. La fórmula había sido probada meses antes con total eficacia en Libia, durante las protestas masivas que terminaron defenestrando a Muammar el Gadafi.

Obama se dejó paralizar por Rusia y en menor medida por China, que usaron su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear la resolución que imponía el área de exclusión.

Distinto a la flojera del mandatario norteamericano se ha mostrado el gobernante del Kremlin. Vladimir Putin no solo ha mantenido su apoyo al régimen de Al Assad sino que por estos días ha incrementado el envió de tropas, cazabombarderos, helicópteros de combate y otro tipo de armamento a Siria.

Esa acción dirigida a conservar su única conexión determinante con el Medio Oriente y la preservación de la base militar de Tartus que garantiza la presencia rusa en el Mediterráneo, termina por complicar mucho más la precaria situación de EEUU en la región.

Tanto Rusia como EEUU y Europa tienen como enemigo en Siria a los terroristas de Estado Islámico, donde quedan opuestos es en la posición respecto al presidente sirio Bashar al Assad. EEUU y Europa lo quieren fuera del poder luego de protagonizar el genocidio de cientos de miles de opositores y civiles indefensos, incluso usando armas químicas. Por su lado Rusia exige que la solución a la guerra siria sea apoyando y sosteniendo en el poder a Al Assad y lo que queda de su régimen.

El enredo sirio se incrementa con el involucramiento del régimen fundamentalista de Irán, el otro aliado y sostenedor de Bashar al Assad. La poderosa Guardia Revolucionaria iraní participa de la guerra en Siria defendiendo al régimen de Assad, con apoyo logístico, asesores y unidades de combate. También Irán llevó a que unos 4 mil soldados de la milicia terrorista del Líbano, Hizbola, estén combatiendo junto a iraníes y rusos en apoyo del régimen sirio.

Parte del armamento sofisticado que proporcionan Rusia, Irán y hasta China al genocida Bashar al Assad, este se lo pasa a la milicia terrorista Hizbola y a los extremistas palestinos de Hamas. Ambos grupos son enemigos a muerte de Israel y usan esa logística para afianzar sus metas de atacar al Estado hebreo. En varias ocasiones la aviación de combate del ejército judío ha incursionado en Siria para desmantelar convoy en pleno traslado de armas y recursos bélicos. Israel está ahora en mayor riesgo, ya que sus acciones defensivas quedan frenadas por el aumento de las tropas rusas en territorio sirio. Cualquier incidente que implique el ataque directo a militares rusos podría conducir a una guerra con esa otra nación.

Aunque el régimen teocrático de Irán, al igual que EEUU y Europa, combate a los terroristas de Estado Islámico en Siria, su presencia y protagonismo en la nación árabe es tomada como una afrenta expansionista por Israel y las monarquías del Golfo Pérsico. Los ayatolas iraníes no reconocen el derecho a existir de Israel y mantienen su llamado a exterminar ese Estado. Las monarquías del Golfo (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait, Bahréin) son naciones musulmanas de religión sunita, que se disputan la hegemonía en la región árabe con Irán, la potencia musulmán de religión chiita. La alianza de Irán con Bashar al Assad y su régimen se basa en la pertenencia de estos últimos a la etnia alauí, que es una rama de la religión chiita.

La guerra por la preponderancia hegemónica de corte religioso, Zuni versus Chií, facilitó que el grupo terrorista Estado Islámico, principal enemigo de EEUU y Europa en la actualidad, recibiera enormes contribuciones en recursos militares y económicos de manos de las monarquías del Golfo. La razón es que los radicales de Estado Islámico son sunníes de religión, al igual que esas naciones, y comparten de enemigo al Irán chiita. Lo paradójico es que Arabia Saudí y sus vecinos sunitas siempre se han comportado como aliados de EEUU.

El otro conflicto que genera la guerra civil en Siria involucra a Turquía, nación musulmana también de mayoría sunní. La esencia de su problema es distinto al de las monarquías sunníes. Una parte del territorio turco es habitado por población de origen kurda. Durante años y a un costo de miles de decenas de muertos de ambos lados, la milicia kurda del PKK se ha enfrentado al ejército turco en su lucha por la independencia y creación del Kurdistán, aspiración que incluye a los kurdos asentados en Turquía, Irak, Irán, Siria y un pequeño enclave en Armenia. En el terreno sirio e iraquí, grupos militares de kurdos combaten ferozmente a los terroristas de Estado Islámico. Y aunque Turquía es miembro de la OTAN y aliado de EEUU y Europa, desde que se desató la guerra en Siria, su territorio ha sido el traspaso seguro de los miles de extranjeros que han viajado a las zonas pertenecientes al Califato para unirse a Estado Islámico. Con tal de que los kurdos no sean legitimados por la comunidad internacional, ni se fortalezcan militarmente, Turquía se ha hecho de la vista gorda mientras los yihadistas usan de trasiego esa nación para engordar las filas del ejército terrorista del Califato. Practican como lógica, "el adversario de mi enemigo es mi amigo".

Finalmente la ecuación Siria queda algo así como que la falta de pantalones de Obama para contribuir de modo determinante en la caída de Bashar al Assad y su régimen criminal, brindando apoyo a los grupos iniciales de la oposición pacífica siria, cuando estos se lanzaron de modo masivo a las calles, provocó que en pocos meses fueran sustituidos en el protagonismo por los militares desertores aupados en el Ejército Libre Sirio.

EEUU y Europa se negaron a darle apoyo militar a esas tropas opositoras y pronto fueron desplazadas por la entrada en el escenario de grupos terroristas, bien armados, apoyados y financiados muchos de ellos por las naciones árabes sunníes. Para EEUU esta alocada situación puso en el mismo bando a enemigos y en el bando contrario a aliados.

EEUU y Europa tácitamente son aliados de confesos enemigos como Irán, Rusia, Hizbola, Hamas, las milicias kurdas y la propia China, en el frente sirio e iraquí donde combaten a los terroristas de Estado Islámico, Al-Qaeda, Al-Nusra... Esa alianza circunstancial los lleva a contraponerse con viejos aliados como Israel, Arabia Saudí y Turquía, que se ven afectados por las acciones de sus socios occidentales. Y mientras así van las cosas, el mundo es cada vez menos seguro y el poder amenazante del terrorismo se incrementa a niveles preocupantes. Hay ocasiones en que la mano dura es el menor de los males. Pero ese tema queda de asignatura pendiente para el presidente de EEUU, Barack Obama.

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