LONDRES.- El año 1936 fue histórico para la monarquía británica: el 20 de enero, el seductor sucesor al trono era declarado nuevo rey de Reino Unido e Irlanda del Norte con el nombre de Eduardo VIII, tras la muerte de su padre. Sin embargo, 11 meses después y cuando aún no había sido coronado oficialmente, abdicó el 10 de diciembre, hace ahora 80 años.
Ocho décadas de la historia de amor que sacudió a la Casa Real británica
Y todo por amor, por "esa mujer", como la llamaba su madre, la reina María, a la amante de su hijo. Wallis Simpson (1896-1986) fue la mujer por la que el rey de 41 años renunció al trono provocando un escándalo que hizo estremecer los cimientos de la casa real británica. Porque Simpson no era sólo plebeya, sino además, era estadounidense y estaba dos veces divorciada.
Eduardo, un hombre rubio, extravagante y con encanto, la había conocido cinco años antes en una fiesta en la casa de fin de semana de lady Thelma Furness, que era su amante entonces. Y se rindió a la seductora estadounidense de Baltimore pese a que con su voz profunda y su carácter director no era una belleza nada convencional para la época.
En una de sus cartas, escribió: "Te amo más cada minuto que pasa y ningún obstáculo podrá impedir nuestra felicidad total".
Además, tenían algo en común: los dos se superaban mutuamente con sus dietas extremas. Eduardo comía a veces solamente una naranja al día, mientras Walils Simpson sustituía la comida por whisky y agua.
Entonces, seguía casada con el tolerante Ernest Simpson, que durante años fue testigo del affaire. El sucesor al trono británico y solicitado soltero de la isla regalaba a su amante joyas de Cartier y se la llevaba a esquiar a Kitzbühel, en Austria.
La familia de Eduardo tenía la esperanza de que la coronación y las obligaciones reales hicieran entrar en razón al príncipe: primero, debía casarse con una mujer de la nobleza que estuviera a la altura y después, dar el primogénito que ordenaba la tradición. Pero Eduardo VIII tenía otros planes y fueran cuales fueran sus obligaciones de Estado, Wallis siempre estaba por delante de todo.
Su biógrafa Anne Sebba cree sin embargo que el affaire fue durante mucho tiempo sólo un juego para Wallis y que ella nunca quiso "cambiar a su paciente marido por el rey de Inglaterra". Pero cuando Wallis intentó dejar a Eduardo, él la amenazó con matarla o seguirla hasta el fin del mundo.
En octubre de 1936, en la alta sociedad circularon rumores de que Eduardo quería casarse con su amante. La familia real, la Iglesia de Inglaterra y el Gobierno británico protestaron enérgicamente y sólo el primer ministo Winston Churchill defendía que se dejara al príncipe casarse con su amada.
Hasta entonces, los periodistas del corazón británicos se habían contenido. Pero entonces, el affaire desató titulares en todo el mundo, el marido de Simpson le concedió el divorcio y la prensa del corazón se lanzó tras Wallis Simpson.
Comenzó a decir que era lesbiana, ninfómana e incluso espía de los nazis. Pero hacía tiempo que el rey habí atomado su decisión y llegó a decirle a su indignada madre, la reina María: "Lo único que cuenta es nuestra felicidad".
El 10 de diciembre de 1936, hace ahora 80 años, Eduardo VIII firmó su abdicación, convirtiéndose en el único monarca británico en dejar el trono de forma voluntaria. Se despidió de sus súbditos pocas horas después con un discurso de radio: "La decisión que he tomado es mía y sólo mía".
Y apeló a la comprensión: "Me resulta imposible cargar con el fuerte peso de la responsabilidad y cumplir mis obligaciones como rey sin la ayuda y apoyo de la mujer que amo".
Su hermano menor, Jorge VI, ocupó su lugar y subió al trono en 1937, evitando una crisis de Estado.
Un mes después, se casó en Francia la pareja protagonista de una de las mayores historias de amor del siglo XX o de un "culebrón" real con mucho sexo y emoción que provocó una profunda crisis en la monarquía británica.
La propia Wallis nunca despejó del todo sus dudas e incluso desde la luna de miel escribió a su ex marido una carta en la que dejaba claro lo mucho que le echaba de menos: "Mi amor, ¿la vida no era hermosa, dulce y sencilla?".
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FUENTE: dpa
