TÚNEZ.- RICARD GONZÁLEZ
Especial
Oportunidad de diálogo en las tres guerras árabes
El peligro que representa el grupo Estado Islámico moviliza a las grandes potencias mundiales a buscar la resolución de conflictos que tensan la región y de los que se beneficia el grupo yihadista
Los archienemigos Rusia y EEUU ya ven el conflicto en Siria bajo un mismo prisma, mientras que la ONU patrocinó el inicio las conversaciones de paz entre las facciones yemeníes el pasado miércoles, y el jueves la firma de un acuerdo de paz en Libia. A través de senderos diferentes, los protagonistas de las tres guerras que desangran Medio Oriente se situaron simultáneamente ante una similar encrucijada: ¿ceder y pactar una solución política o continuar la lucha armada?
Las próximas semanas serán claves para ver si es posible reconducir los conflictos de Siria, Libia y Yemen. En los tres casos, la empresa se antoja difícil, por mucho que la comunidad internacional presione a las partes y las poblaciones de estos países expresen también su hartazgo con un largo reguero de muerte y destrucción.
Los tres conflictos árabes se encuentran en un punto de maduración parecido: tras meses o años de combates y una espiral de odio, no se vislumbra una victoria militar para ningún bando. Ahora bien, probablemente, de no haber ocurrido los terribles atentados de París, aún estaríamos enmarañados en conversaciones preliminares.
La renovada percepción del peligro que representa el grupo autodenominado Estado Islámico incitó a las grandes potencias mundiales a movilizarse en la búsqueda urgente de resolver los conflictos que tensan la región, y de los que se beneficia el grupo yihadista.
Después de más varias semanas de fuertes presiones, la ONU consiguió que representantes de los dos parlamentos libios en litigio firmaran un acuerdo para la creación de un gobierno de unidad nacional.
La firma es la culminación de más de un año de conversaciones con el objetivo de poner fin un conflicto armado y político que enfrenta a dos coaliciones de milicias, partidos y tribus que construyeron dos gobiernos paralelos en Libia, un país fracturado desde la caída del régimen de Muammar Gaddafi en 2011.
Futuro del acuerdo
La comunidad internacional confía en que el pacto servirá para estabilizar el país y frenar la preocupante expansión del Estado Islámico, que planea convertir Libia en su feudo si es derrotada en Siria e Irak. Sin embargo, como declaró el enviado de la ONU en Libia, la firma del acuerdo “es solo un primer paso” hacia la paz.
Durante los días previos, numerosas voces en ambos bandos, el Gobierno de Tobruk, reconocido internacionalmente, y el de Trípoli, expresaron su rechazo al documento, lo que amenaza de convertirlo en papel mojado.
En Yemen, las esperanzas pasan por las negociaciones que tienen lugar en Ginebra desde el pasado miércoles entre los rebeldes huitíes y los representantes del Gobierno yemení, presidido por el Abd Rabbuh Mansur Hadi. Las dos facciones declararon el lunes un alto al fuego de una semana y procedieron a un intercambio de prisioneros en las horas siguientes. Sin embargo, ambos se acusaron de violar el cese de las hostilidades que, de momento, será de una semana de duración.
El conflicto entre ambos, en el que se injirió una coalición militar liderada por Arabia Saudita para apoyar a Mansur Hadi, provocó la muerte de unas 6.000 personas desde el pasado mes de febrero, además de dejar al borde de la miseria a millones de personas en el país árabe más pobre.
Al igual que en Libia, el conflicto abrió las puertas a la llegada del grupo Estado Islámico. Si bien la raíz del conflicto es la distribución del poder entre las diversas facciones del país, la hostilidad entre los vecinos Irán y Arabia Saudita le dio una dimensión internacional a la pugna y complicó su resolución.
En el ojo del huracán
Por último, en el avispero sirio, el régimen de Bashar Al-Assad y una parte de la oposición se encuentran más cerca que nunca de entablar unas conversaciones de paz, que Washington y Moscú sitúan para el próximo mes de enero. Más de 100 representantes de la oposición siria, incluidas algunas facciones armadas, se dieron cita recientemente en Riad para discutir una posición común frente a las negociaciones.
A la capital saudita no fueron invitados el EI ni Jabhat Al-Nusra (la filial de Al-Qaeda en Siria), al ser consideradas organizaciones terroristas y no revolucionarias. La milicia Ahrar Al-Sham sí fue, pero se retiró por discrepancias con el documento final. Es decir, las tres facciones armadas rebeldes más poderosas boicotearán las negociaciones.
“El camino hacia las paz está plagado de minas, y en cualquier momento pueden estallar”, declaró ayer pesimista el profesor Fawaz Gerges a la cadena en árabe de la BBC. A parte del rechazo de las principales milicias rebeldes, Gerges recordó que no existe aún solución al que es hasta ahora el principal obstáculo para una solución negociada: el futuro del presidente Bashar Al-Assad.
La oposición, apoyada por Occidente, Turquía y Arabia Saudita, exige la dimisión de Al-Assad al comienzo de la transición democrática. En cambio, Rusia e Irán, los sostenes del régimen, insisten en que eso lo debe decidir el pueblo sirio. Al-Assad, por su parte, se mantiene firme en su deseo de mantener el poder a toda costa.
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