MIAMI.- Una semana después del ataque perpetrado por tres terroristas palestinos en la Ciudad Vieja de Jerusalén, en el que dos soldados israelíes resultaron muertos, la milenaria ciudad vuelve a ser escenario de choques con la Policía, en los que tres militares han sido heridos, tres palestinos muertos y más de 400 heridos, tras la implementación de nuevas medidas de seguridad para acceder a la siempre disputada Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo.
Palestinos e israelís vuelven a enfrentarse
Los musulmanes consideran que el refuerzo de las medidas de seguridad, que consisten básicamente en la colocación de un par de arcos detectores de metales, supone un intento de los israelíes por apropiarse del lugar, según reporta la agencia de noticias EFE.
De hecho, el rotativo israelí Haaretz confirmó que el gabinete de seguridad nacional israelí acordó que los arcos detectores de metales se mantendrán, a pesar de las protestas.
Los medios de prensa reportan que el ambiente comenzó a caldearse cuando miles de musulmanes se acercaron a las inmediaciones del recinto y se negaron a atravesar los detectores de metales instalados por Israel el día 16, tras el ataque cometido dos días antes.
El Gran Muftí de Jerusalén y varios de los líderes religiosos musulmanes habían hecho un llamamiento a los fieles religiosos para acercarse al lugar el viernes, día santo musulmán, al complejo de Al Aqsa y no a otras mezquitas, en protesta por los detectores de metales instalados.
Testigos presenciales reportaron que los musulmanes se agruparon en las calles adyacentes a la Explanada de las Mezquitas, tanto dentro como fuera de la ciudadela, donde procedieron a rezar.
Por otra parte, estallaron varios incidentes en diversos barrios de Jerusalén Este y localidades en Cisjordania, como Belén, donde palestinos lanzaron piedras y cócteles molotov contra las fuerzas de seguridad israelíes, que respondieron a los manifestantes con tiros al aire.
Seguridad
Mientras tanto, las fuerzas de seguridad israelíes continuaban tratando de controlar el acceso a la Explanada solo a las mujeres y a los varones mayores de 50 años y negaban la entrada a los más jóvenes.
Hubo forcejeos e incluso disparos, mientras los musulmanes, mayoritariamente hombres, continuaban ocupando las calles adyacentes ante decenas de policías que les cortaban el paso en los puntos de fricción, especialmente en las centenarias puertas de Damasco y de los Leones.
Los palestinos y el mundo musulmán continúan interpretado esta medida como un intento del Gobierno de Benjamin Netanyahu de aumentar su control sobre el complejo religioso.
"¿Por qué tenemos que atravesar los detectores? Solo venimos a rezar. Queremos acceder libremente a nuestro lugar de rezo", dijo Ziad a Efe, preparado para orar en la calle adyacente a la Explanada.
Pero la realidad es otra. Israel teme un nuevo ataque terrorista y por ello plantea la necesidad de mantener detectores de metales, tal y como está establecido para los judíos que desean acceder al Muro de los Lamentos, adonde miles acuden a rezar cada día.
El Gobierno israelí aseguró que, pese a las protestas, no retirará los detectores de metales. "Israel está decidido a mantener el control de seguridad y las cosas como están en el Monte del Templo [Explanada de las Mezquitas] y la libertad de acceso a esos lugares santos", indicó la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, en un comunicado emitido tras cuatro horas de reunión con el Gabinete de Seguridad. "El Gabinete ha autorizado a la Policía a que garantice el libre acceso a los lugares sagrados, al tiempo que mantiene la seguridad y el orden públicos", añadió la nota.
Entretanto, el servicio de emergencias de la Media Luna Roja, equivalente a la Cruz Roja, confirmó 391 heridos en los disturbios, muchos de ellos por inhalación de gas, pero también decenas por ciertas quemaduras y heridas menores.
Monte sagrado
Tras 69 años del establecimiento del Estado de Israel y los subsiguientes enfrentamientos entre israelíes y palestinos, la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, que tanto musulmanes como judíos consideran terreno sagrado, prevalece en el centro de la disputa entre palestinos e israelíes. El lugar, que mira al Monte de los Olivos y está enclavado en el extremo este de la Ciudad Vieja, es para el islam el lugar desde donde Mahoma subió al cielo hace 1.350 años y para el judaísmo el cimiento donde estuvo el Gran Templo de Jerusalén, que fue destruido por los romanos hace casi 2.000 años.
Fue precisamente allí, y por ello el temor de cualquier brote de violencia, donde se produjo la visita del entonces líder de la oposición israelí, Ariel Sharón, en el año 2000, que fue interpretada como una “gravísima provocación” por parte de la población palestina y condujo a una serie de protestas y enfrentamientos violentos de ambas partes que resultaron, junto a otros factores, en una ofensiva violenta palestina, conocida como Segunda Intifada, que se generalizó con el uso de suicidas que portaban bombas para explotar en lugares frecuentados por civiles israelís, como autobuses públicos, restaurantes, escuelas y centros comerciales, con un saldo de 1.063 israelíes y 5.516 palestinos muertos.
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