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VIOLENCIA

Rebelión europea de nuevo estilo contra el sistema

La única forma que las autoridades tienen de combatir esta rebelión de nuevo estilo contra el sistema, es infiltrar agentes de paisano en las calles o en los grupos anarquistas en sí

MIAMI.- RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe

La semana pasada en París, un manifestante de rostro encubierto reventó el cristal trasero de un coche patrullero y arrojó un cóctel Molotov hacia el interior. De inmediato, rodeado de llamas, el policía saltó del interior del vehículo pero, en vez de disparar hacia el agresor, como sin duda sucedería en Estados Unidos, se apartó del lugar sin buscar enfrentamiento. Al día siguiente fue felicitado por el Gobierno por su sangre-fría y contención.

La agresión a los policías en las manifestaciones públicas en Europa se ha transformado en una norma, pero en Francia las autoridades han logrado establecer un patrón que las tiene preocupadas. A contrario de los años ‘80 y ’90, o comienzo del siglo, las manifestaciones dejaron de ser un mero movimiento anarquista o de jóvenes descontentos y desempleados, para pasar a ser todo un movimiento organizado y bastante ideologizado.

Además, la aplastante mayoría de los manifestantes son gente de entre 15 y 30 años de edad, educada, profesional, seguros de sí mismos y que “atacan” con un objetivo político muy determinado que pasa por la caída de los gobiernos, sean nacionales o municipales. Se definen a sí mismos como “combatientes desesperados contra el sistema”.

El general de la policía francesa, Bertrand Cavallier, quien fuera comandante del Centro Nacional de Entrenamiento de la Policía, es un estudioso del fenómeno y lo imparte en sus clases. “Este fenómeno tiene sus raíces en Estados Unidos y Europa en la década de los 70 y 80. Todo comienza con la indignación por los guetos negros, o los inmigrantes en Europa, pero lo cierto es que esta ‘insurrección’ se ha refinado, enraizado y modernizado”, explicó a la revista Paris Match.

Ataque en mariposa

En los últimos meses las autoridades galas han detectado un cambio en las tácticas de lucha, como la que fue víctima el policía francés la semana pasada. Es lo que llaman, “el ataque en mariposa”. O sea, un enjambre de manifestantes se abalanza contra uno o dos policías al mismo tiempo, sin dar posibilidades de defensa, y ataca tan rápido como desaparece del lugar.

Sin embargo, en las últimas semanas, no solo las autoridades han comenzado a ser blanco de estos ataques. Con la misma técnica, se rompen vidrieras de tiendas de lujo, monumentos e muebles públicos en los jardines, sedes de partidos políticos conservadores y bancos, así como van contra periodistas o simples viandantes. No roban nada, solo agreden y destruyen. Es una forma, dice Cavallier, de atacar “el capitalismo y sus símbolos”, de una manera más organizada, imprevisible y muy difícil de anticipar y combatir.

Por ejemplo, el Primera de Mayo pasado, en la ciudad de Rennes, en la Bretaña francesa, un grupo pequeño de manifestantes ocupó la Alcaldía donde se celebraba el Día del Trabajo. La bautizaron “La Casa del Pueblo”, montaron una radio pirata durante unas horas y después de trasmitir su mensaje “revolucionario anticapitalista”, se retiraron del lugar no sin antes destruir su interior. Su justificación: “La violencia es necesaria frente a la represión policial”.

Las calles comerciales, algo muy común en cualquier ciudad francesa, son un buen escenario para los ataques en solitario, otra técnica “revolucionaria” que se procesa tras un detallado estudio del lugar, e incluso el diseño de mapas con la planificación, que la autoridades califican de casi militares, y ejecutados con una precisión milimétrica sin otro objetivo que provocar pérdidas económicas, no humanas porque hasta ahora no ha habido muertos, sino heridos y buenos sustos.

Las “operaciones” se realizan en solitario. El militante se arma con un martillo o una pica, aprende de memoria el teléfono de un abogado a quien contactar por si es atrapado, y se dirige al objetivo donde comienza por destruir las cámaras de vigilancia. Continúa así, con total impunidad y ante el horror de los testigos, destruyendo todo lo que tiene a su alcance, desde semáforos, iluminación pública, bancos y cestos de basura.  Y si se emociona, rompe también las vitrinas de los negocios, para terminar rápidamente perdido entre la multitud anónima.

La única forma que las autoridades tienen de combatir esta rebelión de nuevo estilo contra el sistema, es infiltrar agentes de paisano en las calles o los grupos anarquistas en sí. Lo demás es muy difícil, admiten. Ahora, a raíz de los atentados en París y Bruselas, en el horizonte viene la preocupación del terrorismo.

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