MIAMI— Suenan los disparos y las detonaciones de las bombas, caen destrozados los hogares cuidados por varias generaciones, y muchos se refugian en la fe para resistir esta prueba dolorosa e inhumana que es la guerra. Cada día en Ucrania religiosos y creyentes elevan rezos por la llegada, al fin, de la paz.
Religiosos en Ucrania: un mensaje de luz entre las balas
Pero las tropas rusas insisten en apropiarse de más y más terrenos; irrumpen en pueblos y ciudades con tanques de guerra y ese sonido metálico de la muerte que se quedará grabado para siempre en la memoria de los sobrevivientes.
“Lo que ningún monarca ha podido conseguir ni por la espada ni por el fuego, lo han logrado hacer los eclesiásticos sólo con la pluma”, escribió el filósofo Baruch Spinoza (1632-1677). En efecto, estos religiosos enfrentan el peligro junto a sus fieles y en muchas ocasiones ven sus iglesias sucumbir ante las bombas o los impactos de balas.
Pero eso no les frena cuando se trata de acompañar al pueblo en los rezos, confesiones, comuniones y otras actividades que realzan la fe en medio de la hostilidad. Son voces anónimas, hacen un trabajo de héroes y en este momento están atravesando un sinnúmero de dificultades para ayudar a otros.
Esa vocación se agradece a través de mensajes que circulan en las redes como una manera de enviarles apoyo espiritual en momentos de incertidumbre.
De ahí que el siguiente texto sea tan certero en sus planteamientos.
Las buenas obras en medio de la tragedia
Cuando un sacerdote o religioso hace algo malo los medios de comunicación ponen el tema en primer lugar, pero cuando hacen algo bueno guardan un silencio que da vergüenza.
¿A que no han visto esto en las noticias?
Que más de 6.000 sacerdotes y religios@s católicos se han quedado en Ucrania para dar refugio, comida, curar heridos, sostener espiritualmente y administrar Sacramentos.
Algunas personas han ido a confesarse por primera vez, para estar preparados para la muerte. Quieren, incluso, confesarse por teléfono; pero el sacerdote no puede hacerlo.
Algunos han ido a bautizarse antes de ir a la guerra y hacer su primera Comunión.
Miles han ido a refugiarse a los terrenos de los seminarios de dos ciudades; la Iglesia los acoge y les da de comer, sitio para dormir y asearse y apoyo espiritual.
Un proyectil alcanzó la residencia del obispo de Járkov pero nadie resultó herido y siguen allí preparando comidas para llevar a dos estaciones de metro cercanas.
En la diócesis de Kiev, la capital, los supermercados están vacíos; falta pan y agua; el obispo auxiliar se encarga de enviar lo necesario e, incluso, ayuda a cargar los vehículos con los que se distribuyen.
En un seminario se ha acogido a mujeres y niños, unos 160; y dos colegios católicos se han convertido en dormitorios. Los seminaristas y voluntarios los atienden.
No lo han visto porque estas noticias no se dan en los noticieros ni en los diarios.
Seamos nosotros los medios que informan a todos, recemos por los Obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos que están dando la vida por estos hermanos nuestros.
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