“Las fuerzas del mal siguen vivas y frente a ellas tenemos que demostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora, y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado”, han sido las palabras de Josep Borrell Fontellas, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, frente al pleno del Parlamento Europeo.
Rusia y aliados constituyen un peligro para la paz mundial y el orden internacional
Muchas veces afirmamos que la historia se repite, especialmente cuando percibimos ciertas coincidencias que se producen y que nos recuerdan algún acontecimiento del pasado. Muchas veces los valores nos los recuerda el enemigo a las bravas: a través de la guerra injustificada y el intento de arrasar una nación.
Vladímir Putin es el enemigo número uno de la humanidad, ya su canciller ha puesto sobre la mesa la posibilidad de una tercera guerra mundial, y el régimen cubano es uno de sus más fervientes aliados. Vivimos horas que pasarán a la historia de la humanidad. El continente europeo empieza a vivir, la primera, esa pesadilla que creía superada, una que comienza a extenderse y repercutir fuera de sus fronteras.
Vladimir Putin, emulando a Adolfo Hitler, ha utilizado su misma retórica, sus mismas tácticas y su misma visión apocalíptica para la solución final: invadir Ucrania bajo el pretexto de “proteger” a los rusos étnicos. Europa y las Américas no pueden olvidar que en el “eje de la agresión” se encuentran también Venezuela, Nicaragua y Cuba por el apoyo a la violación de la soberanía e integridad de otros Estados, por la ruptura de la Carta de las Naciones Unidas, por justificar los crímenes de guerra, por el ataque a la paz y estabilidad globales, así como por su participación activa en la guerra híbrida desplegada por Rusia a través de las herramientas y la maquinaria de la desinformación mundial.
Con este apoyo, las autocracias locales y el imperialismo ruso van indefectiblemente de la mano, formando una entente destructiva contra todos los valores civilizados, contra las libertades y contra las reglas de convivencia internacionales trabajosamente construidas después de la Segunda Guerra Mundial.
Para los cubanos es particularmente doloroso e instructivo que las autoridades de Cuba formen parte del “eje de la agresión”. Con este posicionamiento han desdibujado la historia del proceso de descolonización en África y Asia; han convalidado la actual condición de Puerto Rico, que le ha concitado tantas protestas; han relegitimado la Doctrina Monroe; han debilitado el orden internacional que, asentado en la igualdad de los Estados, sólo puede favorecer a las naciones pequeñas, y han violado, una vez más, su propio orden constitucional. Unas duras lecciones que esconden una amarga ironía.
Ahora mismo, cientos de cubanos y cubanas están en prisión o están siendo juzgados bajo reglas, principios y valores que el régimen cubano destruye en tiempo real.
Ante esta peligrosísima situación, le pedimos a la Unión Europea una reflexión sobre sus relaciones con Cuba y los procedimientos empleados. El Acuerdo de Diálogo y Cooperación entre la UE y Cuba no ha dado el resultado esperado y debe ser revisado.
Frente a la crisis, artificialmente creada, con profundas y terribles consecuencias para el pueblo ucraniano y para el mundo, el régimen ha demostrado quiénes son sus compañeros de viaje y cuáles son sus motivaciones. Debe ser duro para Ucrania haber felicitado el pasado 1ro de enero al gobierno cubano por el “Día de la Liberación”, un dato histórico incorrecto, y observar cómo este apoya su destrucción.
A última hora, las autoridades de la isla intentan rectificar con patéticas declaraciones de respeto al orden internacional y con llamados a la paz y al diálogo, gestos que solo logran profundizar su pérdida de credibilidad, la poca confiabilidad propia de todos los regímenes autocráticos y la falta de coraje que caracteriza al matonismo, nacional o internacional.
Con la invasión rusa de Ucrania comienza una nueva era, al decir del Canciller alemán Olaf Scholz. En el Consejo para la Transición Democrática en Cuba coincidimos con tal apreciación. Una de sus conclusiones posibles y necesarias es esta: se necesita un nuevo pensamiento estratégico para redefinir las relaciones entre las democracias y las autocracias. Estas últimas no son actores responsables en la comunidad internacional. Es por ello que desde la UE se debe de elevar el status de la oposición y la sociedad civil en Cuba. Estos deben pasar a ser interlocutores de primer orden de las conversaciones oficiales entre el conjunto de instituciones europeas y Cuba.
Nos alegra y tranquiliza la respuesta contundente y unívoca que ha dado la Unión Europea a este conflicto. Como han demostrado las y los ciudadanos cubanos, colapsando los teléfonos de la embajada ucraniana y manifestando en muchos casos su disposición de ir a combatir junto a los ucranianos, las mayorías en Cuba coinciden con la sociedad europea, identificando y distinguiendo correctamente a los agresores de los agredidos. Cuba no es la ínfima minoría que la domina.
Consejo para la Transición Democrática en Cuba
Marthadela Tamayo González, vicepresidenta Primera
Elena Larrinaga de Luis, secretaria, Relaciones Internacionales
Manuel Cuesta Morúa, vicepresidente
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