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ESPAñA

Socialistas en España buscan la expropiación forzada de viviendas al estilo Cuba

Las protestas en Madrid, organizadas por la ultraizquierda española, son otra maniobra del gobierno de Pedro Sánchez para desviar la atención del escándalo de José Luis Rodríguez Zapatero y su familia junto al propio Sánchez y su esposa

Por Jorge Ignacio Pérez

Mujer frente a mujer. Dos ancianas se preparan para representar una obra teatral improvisada y sin nombre, pero con un guión ya escrito durante años. La que permanece de pie sostiene mejor apariencia física, aunque no se atreve a tocar a la otra que va en silla de ruedas. Se llama Ana Belén, la famosa cantante y actriz española que, durante su larga carrera, puso a sus pies a millones de espectadores y ahora, ya retirada, busca nuevamente las cámaras sin necesidad aparente.

La otra anciana es Maricarmen Abascal, un ser anónimo cuyo desalojo de una vivienda de alquiler le ha dado la vuelta al mundo en imágenes. Ambas no se hubieran conocido de no ser por el desalojo, confeccionado al detalle por la Internacional Socialista que, moribunda, necesita oxígeno.

Alberti redivivo

La artista comienza a recitar una obra nada más y nada menos que de Rafael Alberti, el poeta comunista que, desde el exilio, regresó a España durante la transición para morir en su Andalucía natal a los 96 años, todo un lujo que los exiliados del comunismo no nos hemos podido permitir.

-¿Sabes cómo se llama el poema?, pregunta Ana Belén.

Maricarmen, de 87 años, guarda silencio. Aunque supiera el nombre del poema tendría que esperar a que la propia artista respondiera.

-"Desahucio"-, por fin dice Ana Belén, tras un silencio también pautado, que, en el libreto, corresponde al coro, o sea, al Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid.

La escena es patética. Maricarmen es una antigua funcionaria que ha disfrutado casi toda su vida de un apartamento alquilado en Retiro, uno de los barrios más deseados de la capital española.

Sus padres llegaron a ese apartamento en 1956, con una renta de las que luego se convirtieron en "antiguas" sin sufrir modificación. Pero a Maricarmen no le importa esa historia. Se ha unido a la dramaturgia que la sitúa como protagonista de una gran escena, donde comparte cartel con Ana Belén.

Ya puede morir en paz.

En el ojo del huracán de la noche a la mañana

A las pocas horas, la patética escena surte efecto. Más de un millar de personas, entre "antisistemas", "okupas" y sindicalistas, toman Puerta del Sol supuestamente en nombre de Maricarmen. Instalan carpas, llevan instrumentos musicales, slóganes comunistas y petacas de alcohol. El Ayuntamiento de Madrid cede y, junto con Urbagestión, la empresa familiar que compró el piso donde vivía Maricarmen, anuncian un acuerdo para que la anciana regrese a "su casa".

En medio del pulso, los dueños de Urbagestión y, por tanto, propietarios del apartamento, denuncian ciberacoso y el envió a sus oficinas de varias cajas con cucarachas. Eran tan anónimos como Maricarmen y se han visto en el ojo del huracán de la noche a la mañana. Entienden que no les conviene echar la pelea y permiten que Maricarmen regrese con las mismas condiciones que tenía: una renta ridícula y al menos ocho años sin que se la pueda despojar del techo de alquiler.

Aunque el desalojo se ejecutó tras un fallo del Tribunal Supremo a su favor, Urbagestión prefiere asumir la humillación a perder un piso, el único que tienen, situado en un barrio exclusivo.

El resultado da miedo. Ha sido el primer aviso y han visto hasta dónde pueden llegar "las masas" que los acusan, sin pruebas, de gestionar un fondo de inversión, con el terrorífico apelativo de "buitre".

Un suicidio que pasan por alto

Mientras tanto, el Ejecutivo que encabeza Pedro Sánchez, trabaja en unos decretos que pretenden controlar en lo adelante el stock de vivienda a nivel nacional, tanto de compra como de alquiler. Sánchez no ha sido capaz de poner en práctica lo que se debe hacer ante la altísima demanda de techo: liberar suelo público, quitar trabas burocráticas para construir apartamentos y dejar que el mercado se regule solo.

Sánchez ha visto un filón grandísimo en Maricarmen que no podía desaprovechar. Se trata de una anciana que daría lástima, a diferencia de Olga Matute, la mujer de 54 años y con dos hijas que, a principios de este mismo mes de septiembre, se quitó la vida tras un desahucio en Barcelona.

Quizá, tanto Ana Belén como Maricarmen, saben que lo que pasa en Cataluña no se puede tocar, para no molestar a los socios de gobierno de Sánchez. Llama la atención que, ni Ana Belén ni Maricarmen, mencionaran a Olga en aquella patética escena a pie de calle.

Guillén, el Alberti caribeño

A finales del año pasado, Ana Belén confesó al periodista Jordi Évole cuál fue el peor momento de su vida: "Fue una época jodida. Todo lo que ganamos lo perdimos", dijo sobre una empresa familiar construida junto con su marido, Víctor Manuel, que se dedicaba a producir audiovisuales.

Pero el sistema capitalista, ese que ella detesta, le permitió remontar en nuevos escenarios gracias a su talento.

La entrevista de la cadena La Sexta tiene lugar en una preciosa villa mediterránea, ajardinada y bien conservada, con un gusto digamos que "de época" que recalca el sentido minimalista de una estética, no de lo que hay detrás.

Ana Belén ya venía de regreso en esa entrevista. Había cruzado el Atlántico infinidad de veces para cantar los versos musicalizados de Nicolás Guillén, el Rafael Alberti caribeño, el poeta comunista y mulato que le sirvió a Castro de coartada durante muchísimos años. No es que me lo cuenten, es que la vi con mis propios ojos en los jardines de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en aquellos días "gloriosos", en los que la disidencia se pudría en las cárceles y no había internet para denunciarlo.

En un momento muy íntimo de la entrevista, Ana Belén dice a Jordi Évole: "A mí la izquierda nunca me ha quitado nada", y es cuando se nos paraliza el corazón. De rabia, claro.

cronistabnc@gmail.com

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