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MUNDO

Una ola de 70 metros irrumpe en la Biblioteca Vaticana: el arte que convierte el miedo en maravilla

La Biblioteca Apostólica Vaticana inaugura su primera exposición de arte contemporáneo con "AQVA. Catástrofe y Maravilla", explorando el simbolismo del agua y la fragilidad del conocimiento.

Por MARINELLYS TREMAMUNNO

Era temprano el lunes 14 de septiembre cuando los periodistas acreditados ante la Santa Sede fuimos convocados a la Sala de Prensa Vaticana para luego caminar hacia la Puerta de Santa Ana. Al cruzarla y llegar al patio del Palacio Apostólico, la sorpresa nos detuvo en seco: una ola colosal de 70 metros parecía a punto de tragarse la fachada renacentista de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Blanca y negra, imponente, congelada en el instante previo al impacto. Es Diluvium, la obra del artista francés JR.

Diario Las Américas estuvo en la anteprima de la exposición “AQVA. Catástrofe y Maravilla”, una muestra que abre sus puertas al público este 25 de septiembre y permanecerá hasta el 14 de mayo de 2027, con visitas los viernes y sábados previa reserva. Se trata de un hito histórico: por primera vez, la Biblioteca Apostólica Vaticana —una de las más antiguas e importantes del mundo— abre sus puertas a una exposición temporal de arte contemporáneo. Reunidos en torno al agua como símbolo de amenaza y maravilla, tres creadores de universos radicalmente distintos: JR, el artista urbano francés conocido por sus intervenciones monumentales en lugares imposibles; Bill Moran, tipógrafo estadounidense que transforma signos topográficos en criaturas marinas; y Fulvio Pierangelini, chef italiano que aborda la memoria acuática a través de relatos gastronómicos inéditos.

JR: del muro de México a los muros del Vaticano

JR no necesita presentación en América Latina. En 2017, este artista que trabaja siempre en el anonimato convirtió la frontera entre México y Estados Unidos en un lienzo descomunal: instaló la imagen de Kikito, un niño mexicano de un año y medio, en el muro fronterizo de Tecate, con una escala tan gigantesca que el pequeño parecía asomarse por encima de la barrera hacia el otro lado. La imagen dio la vuelta al mundo.

Casi una década después, JR entra en uno de los lugares más inaccesibles del planeta: la Biblioteca Apostólica Vaticana, fundada en 1475. El salto es enorme, pero el artista ve una continuidad precisa.

“El hecho de que el arte no tiene fronteras”, declaró en entrevista exclusiva para DLA durante la inauguración, “que estás aquí en la Biblioteca Vaticana y la onda gigante está pasando por un edificio, o este pequeño niño en la frontera entre México y Estados Unidos que está mirando a través del muro, es el mismo proceso. Son personas. Y el hecho de que el arte es más grande que las paredes. Y lo ves aquí, mira esta onda que va por encima del edificio”.

Y luego añadió: "El hecho de que esta onda puede resonar hasta México, un libro aquí tiene el mismo valor que un libro allí, y que la fragilidad de nuestra memoria de libros está en todos lados. Por eso creo que muchas bibliotecas alrededor del mundo resonarán con el miedo que puede tener la Biblioteca Vaticana de perder esta memoria”.

El agua como pánico y como posibilidad

Diluvium se inspira en las ilustraciones del Diluvio Universal que Gustave Doré creó para ediciones bíblicas del siglo XIX. JR la describe como “una escena cinematográfica congelada antes del impacto”, pero su mensaje va más allá del simbolismo religioso.

“Esta onda también habla de un diluvio que ya está pasando en el mundo”, explicó. “Lo hemos visto con Nepal, con el Tíbet, lo hemos visto también con las olas de calor: es algo que realmente ya está aquí. Cuando hay algo terrible que sucede, estamos un poco paralizados, y el arte está aquí para recrear esta perspectiva sobre algo que ya está entre nosotros”.

Ese punto de partida —el miedo— fue también el punto de partida curatorial de la muestra. Don Giacomo Cardinali, Vice Prefecto de la Biblioteca Vaticana, lo explicó con una honestidad poco común en el lenguaje institucional: “Hemos decidido compartir con los artistas un análisis de nuestros miedos: ¿qué nos asusta?, ¿qué nos hace temer? Empezamos con el agua. El agua para un bibliotecario es el pánico absoluto, porque no se controla y porque nadie la detiene”.

Pero el recorrido no se queda paralizado con el miedo. “Luego verán que entramos dentro de la onda”, señaló Cardinali, “y a medida que visiten la muestra, verán que entre libros y agua hay un camino positivo, hay puntos de contacto, hay inspiraciones y hay la posibilidad de tener relaciones positivas”.

Libros congelados y tipografía viva

El interior de la Biblioteca Vaticana depara sus propias sorpresas. Una de las piezas más impactantes de toda la exposición no es una obra de arte contemporáneo, sino un conjunto de libros del siglo XVII que en 2016 sufrieron daños por una inundación. Fueron congelados de inmediato para detener la proliferación de hongos, y desde entonces han atravesado un proceso de liofilización —sublimación directa del hielo al vapor— que los ha devuelto a la consulta sin alterar su forma original.

Ver esos volúmenes restaurados, con sus lomos centenarios intactos, es entender de qué habla realmente AQVA: de la fragilidad de lo que los humanos hemos construido para recordar, y del esfuerzo extraordinario que cuesta preservarlo.

Bill Moran, por su parte, transforma los signos tipográficos de los fondos históricos en bestiarios acuáticos, conectando la memoria impresa con el mundo natural. Pierangelini habla desde la mesa: sus relatos gastronómicos inéditos evocan el agua que da sabor, que transforma, que une culturas a través de la cocina. Y en la Sala Barberini, la instalación de video de JR completa el recorrido con imágenes que sumergen al visitante dentro de la onda.

Una primera vez que abre puertas

Don Giacomo Cardinali guía a los periodistas a través de una imprenta tipográfica francesa de principios del siglo XIX, conservada en la Biblioteca, que alberga matrices para el siríaco y el bramánico —herramientas que en 1771 permitieron imprimir textos en lenguas orientales. “Explicamos, sobre todo a las generaciones más jóvenes, cómo funciona la imprenta de caracteres móviles”, dijo, “porque ahora, con el digital, todos piensan que no se necesita nada para escribir”.

Esa tensión entre lo analógico y lo digital, entre la memoria material y la inmaterialidad creciente, atraviesa toda la exposición. El agua no es solo una amenaza climática: es también metáfora de la inteligencia artificial absorbiendo conocimiento, del flujo de datos que disuelve fronteras, pero también puede erosionar identidades.

AQVA. Catástrofe y Maravilla llegó para recordarnos que los libros se mojan, que las olas no piden permiso y que el arte, a veces, es lo único que logra congelar el momento justo antes del impacto para que podamos, por fin, mirarlo de frente.

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