Desde el principio de los tiempos las sociedades han tenido una idea fija de lo que debe ser la masculinidad. Todos crecimos escuchando frases como “los hombres no lloran y deben ser fuertes”, “un varón debe proveer a su familia”, “los machos son valientes”, etc. El resultado son generaciones enteras de hombres que han tenido que reprimir sus sentimientos, miedos y traumas, transformándose en una suerte de analfabetas emocionales con grandes problemas para enfrentarse a su lado más vulnerable. Si estas ideas preconcebidas las llevamos a los soldados y su labor en el campo de batalla, las cosas se complican todavía más. Verbigracia, la tasa de depresión y suicidio en los veteranos de guerra es sumamente alta y esto, lejos de asumirse como una consecuencia natural de ir al campo de batalla, debería ser un llamado de atención sobre todos como sociedad. Es este tema el que explora Nicole Mejia en su ópera prima A Place in the Field, un drama intimista donde un soldado se enfrenta a sus recuerdos y a su mundo emocional estancado.
A Place in the Field: la perenne guerra con los fantasmas del dolor
En tiempos tan convulsos como los que vivimos y donde la guerra está a la orden del día, A Place in the Field pone el foco en una verdad que muchas veces ignoramos
La película nos cuenta la historia de Gio (Don DiPetta), un veterano que vive casi aislado de la civilización en una casita en el medio del bosque. En las pocas interacciones que tiene con sus vecinos y compañeros se muestra como alguien amable, pero parco. Su novia Jessica (Mishel Prada) lo visita constantemente para cerciorarse que todo esté bien con él, pero podemos ver como Gio tiene una especie de pared que no le permite abrirse del todo con ella. Gracias a una serie de secuencias oníricas descubrimos que nuestro protagonista, psíquicamente hablando, sigue en el campo de batalla y pareciera cada día alejarse más y más de todos. Las cosas se complican para Gio cuando un día recibe un misterioso paquete con las cenizas de un antiguo compañero de armas y una carta donde le pide que, por favor, cumpla su última voluntad de esparcirlas en un lugar especial. Esto hace que Gio, a regañadientes, deba emprender un viaje donde se conseguirá con una serie de personajes que lo harán enfrentarse a su propio dolor de forma indireccional, invitándolo a sanar sus heridas del pasado.
Escrita por Bluesmon del Vecchio, Don DiPetta y Khorri Ellis, A Place in the Field es una historia profundamente humana y sutil donde el subtexto es la piedra angular que sostiene cada escena. Posiblemente por la formación de DiPetta y Ellis como actores y guionistas, todo el conflicto de la historia se desarrolla a través de la capacidad de los personajes de expresar con pequeños gestos, acciones y fragmentos de diálogos la complejidad de su mundo interior (dejando en entrelíneas la evolución de los procesos que viven). Apoyándose en encuentros puntuales con personajes secundarios y algunas escenas oníricas, los guionistas logran desarrollar la trama como una suerte de espejo donde Gio podrá proyectar sus traumas y reconocer su necesidad de conectar con otros para darse cuenta que, a pesar de su ostracismo, no está solo en el mundo. Si bien es cierto que la estructura de la historia es la de una típica road movie (donde el protagonista hace un viaje consiguiéndose de manera fortuita con personas que lo ayudarán a transformarse), DiPetta y Ellis evitan caer en los tropos de este subgénero (como situaciones enrevesadas, conflictos imprevistos o desvíos caprichosos) enfocándose en todo momento en el proceso de Gio y haciendo que cada parada en el viaje sirva para su evolución.
Nicole Mejia brilla en la dirección, moviéndose entre la sobriedad de los paisajes naturales y las secuencias de realismo mágico sin que un registro vaya en detrimento del otro. Gracias a su carrera como actriz y su experiencia como directora de teatro, se apoya por completo en las interpretaciones de los actores, dejando que estos exploren de múltiples formas a los personajes que encarnan de manera orgánica (a veces a través de acciones, otras dejando que la cámara los retrate mientras están observando el paisaje de forma meditabunda). De la mano con la cinematografía de Kadri Koop, la dirección transforma al paisaje en un personaje más que nos acerca a todo lo que siente Gio. Esto le da a Koop rienda suelta para trabajar con todo tipo de atmósferas para transmitir diferentes estados anímicos (desplegando un amplio registro que abarca día soleados, paisajes nublados y ominosos, noches iluminadas solo por fogatas, puestas de sol, interiores con altos contrastes, etc). Por momentos, la propuesta visual nos recuerda a títulos como Into the Wild, Nomadland o Wild, pero mantiene en todo momento su personalidad. A pesar de tener locaciones increíbles y cuadros maravillosos, nunca cae en la trampa del mero deleite estético olvidándose de lo que realmente importa (el viaje del protagonista). Esta propuesta se adhiere a la perfección al montaje sintético (basado en valores de planos abiertos y de larga duración) de Mario Fierro y Colton Warren. Gracias a esta dupla A Place in the Field se transforma en una experiencia contemplativa en la que nos sumergimos adaptándonos al ritmo de la psique de Gio (sea durante su viaje, los flashbacks o secuencias oníricas) sin perdernos demasiado en el paisaje.
Sin bien es cierto que todos los personajes que van apareciendo en la película brillan por su espontaneidad, la dupla de Don DiPetta y Khorri Ellis funciona como un faro que guía todo este viaje de transformación. Por un lado, DiPetta con su mirada compungida y expresión parca nos deja ver con pequeños detalles todo el dolor, rabia y frustración acumulada con la que va cargando (haciendo que sus escasos diálogos queden casi en un segundo nivel). Como contra peso, Ellis expresa con mayor soltura lo que siente, funcionando como una especie de pivote que confronta a su compañero con las emociones que reprime, sirviendo al final como un apoyo que permite ir abriendo progresivamente la válvula de escape que parece contener al personaje de Gio (y pareciera que en cualquier momento puede explotar). Detrás de la interpretación de ambos se puede ver la mano de Mejia como directora de teatro y la de ellos como guionistas para acercarse a la historia como una suerte de estudio de personaje.
A Place in the Field es mucho más que una película sobre un veterano de guerra que intenta lidiar con su dolor, es una historia que nos recuerda constantemente la importancia de expresar nuestras emociones y la oportunidad que reside en cada conexión que hacemos con otros para poder sanarnos. A través de sus silencios, paisajes imponentes, secuencias oníricas, espectros y miradas, nos invita a reflexionar y conseguir nuestro propio tempo en el largo viaje de reconocer nuestra vulnerabilidad, abrazarla, perdonar y sanar. En tiempos tan convulsos como los que vivimos y donde la guerra está a la orden del día, A Place in the Field pone el foco en una verdad que muchas veces ignoramos: en todo conflicto bélico, independientemente del bando que se crea ganador, lo único que siempre obtendremos serán heridas con las que tendremos que lidiar el resto de nuestra vida. Lesiones que ni el más avezados de los soldados está preparado para atender y que puede terminar sumergiéndolo a él —y a sus seres queridos— en el conflicto más encarnizado que cualquier humano puede vivir. Se requiere verdadero valor para ser sensible, zambullirse en las aguas del inconsciente, y atravesar la noche oscura del alma… pero solo sanando nuestros traumas podremos recuperar la paz que todos anhelamos.
Lo mejor: las actuaciones de Don DiPetta y Khorri Ellis. La sutileza y minimalismo en la dirección de Nicole Mejia. La cinematografía naturalista de Kadri Koop. La reflexión que plantea alrededor del trauma y la necesidad de expresar nuestras emociones.
Lo malo: el trailer revela demasiada información que en la película se va descubriendo de forma progresiva. Hay algunos momentos donde los diálogos sobran y le restan poder a la imagen. Aunque su final es emotivo, la despedida de Gio y Herbert es un poco anticlimática.
Sobre el autor:
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor universitario. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ). Su formación en cine se ha complementado con estudios en psicología analítica profunda y simbología.
Twitter (X), Instagram: @luisbond009
Web: www.luisbond.com
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