Con la irrupción de Juan Guaidó en la escena política venezolana, a partir del pasado mes de enero, renació en la ciudadanía la esperanza de recuperar su libertad y la democracia, usurpadas por el régimen.

En muy poco tiempo, el joven diputado que asumió la presidencia de la Asamblea Nacional y a los pocos días, por mandato constitucional, la presidencia encargada de la República de Venezuela, sacudió las fibras de una sociedad cansada y desilusionada del liderazgo político nacional.

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Como si se tratara de un mantra, Guaidó propuso una narrativa política expresada de manera llana y sencilla en tres puntos con un orden específico, que fue aceptada e internalizada por la gran mayoría de la población venezolana.

Los puntos propuestos, cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, resonaron con la fuerza de un tsunami en una población desesperada por un cambio político.

Ahora bien, vale la pena detenernos un instante en esta última consideración, “cambio político”, para dejar claro que lo que la población venezolana desea y necesita no es cualquier cambio político, no es el cambio de unos gobernantes por otros gobernantes, ni tampoco es el cambio de los gobernantes de un partido político por los de otro u otros partidos políticos. El asunto es más profundo.

El cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres, aunque necesarios, no son objetivos en sí mismos, sino medios para lograr los objetivos de la ciudadanía venezolana.

Obviamente que, para todos los miembros de las organizaciones políticas, su vocación al poder es natural o consustancial con su misma afiliación partidista y así debe ser.

En dicho sentido, para los partidos políticos y sus militantes, medirse en elecciones libres es uno de sus objetivos principales. Pero para la sociedad, las elecciones no son sino un medio para el logro de sus objetivos.

Sí la sociedad venezolana tiene algún objetivo claro, luego de dos décadas de dictadura y tiranía, ha de ser la recuperación y el mantenimiento de la libertad y la democracia.

En cuanto a la recuperación de la libertad y la democracia, todos los venezolanos de bien esperamos obtenerlas en el más breve plazo y con el menor derramamiento de sangre posible, ciertamente, mediante el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres.

Sin embargo, para el mantenimiento de esa libertad y esa democracia recuperada hacia el futuro, los pasos anteriores, aunque necesarios, no son suficientes.

Los acuerdos indispensables para lograr la cohesión social que permita la estabilidad y la gobernabilidad en el próximo capítulo republicano de Venezuela son de tal profundidad, que la única manera de lograrlos es mediante la negociación, sin complejos, de un nuevo pacto social.

Para garantizar una victoria contundente y duradera ante el régimen que fenece, el camino hasta ahora trazado por los políticos demócratas venezolanos, liderados por el presidente encargado Juan Guaidó, necesita urgentemente alinearse con los objetivos de la ciudadanía.

“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.” Antonio Machado (1875-1939) Poeta español.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

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