Aplausos y patrañas
El canciller cubano Bruno Rodríguez fue vitoreado por un sector del exilio que abrazó con optimismo cuatro medidas migratorias que algún interés deben tener para el régimen de Raúl Castro, que nunca da un paso basado en el altruismo

El canciller cubano Bruno Rodríguez visitó Washington y regresó a la isla caribeña con la satisfacción de recibir aplausos en el mismo país a cuyo gobierno siempre ha señalado el castrismo de un “bloqueo” comercial opresivo, que no es otra cosa que un embargo en respuesta a las acciones arbitrarias de la dictadura en contra de propiedades de estadounidenses en la nación insular.

Rodríguez fue vitoreado por un sector del exilio que abrazó con optimismo cuatro medidas migratorias que algún interés deben tener para el régimen de Raúl Castro, que nunca da un paso basado en el altruismo, sino, más bien, buscando un lucro para las élites que detentan el verdadero poder en la Mayor de las Antillas.

Los aplausos que ganó el canciller por unos cambios que entrarán en vigor a partir del 1 de enero no son una patente para echarle tierra en un santiamén a todo un compendio de normas que terminó convirtiendo en hombres y mujeres sin patria a miles de cubanos que han hecho suyos los terruños que les abrieron las puertas.

Todavía falta mucho camino por recorrer. La dictadura no está haciéndole ningún favor a nadie reconociendo un derecho aceptado internacionalmente para que los ciudadanos de un país puedan viajar y regresar al lugar donde nacieron cuando así lo deseen.

Este es el momento propicio para preguntarse qué pasará con todos aquellos médicos y deportistas que “desertaron” en busca de emancipación, y contra quienes pesan sanciones de hasta ocho años sin poder regresar a Cuba.

También es válido saber si los opositores en el exilio, especialmente los de Miami, que el régimen ha rotulado peyorativamente como “gusanos y mafiosos”, podrán recorrer el Malecón, hablar de libertad, pedir elecciones libres, justas, democráticas. ¿Podrán ver ellos un nuevo amanecer en una Cuba en donde se respete la diversidad de pensamiento?

Si la respuesta es no, como es apenas obvio, estamos frente a una serie de medidas inocuas y con un tinte populista, que quedarán en la mente de muchos como el instante en que Cuba fue aplaudida en Washington. Nada más.