Armando el rompecabezas
Cabe decir, en buena lid, que todas las armas constitucionales esgrimidas por las partes y partidarios de nuestra democracia son legítimas
Por lo pronto y entre ntanto la miríada de focos ndel movimiento opositor nlogra escamotear su unidad nnecesaria; pero cabe ndecir que, por lo pronto ny entre tanto es bueno nque los responsables de nla destrucción nacional, nel triunvirato Maduro, nCabello y Ramírez, se cocinen nen su propia salsa. nY que el ojo colectivo no nse distraiga y aprecie, en nsu justa dimensión, la naturaleza ndel régimen, desnudo ncomo nunca antes, y nen lo adelante susceptible nde una síntesis cabal: Narco- nSocialismo del siglo nXXI. Vale dejar atrás las nexquisiteces de nuestra nciencia política, ocupada nde saber si vivimos o no nbajo un autoritarismo ncompetitivo o en una dictadura nelecta. n
Aún hoy, a la intemperie ny al descampado como se nencuentra el país, hecho nhilachas por todas partes n- como cabe reconocerlo nsin abrumarse - los opositores, nen sus agónicas ny meritorias luchas de ntrinchera confrontan y se nseparan haciendo de lo ninstrumental dogmas de nfe, puntos de honor, pues nunos no entienden que es nhistoria la realidad partidaria nde nuestro siglo XX, ny los otros, afanados por nlas coordenadas distintas ndel siglo corriente, olvidan nque asimismo cunde nel desarraigo en los pueblos nque le dan la espalda na sus raíces constitutivas. n
Cabe decir, en buena lid, nque todas las armas constitucionales nesgrimidas por nlas partes y partidarios de nnuestra democracia son nlegítimas. Es un error demonizarlas. n
Pero esas partes y partidarios nhan de comprender nque, más allá de sus cuarteles nde lucha o trincheras, nhay un campo de batalla nque reclama ser visualizado nen su conjunto, desde nun Estado Mayor, con larga- nvistas a la mano, apuntalado nen lo que ata a los ndiferentes. n
He insistido y seguiré nmachacando sobre la nimportancia de entender nla realidad cabal que nnos rodea y desmorona ncomo pueblo, sin matizarla no falsearla, conjurando nel riesgo de nuestra ntotal fragmentación. He nrepetido, siguiendo los nconsejos de Jorge Mario nBergoglio, hoy Papa Francisco, nque por mediar un ndesarraigo monumental nentre nosotros los venezolanos, nurge un alto para nmirar hacia atrás y hacerlo ncon espíritu crítico, si naspiramos a reencontrar n- como Dante - el camino nperdido, descubriendo lo nque nos identifica, cabe nrepetirlo, en la diversidad nde lo que somos. n
Se requiere de humildad, nsobre todo de coraje npara avanzar hacia el nfuturo, apalancados en nlo que nos otorga identidad, npues cuando se npierde el coraje se apela na lo providencial, se nacepta el sometimiento, ny se le da cabida a los nprogramas de supervivencia nen defecto de una nUtopía compartida. n
Nuestra historia es el npatio en donde aún se debaten ndos opciones para nentender al país y dibujarlo: nla del u201cgendarme nnecesario u201d o el traficante nde ilusiones - de gorra nmilitar o con gorra de npelotero - que exacerba nel Mito de El Dorado - al npetróleo - o nos lee una nproclama épica a fin de nretrasar nuestra emancipación nsocial y política; no la de la restauración ncivil y democrática, ndonde el piso son nuestras ncreencias compartidas ny debatidas, donde ntodos, con nuestras parcialidades ny tareas propias, narmónicamente, npodamos ensamblamos nen la lucha por instalar nla democracia allí donde nnos falta, para regar a la ndemocracia en los espacios nen los que prende, y ncuidar de la democracia npara que no desfallezca ndonde echa raíces.
* Exjuez de la Corte Interamericana nde Derechos Humanos
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