Me decía el psiquiatra venezolano Luis José Uzcátegui algo tan sencillamente profundo… Algo que de elemental debería ser comprendido por todos… Me decía que “los problemas gigantescos que afectan a Venezuela no pueden resolverse desde el mismo nivel de pensamiento que los creo” Pero, ¿De esos que los crearon es que estamos esperando soluciones?

Así, ya en vísperas de esta terrible y abatida Navidad, solo se ve hambre en cada calle de ciudades y pueblos de la geografía venezolana, muerte como portero solícito en cada uno de los hospitales, hoy simples morideros donde acuden niños y adultos a sucumbir de mengua.

Algo tan primario que aunque muchos culpables, cómplices y obtusos pretendan esconder, la realidad está allí... Y esa realidad es que la Navidad no existe en nuestro país arrasado, ensangrentado y doliente. Venezuela es un ¡Ayayay! lastimero, una tierra de seres irrespetados tanto por el narcorégimen como por un canallesco liderazgo opositor…

En esta aflicción convertida en país, en este dolor que no cesa y por el contrario se agranda, se agudiza, en plenos días decembrinos donde los cristianos celebran el nacimiento del Niño Dios, en esta guarida de malvados en el Poder, no olvidemos que se le arrebató a 130 inocentes su derecho a viajar a Perú y allá vivir con alegría junto a sus padres desterrados por pensar distinto, por desear democracia, por querer dignidad, esta festividad que aquí es ya un recuerdo borroso.

Y para decir la terrible tragedia que significa vivir donde se detuvo el tiempo y nada cambia, solo se empeora, les compartiré parte de un artículo que escribí el año 2007, o sea hace 10 años y que titulé en los espacios de El Universal de Caracas: ¡Quisiera!

Igual vuelvo a decir que a horas para la Navidad quisiera escribir sobre los sentimientos bonitos que antes privaban por este tiempo… Copio textual, porque nada ha cambiado y sí que ha empeorado a niveles de catástrofe “Que quisiera dedicar mis afanes a las festividades familiares, a esa gratificante costumbre de regalar, de intercambiar, de engalanar las casas y en ellas cocinar para los amigos, para la gente querida, para aquellos que deliciosamente obsequiosos nos inducen a la reciprocidad, quisiera… Pero las ilusiones no borran la realidad que sabemos es alarmante y aunque casi como terapia obligada tratemos de hacer un alto y dedicarnos a santificar y celebrar las fiestas decembrinas, los motivos de angustia siguen aquí porque Venezuela atraviesa tiempos trágicos impuestos por mentes ganadas para el odio, para la imposición cuartelaria, para la ambición obscena e inaceptable.”

Y repito estas palabras de hace 10 años: “Quisiera no tener que escribir sobre mi repulsa por quien pretende desconocer la voluntad de la mayoría y vuelve con la cantaleta de hacerse parapetos constitucionales a la medida de sus abyectos planes de eternidad. Quisiera no tener que llamar cínico a quien intenta convencernos de que los pillos, tracaleros y afines que a la sombra de una revolución de pacotilla han amasado inmensas fortunas son inocentes ciudadanos a los que el “Cruel” Imperio utiliza para frenar el avance de un Mesías rechoncho, acostumbrado él y su camarilla al “Quítate tú pa’ ponerme yo”. Quisiera no tener que escribir sobre quien nos ha secuestrado el país, quien persigue y encarcela toda disidencia, quien se apropia el patrimonio de generaciones enteras. Quisiera que esto fuera un mal sueño, pero como no lo es le pido a Dios nos paguen tanto daño, tanto horror, tanta amoralidad empoderada. Y a diferencia de los necios que andan mendigando reconciliación a quienes sólo conocen el odio y la violencia, con honestidad digo que a los que nos niegan la paz quisiera que los parta un rayo, porque yo no abrazo a quien me patea la esperanza y me robar mi libertad.”

Repito igualmente otro párrafo que hace 13 años, cuando era columnista de El Nuevo Herald de Miami, escribí y lo repito hoy porque en Venezuela el mal no desaparece, el mal se agudiza… Allí textual también dije en uno de sus párrafos: “Crónica de un país democrático iniciando una pesadilla castrocomunista, un proyecto destinado a esclavizar, a silenciar a hombres y mujeres. Hoy la libertad y la pluralidad, se juntan en la misma fosa que guarda los cuerpos sin vida de las víctimas de una tiranía”.

En Venezuela junto con los medicamentos, con la comida, con la libertad desaparecieron los villancicos, y el eco de una realidad pavorosa lo que devuelve son llanto y música de réquiem. ¡Ayayay! que brota del profundo dolor.

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual / http://www.gentiuno.com/

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