El régimen chavista se ha caracterizado por sus llamados al diálogo cada vez que siente que el agua le llega al cuello. La ciudadanía venezolana ya da por descontado que cada vez que la dictadura se compromete, incumple.

Inmediatamente luego de su renuncia y de su regreso al poder el 13 de abril del 2002, con crucifijo en mano Chávez convocó al diálogo buscando aplacar los ánimos, pero a los pocos días continuó con la aplicación de los 49 decretos-leyes aprobados vía ley habilitante, causantes de la crisis y que concentraban mayor poder en el ejecutivo, en detrimento de las libertades y derechos ciudadanos.

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También en el 2002 y bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos, se creó el llamado Grupo de Boston, conformado por representantes del chavismo y de la oposición, así como por algunos congresistas norteamericanos, sin resultados.

Luego de las crisis suscitadas en los años 2014, 2016 y 2017, el régimen apeló a la convocatoria al diálogo, a cuyo efecto incorporó como mediadores, promotores o buenos componedores a grupos de países amigos (siempre izquierdistas), a la iglesia católica y a expresidentes (también izquierdistas) con el deliberado propósito de calmar la calle y luego, también deliberadamente, incumplir sus compromisos.

Durante la crisis que inició en febrero del presente año y vistos los reiterados incumplimientos del régimen chavista a los compromisos asumidos en cada mesa de diálogo, ya nadie quiere dialogar con ellos.

Por una parte, Juan Guaidó declaró que la Asamblea Nacional no participaría en el diálogo con el régimen, mientras que la Casa Blanca rechazó cualquier mediación de diálogo que mantenga a Maduro en el poder.

Incluso el Papa Francisco, ante un pedido de mediación de Maduro, el 7 de febrero le remite una carta en la que le recuerda que los acuerdos de negociaciones anteriores, relativos a la apertura de un canal humanitario, la convocatoria a elecciones libres, la libertad de presos políticos y el restablecimiento de la Asamblea Nacional, no se han cumplido.

Frente a este estado de cosas y a la patología de la mentira que define a la tiranía, los ciudadanos debemos analizar lo sucedido el pasado 30 de abril con cabeza fría y mucha sensatez.

Los venezolanos de bien hemos pagado un altísimo costo en sangre, sudor y lágrimas para lograr que el dictador Maduro abandone la Presidencia que usurpa, estamos de acuerdo con el la Ley de Amnistía aprobada por la Asamblea Nacional, e incluso, a regañadientes, aceptaríamos que los delincuentes que controlan el poder y que tanto daño nos han causado se les permita irse con sus familias al país de su preferencia que desee recibirles, pero lo que no se nos puede pedir es que aceptemos una cohabitación con la caterva de malandros que conforman la dictadura.

Ello sería, no solamente intolerable para quienes hemos sido víctimas de este inescrupuloso, sangriento y malvado régimen, sino que además sería un craso, ingenuo y fatal error político de las fuerzas democráticas.

Ya hemos visto como incumplen deliberadamente cada compromiso que asumen, por lo que lo más probable es que los vuelvan a hacer.

Hasta tanto no podamos contar con verdaderos órganos de administración de justicia, la inocencia de los miembros del alto mando militar, de los ocupantes de puestos de mando de los órganos de inteligencia o de la policía nacional, así como de cualquier persona que ocupe un cargo de poder en los poderes Ejecutivo, Judicial, Electoral o Moral Republicano, en el Banco Central de Venezuela o en los Institutos Autónomos o en las Empresas del Estado estará entredicha.

El tantas veces mencionado acuerdo de 15 puntos, del que Maduro al parecer no estaba enterado, podría haber contenido una cohabitación con miembros del alto mando militar, del TSJ ilegítimo, de los órganos de inteligencia, de uno que otro rector de CNE y quien sabe que otro representante de la dictadura.

De haber sido así, lección para el equipo de Guaidó pues estaba cantado que lo incumplirían y bendito sea su fracaso, ya que cuando logremos la salida de quienes hoy mantienen la usurpación y el sometimiento a la justicia del resto de los delincuentes de la tiranía, entonces terminará siendo mucho mejor que lo que hubiéramos tenido que enfrentar con el maldito éxito de ese acuerdo.

juanriquezes@gmail.com

@juanriquezes

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